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ABC JUEVES 6- -3- -2008 JUEVES deESCENA 85 El pelo de la dehesa Hasta el 30 de marzo estará en escena en el teatro Galileo de Madrid El pelo de la dehesa una divertida comedia de enredo escrita por Bretón de los Herreros que llega bajo la dirección de Pepe Quero El otro lado Charo López, Eusebio Lázaro- -también director de la función- -y José Luis Torrijo interpretan esta obra, escrita por Ariel Dorfman, y que ve la luz hoy en el Nuevo Teatro Circo de Cartagena ¡Ay, Carmela! Del 5 al 23 de este mes estará en el teatro Olympia de Valencia ¡Ay, Carmela! la popular obra de Sanchis Sinisterra, en la producción que ha dirigido Miguel Narros e interpretan Verónica Forqué y Santiago Ramos ESCENA INTERNACIONAL s BOGOTÁ Bogotá convierte sus calles en un gigantesco escenario El sábado próximo arranca el Festival Iberoamericano de Teatro, una de las citas más importantes del mundo ALEJANDRA DE VENGOECHEA CORRESPONSAL BOGOTÁ. Escoger qué obra irá al XI Festival Iberoamericano de Teatro, que se inaugura el próximo sábado en Bogotá, será difícil. Lo que empezará con un desfile de muñecos gigantes, zanqueros, malabaristas, payasos y un concierto en la plaza central de Carlos Vives y su grupo La Provincia, seguirá durante 17 días con de todo un poco: desde ángeles volando- -la compañía Circo da Madrugada, de Francia, llega con la obra Caídos del cielo -hasta montañas de pan, pues la compañía mexicana Teatro de Ciertos Habitantes pidió más de 300 panes para cada función de su obra De monstruos y prodigios: La historia de los Castrati Son en total sesenta y cinco compañías de teatro, danza y circo de 42 países, que presentarán un total de 760 funciones en salas, parques, coliseos, estadios y una plaza de toros. España no es país invitado en esta ocasión- -es el Reino Unido- -pero parece que lo fuera, pues fue el que trajo más compañías. La hermandad entre ambos países es evidente en estos eventos contaba a este diario una representante del festival, que este año cumple dos décadas y que es considerado una de las citas teatrales más importantes del mundo. A España la representan montajes como Barroco una producción dirigida por Tomaz Pandur y protagonizada por Blanca Portillo y Asier Etxeandía; Celama a cargo de Teatro Corsario y Cantárida Teatro; Argelino, servidor de dos amos una producción de La Abadía y Animalario; y la Misa flamenca: los gitanos cantan a Dios de la Compañía Tito Losada, una obra con cantaores, músicos, guitarristas y bailaoras que se presentará en la Catedral Primada. Sobre Barroco su protagonista masculino, Asier Etxeandía, aseguraba ayer a ABC que la obra es más inteligente que nosotros mismos. Es un regalo que nos dio la vida Más información sobre el certamen: www. festivaldeteatro. com. co Asier Etxeandía y Blanca Portillo, en Barroco ABC CRÍTICA 2666 Autor: Roberto Bolaño. Adaptación: Pablo Ley y À. Rigola. Director: Àlex Rigola. Escenografía: Max Glaenzel y Estel Cristià. Vestuario: Berta Riera y Georgina Viñolo. Iluminación: Maria Domènech. Intérpretes: J. Manrique, A. Benito, J. Carreras, C. Aimée, A. Pérez, C. Brondo, M. C. Lillo, F. Carvajal, F. Pons, X. Ruano y A. Pujol. Lugar: Naves del Español. Madrid. Maneras de contar JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN La ciclópea presencia de Roberto Bolaño es el ángel tutelar de esta adaptación del ambicioso y postrero ciclo narrativo del gran escritor chileno. Tanto, que durante la representación hay una pregunta que sobrevuela como el ritornelo de un moscardón: ¿Si los espectadores no conocieran o supieran al menos que existe el novelón de Bolaño, paladearían igual el espectáculo? O dicho de otra forma, ¿tiene 2666 autonomía escénica propia independiente de su precedente novelístico? Vaya por delante, para despejar cualquier duda, que 2666 es un montaje notable, cuya vibración dramática está, en buena parte de sus cinco horas de duración, empapada de narratividad. Como género literario, el teatro tiene sus maneras de abordar las cosas, de cocinar los conflictos y presentarlos, y la novela las suyas. En tiempos de intertextualidades y mestizajes, tampoco es cuestión de ponerse purista, pero sí conviene advertir que hay momentos- -fundamentalmente en la primera de las cinco partes de la función- -en que se ha optado por una puesta en escena que adopta como vehículo la narración casi desnuda: los actores recitan sus parlamentos en tono neutro, sin inflexiones, como plácidos conferenciantes; no muestran ni hacen, literalmente cuentan las pesquisas de varios críticos literarios tras las huellas del esquivo escritor alemán Benno von Arcimboldi y las relaciones sentimentales que establecen de congreso en congreso y de hotel en hotel. A palo seco. Es el arranque de un viaje circular por el tiempo y el espacio: la obra comienza con La parte de los críticos en la que los rastreadores del narrador germano emprenden un itinerario que les lleva a México y concluye con La parte de Arcimboldi con el traslado de éste al país azteca tras un repaso a la historia del hombre que se oculta tras el antifaz literario. El círculo encierra episodios convulsos del siglo XX europeo, ensalada de nazis, guerra y holocausto, retrata perfiles alucinados de México y tiene en su centro los horrendos crímenes de Ciudad Juárez. Un universo fascinante, estremecedor, palpitante de vida y de su reverso oscuro, ominoso, terrible, que Pablo Levy y Àlex Rigola han llevado de la novela al teatro en una traslación con subidas y bajadas de pulso, pero desbordante de valores plásticos y dramáticos y en la que si hay robustos componentes de narratividad, como se ha subrayado, también se percibe una enriquecedora mirada cinematográfica, fundamentalmente en La parte de Fate y La parte de Arcimboldi en la que el protagonista corre sobre la cinta continua del siglo XX al tiempo que construye paso a paso su obra. Rigola salva con nota el complejo envite directorial, mezcla de lenguajes, erizado de sugerencias, con fragmentos que se rebozan en el estereotipo La parte de Fate turbamulta de boxeo, sexo, drogas, alcohol y fantasmas de la noche) y evo- can montajes marca de la casa, y otro La parte de los crímenes que resulta espeluznante, con una de las muertas en Santa Teresa- -el trasunto bolañense de Ciudad Juárez- -aullando ensangrentada su pesadilla en medio del desierto mientras suena obsesiva la Séptima de Beethoven y se proyectan en inacabable retahíla los nombre reales de las mujeres asesinadas, con un colofón de asquerosos chistes machistas que, como un rosario abyecto, desgranan los policías ante el cadáver en un páramo que se ha ido paulatinamente cubriendo de cruces rosadas; una escena de contundencia si se quiere demagógica, pero de teatralidad aterradora. La escenografía plural de Glaenzel y Cristià es estupenda, y soberbia la maquinaria interpretativa, con los actores desdoblados en múltiples personajes, piezas perfectas de un ensamblaje ciclópeo. Un montaje para ver y discutir: teatro vivo.