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ABC VIERNES 7 s 3 s 2008 Tribuna Abierta AGENDA 65 Carmen Álvarez- Arenas Cisneros Candidata al Congreso de los Diputados por Madrid 1808, 1908, 2008 MUJERES DE AYER Y DE HOY N la Copenhague de 1910, va para un siglo, se decidió conmemorar el 8 de marzo como el Día de la Mujer Trabajadora, recordando a las mujeres trabajadoras de una fábrica de Nueva York que en 1908, justo hace cien años, se encerraron para reivindicar sus derechos laborales, y murieron en un incendio. Mucho ha cambiado nuestra situación desde entonces, sería injusto ignorarlo, sobre todo en Occidente. Con algunas cuestiones lacerantes aún pendientes, como la igualdad en el empleo y, por ende, en los salarios y en la conciliación y reparto de las tareas domésticas, hemos conseguido significadas cotas de igualdad, de libertad y de derechos legal y socialmente reconocidos. No han vivido la misma evolución las mujeres de otras culturas que aún continúan sufriendo la opresión de género y los más crueles atentados contra su libertad, como es la mutilación genital. Pero este 8 de marzo de 2008 nos lleva a recordar, además, la actitud valiente, decidida, abnegada y patriótica de las mujeres que participaron en los acontecimientos que, al inicio de nuestra Guerra de la Independencia, se produjeron en Madrid el Dos de Mayo de 1808 y pronto tuvieron como escenario toda la geografía española hasta 1814. En medio, la gran conquista de nuestra soberanía nacional en la Constitución gaditana de 1812, inicio de nuestra historia constitucional que desembocaría en la Carta Magna de 1978 y la recuperación de la democracia en España. Pero al igual que hoy hay mujeres anónimas, que son parte muy importante en todas las esferas de la sociedad, también en aquel Dos de Mayo de 1808, y a lo largo de toda la Guerra de la Independencia, hubo mujeres anónimas, niñas muchas de ellas, que contribuyeron a esa gran hazaña para conquistar la libertad de su patria E más de un ejemplo, un elemento fundamental en la propaganda bélica, que sirve para cohesionar y movilizar a los voluntarios. Son mujeres en algunos casos conocidas, incluso famosas, y en otros casos anónimas, pero cuya impronta en la resistencia nacional fue enorme. cia supone que se trastoque el papel de la mujer que en el Antiguo Régimen no pasaba del ámbito doméstico. Con la toma de conciencia nacional de 1808, la mujer sale a la calle, la ocupa, se hace protagonista indispensable de aquella aventura nacional y es sujeto activo del movimiento patriótico. El cónsul de Rusia en Málaga, Bichilly, resalta en sus Memorias la enorme influencia de las mujeres en el levantamiento de 1808, ante la apatía de los sectores dirigentes de la sociedad. La mujer aparece, acaso por primera vez en nuestra Historia, como un símbolo de la lucha. Son numerosas las heroínas en los pueblos y ciudades de España, y su protagonismo en las guerrillas, el sistema más eficaz en la lucha contra el invasor, resulta relevante. Ellas son, ade- LaGuerradelaIndependen- nocidas, relevantes en las guerrillas locales: María Catalina, oficial en la partida de su marido, el guerrillero Caracol; Susana Claretona, que compartía con su marido, Francisco Felonch, el mando de los voluntarios de Capellades; Catalina Martín, valiente hasta la temeridad en la acción de Valverde de Leganés, en febrero de 1810; Martina La Vizcaína; Francisca de Ipiñazar o Doménica Ruiz. Y entre las que se batieron en jornadas que han pasado a las páginas de la Historia en letras de oro: Agustina Zaragoza, valiente defensora de la puerta del Portillo, María de la Consolación Azlor, condesa de Bureta, también heroína en el primer sitio de Zaragoza; Clara del Rey y Manuela Malasaña, en el Dos de Mayo madrileño; María Bellido, en Bailén; Juana Galana, en Valdepeñas, Francisca Ortigas La Capitana, en el sitio de Gerona... Y en Gerona se hizo famosa la compañía de doscientas mujeres que municionaron a los combatientes y retiraron a los heridos durante el asedio, dejándose la vida muchas de ellas en su arriesgado menester. En el Dos de Mayo en Madrid es justo recordar a Manuela Malasaña y a Clara del Rey. Manuela Malasaña, joven de 15 años, ayudaba a su padre en Entrelasheroínasmenosco- la lucha llevándole cartuchos al Parque. Según el expediente de víctimas del Archivo Municipal de Madrid, Manuela fue fusilada por los franceses a la puerta del Parque de Monteleón. Clara del Rey tenía 47 años y era natural de Villalón. Desde el comienzo de la revuelta exhortó a su marido y a sus tres hijos a tomar parte en los combates ayudando a los heroícos artilleros españoles. No se apartó ni un momento de los cañones y, apoyando a sus hijos, recibió una herida en la frente que le causó la muerte. de las heroínas que han recibido reconocimientos, y a las que se han dedicado calles y homenajes, hubo otras muchas mujeres anónimas, temerarias y abnegadas, en la jornada del Dos de Mayo en Madrid. La Historia anota 57 muertas y 22 heridas. Desde una niña de 9 años, Clara Michel y Cacervi a una anciana de 73, Francisca Moreno. Entre ellas, la joven de 16 años Catalina Pajares de Carnicero, y la madre de familia de 36 años Ángela Villalpando. Muchas mujeres murieron en los balcones de sus casas, alcanzadas por las balas de los franceses cuando vertían aceite hirviendo o lanzaban planchas y otros objetos contra los invasores. Pero hoy, como ayer, la inmensa mayoría de las mujeres no son famosas. No están en los grandes consejos de administración, ni son ministras, ni militares de alta graduación, ni magistrados. Son mujeres anónimas que quieren vivir su libertad, sus derechos en igualdad, organizar sus vidas conforme a sus priorida- des, sus valores, sus necesidades y sus responsabilidades. Hay también, todavía, mujeres que sobreviven con una ínfima pensión porque no tuvieron una igualdad de oportunidades en su formación; viudas que injustamente cobran una pensión un 60 por ciento menor de la que percibían cuando vivía su pareja, sin que sus gastos se hayan rebajado en ese porcentaje. Recordarlo es lacerante. Son mujeres que no pasan a la Historia, pero que desde sus vidas, sus quehaceres y sus carencias escriben la historia de cada día. Y las debemos recordar cuando reivindicamos los derechos de la mujer cada 8 de marzo. Porque siguen siendo muchas las mujeres que todavía asumen la mayor parte- -cuando no toda- -la carga de trabajo en el hogar, la responsabilidad del cuidado de sus hijos, y lo comparten con el trabajo profesional. Son las mujeres las que sufren, en su inmensa mayoría, unos horarios laborales irracionales que no permiten una correcta conciliación de la vida personal, familiar y profesional. Hayaún, portanto, unnofá- Además cil camino por recorrer que sin duda debemos abordar con la misma fortaleza y decisión que las mujeres hemos puesto para conquistar nuestra libertad y nuestros derechos. Sí, soy sabia, pero es una sabiduría cargada de dolor. Sí, he pagado el precio, pero mira cuánto he ganado. Soy sabia, soy invencible, soy una mujer (Hedlen Reddy, 1941, de la canción I am woman) Pero al igual que hoy hay mujeres anónimas, que son parte muy importante en todas las esferas de la sociedad, también en aquel Dos de Mayo de 1808, y a lo largo de toda la Guerra de la Independencia, hubo mujeres anónimas, niñas muchas de ellas, que contribuyeron a esa gran hazaña para conquistar la libertad de su patria y comenzar una andadura como nación libre y como pueblo soberano, ya en la senda constitucional, que era y es la senda de la libertad. He querido recordar en este 8 de marzo, junto a aquellas trabajadoras de Nueva York en 1908, hace ahora cien años, a las heroínas de nuestra independencia de 1808, hace ahora doscientos años, y a tantas y tantas mujeres que antes y ahora, desde el anonimato, han contribuido con su condición de mujer a construir una sociedad más justa, más libre y más igual. Y sin olvidar la acertada reflexión de Eleanor Roosevelt: Nadie logrará que te sientas inferior si no se lo consientes Hoy las mujeres del mundo no lo consentimos.