Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 4 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA APRENDER MUCHO QUE EL DEBATE QUE NO SE HIZO AS ideas mueven el mundo y, sin embargo, la política las rechaza, como los quinceañeros no quieren la ropa de sus hermanos mayores. Pasar, de hecho, no pasa nada. Es una de las peculiaridades de la opinión pública española que lo anecdótico casi siempre prevalga sobre lo significativo. Ya lo decían los viejos regeneracionistas. Esteroides y efectos de dramaturgia, monólogo y estocadas han ido predominando en los debates electorales. La audiencia ha sido inmensa. Desde luego, los debates entre Rajoy y Zapatero no han sido fútiles, pero quizás hubiesen tenido mayor calado de haber departido realmente sobre cómo vivir el presente y formular el futuro. Claro está que los márgenes del riesgo político aconsejan a los candidatos que operen dialécticamente con ideas convencionales, porque quizás no es bueno osar introducir la sorpresa de una idea innovadora. En realidad, los políticos acaban siempre hablando de ellos mismos, maquillando lo que no hicieron o dando músculo a lo que les salió bien, aunque fuera por casualidad. Ciertamente, no merecen trato irónico. Hacen lo que pueden, incluso tal vez piensen en el interés de todos pero han ido sucumVALENTÍ biendo masivamente al lenguajemás conPUIG vencional, carente de energía semántica. Sería injusto generalizar y decir que los políticos no tienen ideas. Simplemente no las manifiestan en campaña electoral. Juncker, avezadopolítico luxemburgués, uno de los candidatos más canónicos a presidir la Unión Europea, dice: Todos sabemos qué hacer, perono sabemos si después de hacerlo seremos reelegidos Es mejor callar sobre la reforma delas pensiones, por si los jubilados entran en pánico y cambian de voto. La futura quebradura del Estado de bienestar es otro gran tabú: no vaya a llevarse el ciudadano la impresión de que cualquier día le cobrarán los analgésicos. Eso conlleva que esas reformas o bien tengan que esperar un consenso con abundantes parches y pasteleoo queun líder con mayoría suficientetire para adelante sin haber dicho nada en campaña sobre la cuestión. Lo cierto es que los próximos cuatro años serían plenamente idóneos para reformar el Estado de bienestar, para LISTAS ABIERTAS L reinventarlo. Reinventar el estado del bienestar es un libro reciente de Mauricio Rojas. Habla de Estado posibilitador. Entre el modelo minimalista que es el Estado subsidiario en el caso de los Estados Unidos y el Estado benefactor de propensión maximalista que se ha hecho fiscalmente insostenible, las reformas liberales suecas apuntan a un Estado posibilitador, para concretar de forma práctica un nuevo equilibrio entre la responsabilidad pública por la equidad con nueva y más amplia una capacidad ciudadana de elección. Hablamos de un capitalismo del bienestar que preserva y garantiza calidad asistencial y capacidad individual de elección, con el sistema de bonos de bienestar. Eso acaba con los monopolios públicos, da libertad a los ciudadanos y garantiza la permanencia del Estado del bienestar. La experiencia sueca prueba que esa reforma es factible y que mejora el rendimiento de lo público. Con el capitalismo del bienestar, empresas privadas de todo tipo proveen de servicios del bienestar, con financiación pública- -ya sea por asignación presupuestaria o por bonos del bienestar- -y bajo control y regulación del Estado. Es un simple caso a favor de la hipótesis de que las ideas importan aunque la costumbre sea desnucarlas en toda campaña electoral. Nos hemos acostumbrado a elecciones municipales en las que se habla muy poco de los ayuntamientos y de elecciones europeas en las que nadie explica qué pasa en Bruselas. Indudablemente, algún día la sociedad española se verá ante la opción de asimilar la conversión de un mastodonte como el Estado providencia en un Estado posibilitador. Financiación del sistema educativo, sanidad, pensiones, todo tipo de servicios asistenciales deberán tomar un rumbo u otro. Pero, ¿cuándo va a debatirse las mejores avenidas por las que discurrir? ¿Quién va a explicar cómo mejor encauzar los tiempos venideros? Quizá los debates de la actual campaña electoral sedimenten un poso para otras confrontaciones y todo vaya evolucionando hacia formas de opinión más adulta. A veces da la impresión de que la sociedad española todavía desconoce en su real dimensión los poderes que le conferiría representar de forma natural y legítima una opinión pública articulada y activa. vpuig abc. es EINTE debates. Esos son los que han celebrado Hillary Clinton y Barack Obama durante los dos meses de elecciones primarias ¡y aún quedan los de la carrera presidencial! en Estados Unidos. Veintedebates de todos los colores, en todas las modalidades, en casi todos los escenarios. Solos, cara a cara, y con otros candidatos. Con público y sin público. Con periodistas y sin periodistas. Con estudiantes y sin estudiantes. Con preguntas y sin preguntas. En escenariosneutrales yen televisiones privadas (la mayoría) Con temarios genéricos y sectoriales. Al margen de IGNACIO quién fuese delante en las CAMACHO encuestas. Veinte debates. Sin limitaciones, sin remilgos, sin complejos. Y sin autobombo, simplemente como una naturalcondicióndemocrática. No se han rasgado los cielos, ni sobrevenido advenimiento excepcional alguno; incluso en ciertas ocasiones hasta han tenido poca audiencia. Y el pulso electoral entre los dos candidatos sigue abierto, decantándose poco a poco en un largo proceso de contraste. Las comparaciones son odiosas... sobretodo para los que salen malparados en ellas. Los españoles hemos pretendido aclarar todas nuestras dudas en dos hieráticos diálogos encapsulados por un rígido corsé pactado entre los contendientes, sin preguntas libres y con un moderador maniatado y casi amordazado. Dos debates reducidos a la técnica delmonólogo sucesivo o yuxtapuesto, que en ocasiones ha rozado el método Ollendorf, el de mi sastre es rico pero yo tengo un paraguas verde Dos ratos de presunta confrontación programática en los que los adversarios se han atizado a modo y se han cruzado innúmeros reproches, pero apenas sí han sabido defender con rigor sus propuestas de gobernanza. Y sin que nadie les conminara a hacerlo, huyendo en polvorosa cuando el rival emplazaba a definir un interrogante o una promesa. En los debates norteamericanos, las preguntas del público o de la prensa (a cuyos representantes no osan seleccionar, y menos vetar, los candidatos) suelen comenzar del mismo modo: ¿Cómo piensa usted... enfocar este asunto o arreglar este problema? Hay que poner sobre la mesa proyectos, métodos, cifras y argumentos, y contrastarlas con los del contrario. A veces puede resultar más aburrido que zurrarse la badana y sacarse trapos sucios- -para lo que también han encontrado tiempo Hillary y Obama- pero desde luego es bastante más clarificador. Más constructivo, odiosa palabra. Claro que se trata de mostrar la cualificación de los aspirantes para dirigir un país. Esa menudencia que por aquí olvidamos para centrarnos en nuestra pasión nacional de demoler al que piensa de otro modo. En fin, es verdad que dos debates son mejor que ninguno, y que antes no había nada y ahora hay algo. Vale. Pero habría que decir lo que Harvey Keitel en Pulp fiction -excúsenme la cita textual, los que la han visto saben de qué hablo- -antes de celebrar como un doctorado democrático lo que apenas si es un certificado de primaria. Y aprender de los que saben antes de sacar pecho. Veinte debates abiertos contra dos cerrados dan fe de algunas pequeñas diferencias. V