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ABC JUEVES 6- -3- -2008 Colombia localizó a Raúl Reyes por una llamada telefónica de Chávez al guerrillero 35 De hecho, Hillary Clinton no ha perdido tiempo en recalcar que los superdelegados -especialmente los 350 que permanecen neutrales- -no deben guiarse ni por los resultados en sus respectivos Estados ni por mayorías del voto popular. Sino que deben ejercer un juicio independiente a la hora de seleccionar al candidato del partido, teniendo en cuenta las nuevas cuestiones, los nuevos retos a los que se enfrenta mi oponente De todas sus victorias en este martes, Hillary Clinton ha destacado especialmente su triunfo en Ohio, uno de los decisivos epicentros electorales de Estados Unidos. Según se ha apresurado a recordar la ex primera dama durante su noche de éxtasis político, ningún candidato, demócrata o republicano, en la reciente historia ha sido capaz de ganar la Casa Blanca sin ganar las primarias de Ohio Insistiendo en que todos sabemos que si queremos un presidente del Partido Demócrata, necesitamos un nominado que pueda ganar en Estados como Ohio Durante la obligada ronda de entrevistas de televisión para celebrar su resurgimiento, Hillary Clinton también ha planteado por primera vez la posibilidad de compartir el ticket presidencial con Barack Obama. Según ha indicado la senadora por Nueva York, ese podría ser el destino hacia el que nos estamos dirigiendo Pero con insistencia en que su victoria en Ohio la debería colocar como candidata a la presidencia y a Barack Obama como aspirante a la vicepresidencia. A juicio del candidato afroamericano, hablar de una candidatura conjunta es algo prematuro Según Obama, que el martes solo cosechó una victoria en el pequeño Estado de Vermont (59 -39 en estos momentos solo estamos concentrados en ganar la nominación presidencial Proceso selectivo que este sábado pasará por los caucus de Wyoming, con 7 de los 18 delegados estatales en juego, y el próximo martes llegará hasta Mississippi, con un reparto de 33 delegados. Para el último premio gordo disponible habrá que esperar hasta el 22 de abril con las primarias de Pensilvania, que adjudicarán 159 de los 187 delegados disponibles. Durante las próximas siete semanas, se anticipa una campaña mucho más agresiva y negativa, con renovadas controversias sobre cuestiones de experiencia y ventajas de cara a noviembre. Obama alza a un niño durante un encuentro demócrata celebrado ayer en San Antonio, Texas EPA Candidatura conjunta La niña de Obama El metafórico uso de la niñez en política tiene una larga tradición en EE. UU. prolongada por los alardes retóricos del senador de Illinois. Al igual que Rajoy en España, Obama ha empleado el recurso desde el arranque del actual ciclo de primarias POR P. RODRÍGUEZ WASHINGTON. En la historia electoral de EE. UU. no es una novedad el uso metafórico de la niñez como recurso de propaganda política. La tradición de humanizar mensajes electorales con niños tiene su ejemplo más legendario en el controvertido anuncio de los años sesenta que mostraba una inocente pequeña deshojando una margarita antes de una explosión nuclear. Montaje utilizado por el presidente Lyndon Johnson contra el republicano Barry Goldwater, alimentando temores de colocar en la Casa Blanca a un gatillo ligero frente a la Unión Soviética. En los ochenta, Ronald Reagan también utilizó anuncios de televisión con niños para justificar su hostilidad contra el comunismo. También fue Reagan- -en el último debate celebrado el 28 de octubre de 1980 contra el presidente Jimmy Carter- -el que concluyó argumentando: El próximo martes todos ustedes irán a votar, llegarán a sus colegios electorales y tendrán que tomar una decisión. Y creo que cuando ustedes tomen esa decisión, deberían preguntarse a sí mismos: ¿Estamos mejor que hace cuatro años? ¿Es más fácil comprar cosas que hace cuatro años? ¿Hay más o menos desempleo que hace cuatro años? ¿Es nuestro país tan respetada por el mundo como antes? El gran comunicador también inauguró la práctica de ilustrar los discursos sobre el estado de la Unión ante el Congreso con la ayuda de personajes de carne y hueso, también niños, invitados a la tribuna de espectadores y convertidos en reparto de la narrativa presidencial. Golpes de efecto que han encontrado también su continuación en los alardes retóricos de Barack Obama durante este ciclo de primarias. El pasado 8 de enero, tras su inesperada derrota en New Hampshire, Obama se dirigió a sus seguidores diciendo: Y mañana, mientras llevamos nuestra campaña al sur y al oeste, y conforme aprendamos que los problemas de los trabajadores textiles en Spartanburg no son tan diferentes de la difícil situación de un limpiador de platos en Las Vegas, que las esperanzas de una pequeña niña que va a una derruida escuela son los mismos sueños del niño que aprende en las calles de los Ángeles, nosotros nos acordaremos de que algo está sucediendo en América, que no estamos tan divididos como sugiere nuestra política, que somos un pueblo, que somos una nación Este martes en Texas, la pequeña apuntada en New Hampshire ha cobrado un papel todavía más destacado: Creemos que una niña nacida esta noche debe tener las mismas oportunidades si llega al mundo en los barrios de San Antonio o en los suburbios de San Luis, o las calles de Chicago o las colinas de los Apalaches. Creemos que cuando vaya a la escuela por primera vez, debe ser en un lugar donde no haya más ratas que ordenadores; que cuando solicite plaza en la universidad, la matrícula no sea una barrera para una titulación que le permita competir con los niños de India o China por los trabajos del siglo XXI. También creemos que esos trabajos deben proporcionar salarios suficientes para sacar adelante a su familia, con cobertura sanitaria para cuando se enferme y una pensión para cuando se jubile Según la alocuión del candidato afroamericano: Creemos que cuando acueste a sus propios niños, se sentirá segura sabiendo que estamos protegidos por los militares más valientes y mejor equipados del mundo, liderados por un comandante en jefe que tenga el buen juicio de saber cuándo enviarlos a luchar y en qué campo de batalla. Y si esa niña tiene alguna vez la oportunidad de viajar por el mundo y alguien le pregunta de dónde es, creemos que debe ser siempre capaz de contestar con la cabeza alta y orgullo en su voz: soy americana A juicio de Robert Schlesinger, autor de una próxima historia sobre los escribidores de discursos de la Casa Blanca, ahora no se ven muchos candidatos con el estilo de Barack Obama, en parte porque si uno no alcanza las notas adecuadas, resulta un fiasco Un fiasco si no se hace bien De New Hampshire a Texas