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24 ESPAÑA Memoria histórica selectiva JUEVES 6 s 3 s 2008 ABC Defensa ocultó un mes el hallazgo de la fosa común en Alcalá de Henares El ministerio confirma la existencia de restos, pero no dice de cuántas personas son PALOMA CERVILLA MADRID. El Ministerio de Defensa se ha visto obligado a confirmar a ABC el hallazgo de una fosa común con restos humanos en Alcalá de Henares, que pudiera pertenecer a la Guerra Civil, como desveló ayer este periódico. Defensa, que, en un primer momento no quiso admitir los hechos, asegurando que los desconocía, ha ocultado durante casi un mes este hallazgo. Este departamento ministerial se limitó ayer a afirmar que el asunto estaba judicializado y que un juez togado militar se había hecho cargo de la investigación de los huesos y restos encontrados Además, puntualizó que hay que esperar a que finalice la investigación para conocer la procedencia de los restos. No quisieron confirmar si los restos encontrados pertenecían al menos a cinco o nueve personas. Sin embargo, ABC sí que ha tenido acceso al acta que levantó la Policía Judicial el pasado día 11 de febrero, cuando se descubrieron estos restos. En dicha acta se constata que el descubrimiento tuvo lugar mientras se realizaban unas obras en la Unidad de Servicios de Base (USBA) Primo de Rivera de la Brigada Paracaidista (Bripac) en Alcalá de Henares. Los trabajos se concretan en la construcción de un muro perimetral en el noroeste de esta base militar. La obra se estaba realizando con una máquina excavadora, pero los operarios que se encontraban presentes no se dieron cuenta, en un primer momento, de la presencia de estos restos. Fue posteriormente cuando un civil y un soldado, destacados en el acuartelamiento, los descubrieron. Estos hechos se pusieron en conocimiento de los mandos de este cuartel, que dieron traslado al Juzgado Togado Militar Territorial número 11, cuyo titular se personó en la zona, junto con agentes de la Policía Judicial, un médico forense y un secretario judicial de Alcalá de Henares. El magistrado procedió a recoger los restos óseos y ordenó la paralización de las obras para que se realizara un análisis profundo del terreno, que ahora está cubierta con plásticos. Además, ha abierto unas diligencias previas para esclarer las circunstancias de este hallazgo. La importancia de este hallazgo es que Alcalá de Henares fue durante la contienda zona republicana y en esta zona fueron asesinados más de cuatrocientos sacerdotes, seminaristas y seglares. Igualmente, en Alcalá de Henares, en junio de 1937, fue detenido, torturado y asesinado el líder del Partido Obrero de Unificación Marxista (Poum) Andreu Nin, y cuyo paradero se desconoce. El silencio oficial sobre el descubrimiento de esta fosa común abre una serie de incógnitas sobre el incumplimiento, por parte del Gobierno socialista, de la Ley de Memoria Histórica, en la que el Ejecutivo de Zapatero se comprometía a facilitar toda la información disponible sobre los terrenos en se localicen restos de víctimas de la Guerra Civil. En su artículo 12, la Ley indica que el Gobierno elaborará un protocolo de actuación científica y multidisciplinar que asegure la colaboración institucional y una adecuada intervención en las exhumaciones Igualmente, elaborará y pondrá a disposición de todos los interesados mapas en los que consten los terrenos en que se localicen los restos, incluyendo toda la información complementaria disponible sobre los mismos Finalmente, y entre otras disposiciones, este texto legislativo afirma que el Gobierno determinará el procedimiento y confeccionará un mapa integrado que comprenda todo el territorio español, que será accesible para todos los ciudadanos interesados y al que se incorporarán los datos que deberán ser remitidos por las distintas Administraciones públicas. Las áreas incluidas en los mapas serán objeto de especial preservación por sus titulares en los términos que reglamentariamente se establezcan Acceso de los ciudadanos Base de la Brigada Paracaidista donde se han hallado los restos Uno de los datos que más llaman la atención de las circunstancias que están rodeando la investigación de estos hechos es que, según fuentes judiciales consultadas por ABC, otra irregularidad que se podría cometer es que el asunto esté en manos de un juez togado militar, y no civil. Según la Ley Orgánica de Jurisdicción Militar 4 1987 de 15 de julio, los jueces militares sólo son competentes para juzgar los delitos del Código Penal Militar cometidos por militares. En este caso, no se trata de un delito recogido por esta legislación militar, según las mismas fuentes. Las primeras impresiones sobre el terreno apuntan a que podría tratarse de una fosa común de la Guerra Civil y que los cuerpos habrían sido arrojados a la fosa y no colocados ordenadamente en el fondo de la misma. Incluso, se baraja la hipótesis de que se trate de una fosa abierta y cerrada sucesivamente varias veces, para acumular en ella nuevos cadáveres. DE SAN BERNARDO El acta de la Policía Judicial, a la que ha tenido acceso ABC, reconoce la existencia de los restos humanos y la paralización de las obras. Los hechos los investiga un juez togado militar, en vez de uno civil En manos de un juez militar Horacio Vázquez- Rial PROCEDIMIENTO A n los días de la perestroika, que algunos aprovecharon para entrar en los archivos de la represión comunista, ahora de nuevo cerrados por un largo período, alguien dio con un telegrama en español que ponía: Asunto Nin resuelto por procedimiento A El procedi- POR EL E miento A, sumamente extendido en el siglo XX entre gentes tan aparentemente distintas y tan esencialmente idénticas como los asesinos de la ETA y las autoridades chinas de hoy mismo, es el del disparo en la nuca. Pues bien: sabemos que así murió Andreu Nin, de un tiro en la cabeza. Y ahora acaba de aparecer un grupo de cadáveres, uno de los cuales podría ser el suyo, ejecutados por quienes debían ser sus pares y compañeros en la defensa de la República, pero que optaron por servir a otros intereses. El caso Nin, como el aún no aclarado caso Durruti, es la prueba de que entre 1936 y 1939 se libraron en España dos guerras, una entre Franco y la República, y otra en el interior del pro- pio bando republicano: entre los comunistas y los trotskistas, entre los comunistas y los anarquistas, entre los comunistas y el que se le pusiera por delante. Y cuando digo los comunistas, me refiero tanto a nuestros paisanos como a los soviéticos presentes, como el general Orlov, que tuvo la gran sabiduría de no regresar a la URSS y hasta el valor de hacer una declaración ante el Congreso de los Estados Unidos sobre sus propias actividades en la Guerra Civil española. Por lo que se sabe, sobre la persona de Nin confluyeron varios poderes, acordes en la necesidad de silenciarlo: los soviéticos, los comunistas españoles y de otras nacionalidades, organizados en las Briga- das Internacionales por el demente André Marty, que aseguró, modesto, que las ejecuciones ordenadas por mí no pasaron de 500 y eso en sus propias filas. Por no hablar del inexplicablemente siempre bien ponderado Negrín, que pretendió esconder el crimen asegurando que Nin había sido rescatado por la Gestapo. Con semejante maquinaria alrededor, no había escapatoria posible para Nin. Quiera Dios que entre los restos hallados estén los suyos, para enterrarlo dignamente y tender sobre el engendro oficial de la mal llamada memoria histórica un manto de paz, piedad y perdón, como hubiese deseado al final de tanta vana destrucción el arrepentido Manuel Azaña.