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ABC VIERNES 7 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA UN PACTO CONTRA EL NACIONALISMO E las pocas certezas que cabe colegir de unas encuestas en las que nadie tiene la confianza necesaria, hay dos que bien podrían servir para sentar las bases de una nueva política, gane quien gane, a partir del diez de marzo. Una, que la mayoría de los votantes del PSOE y del PP prefieren una fórmula de gobierno que no pase por el pacto con los nacionalismos. Y dos, que muy probablemente habrá a partir del lunes menos diputados nacionalistas en el Congreso. Pues bien, si esto es así, ¿por qué demonios hemos de resignarnos a que esas fuerzas minoritarias, que tienen un sentido excluyente, parcial e insolidario de la convivencia española, sigan IGNACIO determinandolavida instiCAMACHO tucional de una España en la que no creen? Para evitarlo bastaría con que quienes dicen ser unos caballeros se comportasen como tales siendo fieles a su palabra. No hace falta disfrazarse de alemanes para formar una grossenkoalitionen, o como se diga, entre losdosgrandes partidos nacionales. Seríasuficiente con atenerse al compromiso verbal suscrito por Rajoy y Zapatero durante la precampaña: no intentar gobernar si no se ganan las elecciones. Si el perdedor respetase la voluntad de los ciudadanos facilitando la investidura delvencedor, con una simpleabstención, los nacionalismos periféricos perderían de inmediato la llave con la que se han acostumbrado a elegir al presidente del Gobierno. Luego habría que gobernar, claro, y la gobernanza exige acuerdos, porque además tampoco se trata de marginar a nadie y los nacionalistas tienen tanto derecho como el que más a ser tenidos en cuenta. Lo que ya es hora de romper es el derecho de pernada que les concede el sistema electoral para reservarse la potestad de garantizar la elección presidencial a cambio de unas vueltas más de la centrifugadora del Estado. Muchos ciudadanos que van a respaldar al centro- derecha preferirían, en caso de que el PP no saliese victorioso, un PSOE con mayoría absoluta como mal menor frente a una coalición socialnacionalista (ojo, por ahora no lo diremos al revés) sobre todo si es con ERC, BNG y sus compañeros antisistema. No está claro que eso ocurra al revés con la mayoría de los votantes de la socialdemocracia, pero sí con una porción significativa de ellos. En todo caso, la tradición socialista española es la de un partido nacional, igualitario, y si Zapatero ha generado dudas entre sus propias filas es precisamente por su alejamiento de ese hilo histórico del pensamiento político de la izquierda. La gran pérdida de estos cuatro años ha sido la de ese consenso imprescindible en torno a la cohesión del Estado. Recuperarlo es difícil, pese a las proclamas retóricas de los candidatos, pero el primerpasodeberíaquedar zanjadoantes incluso de que se cierre la campaña. Queda una jornada; los mítines de cierre otorgan aún a ZP y a Rajoy una oportunidad para proclamar por separado un compromisodegrandeza. Claro que es soñar por soñar, pero los ciudadanos que vamos a decidir el domingo tenemos la obligación de señalar a nuestros líderes la altura moral del listón que queremos que salten para representarnos con la dignidad necesaria. D EL BURLADERO LO QUE ESTÁ POR LLEGAR La misma incertidumbre es la que hace excitante el panorama: ¿A qué estará dispuesto Rodríguez por conservar el poder? ¿Qué será capaz de pactar Rajoy al objeto de hacer de su adversario el único presidente que no ha renovado la confianza de los españoles en su primera reválida? En dos o tres días tendremos una aproximación, pero da la impresión que todo será poco, de que si el diablo quiere la parte más mullida del alma, ésta le será concedida. En pleno desarrollo de las conocidas como horas basura es decir, en ese último día de campaña que si los partidos pudieran sería eliminado desde ahora mismo, la sensación es de que la suerte ya está echada y que nadie guarda la idea genial, la propuesta emocionante, la frase definitiva. El PSOE sabe que todos aquellos que votaron a los populares en 2004- -incluso en 2000- volverán a votar con todas sus fuerzas es decir, sabe que su sólido suelo electoral está intacto, motivado, en tensión. Por eso se pregunta si han sido capaces de movilizar a los mismos que les votaron a ellos cuatro años atrás, o si de los nuevos votantes que entran en juego se pueden obtener los suficientes votos como para contrarrestar a todos aquellos que no les van a votar por discrepancias elementales, esas que tienen que ver con el desánimo producido por sus coqueteos públicos con gente tan indecente como el BNG o ERC. Si pierden votantes en el camino, pueden perder las elecciones, pero si mantienen los que se animaron inopinadamente hace cuatro años, no habrá fuerza posible en el PP para oponerse a ello. Por ello no pierdan la esperanza de contemplar cómo apuran el ingenio para dar con la tecla definitiva que saque de casa a los que aún no saben a qué dedicarán la tarde del domingo. La diferencia en votos de uno a otro no se cree que vaya a pasar de trescientos mil, lo que deja el resultado extraordinariamente abierto y los corazones de ambos bandos en un puño. No recuerdo recuento más apasionante e igualado, de la misma manera que no recuerdo momento más delicado para este viejo y permanente proyecto de país. www. carlosherrera. com H OY acaban los cuatro años de campaña. Por fin. Desgraciadamente sólo tendremos un día de reflexión: el próximo día 10 comenzará la campaña electoral de 2012 y aún no sabemos qué será capaz de depararnos, si elecciones anticipadas o legislatura infernal. La política española se ha transformado en una suerte de catálogo de venta por urgencia, de canasto de medidas a corto plazo, impactantes, anestesiantes, de fuego de artificio. La política española no es un trazado en el tiempo mediante el cual asegurar las cosas de comer y jugar después con lo intrascendente. Justo ocurre al revés: lo intrascendente se transforma en la apuesta de futuro y con lo fundamental se juega a la ruleta rusa. Pasado mañana decidimos qué forma de inestabilidad nos espera para los días inmediatos: si gana Rodríguez Zapatero volveremos al vértigo de caminar por el borde de un precipicio abismal, a la frivolidad de darle a un mono una pistola, al sobresalto permanente de verse gobernados por alguien que quiere hacer tabla rasa del pasado e iniciar una nueva historia de España, una posCARLOS modernidad política que nada tenga HERRERA que ver con los escombros de la transición. Si gana Rajoy, menos probable pero no imposible, no ganaremos para tilas ni hipotensores: su gobierno será, forzosamente, débil y su capacidad de maniobra, muy reducida, se tragará el estatuto catalán, no derogará prácticamente ninguna ley confeccionada por los chicos de ZP y apenas tendrá motor para gestionar la nave un par de años. Deberá enfrentarse a desafíos alimentados por la alegre intrascendencia del gobierno que se despide y no tendrá más remedio que ponerle el cascabel a un gato excitado por referéndos ilegales. Todo eso a no ser que CiU se transforme, de repente, en un desinteresado colaborador de la idea de España, que me pega que no, y el drama no pase de ejercer la firmeza con amplia base parlamentaria.