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10 ESPAÑA www. abc. es MIÉRCOLES 5- -3- -2008 ABC Rouco ofrece colaboración leal al Gobierno bajo el principio del bien común El cardenal arzobispo de Madrid obtuvo la presidencia de la Conferencia Episcopal al sumar dos votos más que Blázquez LAURA DANIELE MADRID. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, fue elegido ayer presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) con 39 votos de los 77 que finalmente se emitieron en la Asamblea Plenaria de los obispos. Tras su elección, el recién nombrado presidente ofreció una comparecencia en la que dio un mensaje conciliador y tendió una mano al Gobierno. En concreto, aseguró que la relación de la Conferencia Episcopal con la comunidad política y la sociedad en general es siempre de colaboración leal, pensando en el bien común y en aquellos aspectos del bien común que deben tender más directamente y expresamente a la finalidad evangelizadora También aprovechó su intervención para hacer un repaso de las funciones que tiene la Conferencia Episcopal y, en especial, su cargo como presidente. En este sentido, afirmó que el presidente de la CEE no es el jefe de los obispos ya que la relación jerárquica la establecen los obispos con el Papa Y cada obispo es autónomo en su diócesis afirmó. Asimismo, puntualizó que en la renovación de cargos predomina una categoría, que es muy evangélica, y es la del servicio Un trabajo más en la Conferencia supone un sacrificio y un servicio más al Episcopado y, a través de él, a los obispos apostilló. Por ello, señaló que el objetivo de su trabajo en la CEE será que los obispos obremos de tal forma en comunión de afectos, intenciones y propósitos que se nos note mejor a todos y a la Iglesia También señaló el cardenal que es función de la Conferencia Episcopal conseguir que las diócesis actúen en el marco geográfico, histórico y cultural de un país, teniendo en cuenta las necesidades de los fieles y de la sociedad en general En este punto, destacó la expresión de la caridad como una función importante porque los efectos de la vida de la Iglesia y la fidelidad al Evangelio se notan mucho más cuando se refieren a las personas y a los grupos más necesitados entre los que citó la familia, la juventud y los pobres. Para alcanzar este cometido, citó dos documentos del Concilio Vaticano II, que guiarán su labor al frente del Episcopado: la declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis Humanae y la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual El cardenal Rouco Varela fue elegido para el cargo con 39 votos de los 77 que finalmente se emitieron, ya que el obispo de Calahorra y La Calzada- Logroño, Juan José Omella Omella, no pudo asistir a la Plenaria por motivos de salud. En las elecciones pasadas, celebradas en marzo de 2005, Rouco se alzó con 51 votos, que aunque no fueron suficientes para que repitiera un tercer mandato consecutivo, suponían un apoyo importante por parte de los obispos. Puede que en esta ocasión también pesara en la decisión final de los prelados la tradición no escrita que establece que los presidentes sean renovados en el cargo por un segundo trienio. De ahí los 37 votos que obtuvo monseñor Blázquez, mientras que uno fue para el arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares. Más allá de las especulaciones que interpretan en estos resultados que los obispos están divididos lo cierto es que el cardenal de Madrid vuelve a estar al frente de los obispos, acompañado de Ricardo Blázquez, quien sorpresivamente fue elegido vicepresidente y aceptó el cargo. Una muestra más del carácter humilde y generoso del obispo de Bilbao, el primer presidente de la historia de la Conferencia Episcopal que pasa a vicepresidente y el segundo que no renueva mandato, después del cardenal arzobispo de Santiago de Compostela, Fernando Quiroga Palacios, el pri- Humildad y generosidad Monseñor Blázquez queda como vicepresidente y los cardenales Lluís Sistach, Antonio Cañizares, Carlos Amigo, y el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, como miembros del Comité Ejecutivo Un sacrificio y un servicio mer presidente de esta institución desde su creación en 1966. En aquel entonces, Quiroga Palacios pidió no continuar por razones de salud. En la votación para la vicepresidencia, que hasta el momento había ocupado el cardenal Cañizares, monseñor Blázquez obtuvo 45 votos, seguido del cardenal de Toledo (29) del arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro (2) y del cardenal arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach (1) Desde la Casa de la Iglesia se interpreta la designación del obispo de Bilbao como vicepresidente como una manera de tender un puente en las relaciones institucionales con el Gobierno por su tono conciliador y dialogante Hay que recordar que, hasta el momento, Jesús de las Heras Muela Director del Semanario Ecclesia y de Ecclesia Digital CLAVES DEL REGRESO Tres son las claves del regreso del cardenal Rouco a la presidencia de la Conferencia Episcopal (CEE) La primera es su personalidad, su carisma, su li- derazgo. Su trayectoria nos lo muestra como un pastor cabal y emprendedor, como un intelectual sólido y clarividente, como un gobernante con tino, con firmeza y con cintura. Por ello, no cabe ninguna duda de que miles de católicos españoles experimentaron ayer el gozo de saberse, de nuevo, amparados bajo su báculo curtido y comprometido. Rouco transmite la seguridad que requieren estos tiempos nuestros de zozobra. La vuelta de Rouco ha sido acompañada de la elección del obispo Ricardo Blázquez- -el presidente de la CEE en el último trienio- -como vicepresi- dente. Con talentos y talantes distintos y complementarios, las biografías de ambos se han entrecruzado en armonía durante años y ahora a ambos les corresponde visibilizar la comunión eclesial a través del gobierno del Episcopado. Las circunstancias han querido que, tras estas elecciones, no solo se haya roto la presunta inercia de leyes no escritas sobre renovaciones automáticas de trienios, sino incluso que, aun habiendo vencedores, se haya logrado que, ante todo, no haya vencidos. Así, desde el fortalecimiento de sus pastores, ha salido ganando la credibilidad de la Iglesia. Por último, de sus palabras de ayer y de su trayectoria al frente de la CEE de 1999 a 2005, su disposición y contribución al diálogo con los poderes públicos y con la sociedad civil en pos de bien común y del servicio que los ciudadanos reclaman de la Iglesia resulta también confirmada. Y lo es desde parámetros eclesiales, ya que el cardenal Rouco es un hombre de Iglesia que sabe que la misión es evangelizar y aportar y proponer al mundo la luz del Evangelio que siempre debe ser anunciado, máxime en horas de turbulencias, increencias y laicismos.