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ABC MARTES 4- -3- -2008 EE. UU. permite el expolio de pecios españoles con sólo un permiso administrativo 79 Discografía esencial The very best of Giuseppe di Stefano varios compositores y directores. Lucia di Lammermoor (Donizetti, 1953) Callas Serafin. I Puritani (Bellini, 1953) Callas Serafin. Cavalleria rusticana (Mascagni, 1953) Callas Serafin. Tosca (Puccini, 1953) Callas De Sabata. Pagliacci (Leoncavallo, 1954) Callas Serafin. Rigoletto (Verdi, 1955) Callas Serafin. Il Trovatore (Verdi, 1956) Callas Von Karajan. La Bohème (Puccini, 1956) Callas Votto. Un ballo in maschera (Verdi, 1956) Callas Votto. Manon Lescaut (Puccini, 1957) Callas Serafin. Madama Butterfly (Puccini, 1954) De los Ángeles Gavazzeni. La Traviata (Verdi, 1955) Stella Serafin. La Gioconda (Ponchielli, 1957) Milanov Previtali. Tosca (Puccini, 1961) Price Von Karajan. Alberto González Lapuente Crítico musical PURA PASIÓN ocos años antes de que Giuseppe Di Stefano naciera se publicaba el curioso Manifiesto del arte cerebral En él, Ricciotto Canudo, famoso primer teórico del cine e inventor de la expresión séptimo arte defendía que lo moderno era interesarse por el cerebro y no preocuparse por los sentidos. La cuestión consistía en hacer pensar, antes que mostrar y encantar. Poco después, el siglo XX manufacturaba un arte apasionante aunque lejano de ese órgano que si palpita es porque vive apasionado. No hay duda de que Di Stefano debía ser un antiguo, únicamente interesado por el temperamento, la espontaneidad y la cercanía; por el anciano arte de la emoción y no por la elucubración contranatural. Para comprenderlo está su libro El arte del canto en donde sin opción posible explica que el maestro de canto podrá ayudarte a descubrir los sonidos más bellos, pero nunca podrá enseñarte a cantar Por supuesto que al decirlo pensaba en su propia facilidad, en unas extraordinarias condiciones gracias a las cuales triunfó a mediados de los 40. Era, por entonces, tenore di grazia claro, brillante, abundante en los matices y, como siempre, inmediato. Sin mucho exigir, diez años después, Di Stefano ya había marcado una época. Dicen que su grabación de I Puritani de 1953, abre la puerta al declive aunque no al apaciguamiento de esa emotiva vitalidad que aún le permite adentrarse en los 60. El resultado de tan fulgurante carrera, transcrita en una minuciosa discografía, implicará el paso del repertorio lírico al dramático, sin que ello presuponga una dosificada elección del repertorio. Tan convencido de que nada tiene más valor que la manera de expresarse, Di Stefano señalará que la técnica es una palabra fea para, de inmediato, volver a cantar y hacerse creíble. Por eso, aunque entre las noticias de hoy se diga que el corazón se le paró, nadie en su sano juicio lo cree. Tal cosa nunca fue posible. P Di Stefano, en 1971, interpretando el papel de Don José en Carmen en la Scala de Milán cado en el que anunciaba que el cantante actuó en ese teatro en 84 ocasiones en 13 papeles distintos- la Opéra National de Paris, la Lyric Opera de Chicago, el Colón de Buenos Aires y un largo etcétera que incluye teatros más bien exóticos como el Municipal de Río de Janeiro o la Ópera de Johannesburgo. Su canto viril, brillante, de agudos impresionantes, con un fraseo en el que se reflejaba su poderío como intérprete- -con un espléndido control del fiato -y también con impurezas que hacía su canto humano y especialmente empático, impresionó a muchos tenores más jóvenes, tal y como sucedió con Luciano Pavarotti, quien se declaraba como un fiel admirador, o con un joven José Carreras; este último, después de verlo actuar en el Liceo en 1970, se quedó prendado de su manera de cantar. El tenor barcelonés también conoció al EFE Di Stefano más íntimo, quien incluso le dejó parte de su vestuario para algún debut importante del cantante español. Como no podría ser de otra manera, muchos relacionan la fructífera carrera de Di Stefano con la de Maria Callas, sobre todo por ese antes citado legado discográfico. Lo cierto es que ambos cantantes fueron amigos íntimos y sólo el poder El tenor de la Callas de convencimiento de Di Stefano conseguiría que una retirada- -y deprimida- -Maria Callas volviera a levantar el vuelo en 1973 para realizar, juntos, una gira por varias ciudades del mundo recalando también en Madrid. Juntos entraron varias veces a los estudios de grabación para dejar para la eternidad obras de estilos tan diversos como Lucia di Lammermoor de Donizetti; Il Trovatore de Verdi; o Tosca de Puccini. De este último compositor, Di Stefano llevó al disco Madama Butterfly con la cantante española Victoria de los Ángeles. Su pasión por los discos, el amplio conocimiento del mercado, del repertorio y de las voces, lo llevó en el último tramo de su carrera a gestionar una casa discográfica. Su última actuación fue en junio de 1992, en Turandot de Puccini, en las Termas de Caracalla de Roma. Una de sus pasiones era África. En Kenia se instaló al retirarse, a mediados de los años ochenta, aunque de tanto en tanto reaparecía como jurado en algún concurso de canto, tal y como hizo en el Pedro Lavirgen de Priego de Córdoba. Decía feliz que en su casa de Kenia lo tenía todo, pero un amargo golpe del destino convertiría ese amor por África en su sentencia de muerte.