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28 ESPAÑA LUNES 3 s 3 s 2008 ABC Siete años a la caza del Búho Le llamaban el Búho porque esperaba a sus víctimas cuando bajaban del autobús nocturno s Siete años violando en Madrid s La Policía se volcó en el caso, pero no daba con él s Un padre angustiado fue la clave POR CRUZ MORCILLO MADRID. Enero de 2001. M. vuelve a su casa en el distrito madrileño de Ciudad Lineal tras tomar algo con sus amigos. Acaba de bajar del búho uno de los autobuses nocturnos que recorren Madrid, cuando un individuo la aborda por la espalda. No hay nadie en la calle. La sujeta con fuerza y le ordena silencio. Coloca una navaja en el costado de la chica, le exige que no le mire a la cara y la conduce a un descampado próximo. Allí, la viola y la somete a toda clase de vejaciones, sin parar de hablar. Le quita el carné de identidad y la llama por su nombre. La mujer tiene que apagar el móvil. Me he quedado con tu nombre y ya sé dónde vives, no te atrevas a denunciarme La amenaza y la apremia con que permanezca durante diez minutos en el lugar para escapar. Esa misma noche, 8 de enero de 2001, M. denuncia la violación en el Servicio de Atención a la Mujer (SAM) de la Jefatura Superior de Policía de Madrid. El Grupo 3 comienza la caza del Búho un violador en serie que les ha traído de cabeza durante siete años, el más buscado, el más esquivo porque ni tenía antecedentes policiales ni por supuesto se sabía a quién correspondía el ADN que durante todo ese tiempo los investigadores han ido acumulando con desesperación. Siete años en los que ha sembrado el pánico y la humillación en cinco distritos y dos localidades, siete años en los que se han montado mes sí y mes no dispositivos policiales para acabar con su impunidad, sin resultados. Siete años en los que se le atribuyen 19 violaciones, una agresión sexual y cinco atracos. Pero los investigadores están convencidos de que ha cometido más y que algunas víctimas, muy jóvenes, no se han atrevido a denunciarlo. El pasado 22 de enero se acababa por fin con su carrera criminal, cuando al SAM llegó una muestra indubitada de ADN procedente de la Comisaría General de Policía Científica. El análisis no dejaba resquicios. El perfil genético de Isaac P. C. recogido en Alcobendas tras una agresión cometida en julio, era idéntico a otras quince muestras procedentes de otras tantas violaciones. El Búho madrileño de 29 años, era detenido en su casa de Vallecas, donde vivía con su madre. De lunes a viernes era un honorable encofrador. Los sábados salía con su novia, pero muchos de esos días, cuando la dejaba en casa de madrugada, se convertía en un depredador de mujeres. Se movía de un distrito a otro, con predilección por la zona norte y este. Los años transcurridos desde su primer ataque conocido le habían aportado confianza. Se sentía invulnerable a la Policía, de ahí que cada vez actuara con mayor violencia y agresividad explica la responsable del SAF, Elena Palacios. En los últimos tiempos, las vejaciones de todo tipo- -taparles la cara con una bufanda o con la ropa interior de las víctimas, insultarlas y ofenderlas- -ya no le bastaba, trataba a las chicas como a muñecas, según han narrado ellas mismas. El FBI, que se había interesado por el caso, coincidió en el diagnóstico con la Policía. Estaba a punto de matar. Si no lo hubieran atrapado, el crimen podría haber sido cuestión de tiempo. La firma de este violador anónimo y persistente ha sido el rompecabezas que ha ido poniendo luz a los casos. De ahí que se le hayan podido impu- LAS ANDANZAS DEL VIOLADOR Número de ataques Así actuaba Víctimas: Chicas de 15 a 24 años Alcobendas 1 Las atacaba cuando bajaban del autobús nocturno (búho) M- 40 M- 30 A- 1 Hortaleza- Barajas 7 Hortaleza A- 6 MoncloaAravaca Barajas Moncloa 2 Ciudad Lineal 5 Ciudad Lineal Moratalaz A- 2 También en zonas residenciales, parques y descampados Coslada 2 San Blas 2 Sorprendía a sus víctimas por la espalda cuando entraban en el portal o iban andando. Las intimidaba con un arma blanca Moratalaz 2 A- 5 A- 42 A- 4 A- 3 Como a muñecas tar otras cuatro violaciones en las que no se cuenta con ADN. El depredador elegía chicas de entre 15 y 24 años, con preferencia por las que rondaban los veinte y de complexión menuda. Las esperaba junto a los autobuses nocturnos de varias líneas, se cree que en su coche, y se aseguraba de que hubiera cerca un jardín, un parque o un descampado. Casi siempre repetía el guión de la primera violación. Ataque por la espalda mientras la víctima caminaba hacia su casa sola o estaba a punto de entrar en el portal, amenaza con la navaja y vuelta a pie a la zona escogida para el ataque, con los ojos tapados. No era un violador callado, todo lo contrario, mareaba a las chicas en un interminable soliloquio con preguntas personales sobre sus gustos sexuales, sus posibles parejas y en el límite del paroxismo las obligaba incluso a que opinaran sobre la propia agresión. Quitarles su DNI y apagarles el móvil era otro de sus pasatiempos. Los investigadores han dedicado horas y horas a buscar su rastro. Mapas, itinerarios, horarios, retratos robot, zonas de preferencia. Las piezas no encajaban. No se fijaba un tiempo concreto entre agresión y agresión pese a que en los últimos casos no aguantaba más de tres meses sin buscar una presa; elegía una zona y no volvía a ella hasta meses o incluso años después. A veces teníamos la sensación de que detectaba los dispositivos de vigilancia dice la jefa del SAM. Un ejemplo: la primera violación la comete en Ciudad Li- El padre de una de las víctimas se implicó en la investigación y fue la clave para acabar con sus andanzas neal y no vuelve a ese distrito hasta la quinta, después repite otras dos consecutivas, perpetra tres agresiones más en Hortaleza y Coslada, pero insiste en su primer barrio. La última agresión con ADN de la que se tiene constancia se produce en Alcobendas en julio pasado. Allí aborda a una niña de quince años y la somete a todo tipo de vejaciones. La adolescente lo cuenta en casa y queda con él. El padre fue clave para que se le detuviera. Se le toma una prueba de ADN, pero el violador hace creer a todos, juez incluido, que la menor es su pareja. El juez de Instrucción número 4 de Alcobendas le impone en agosto una orden de alejamiento, aunque el Búho queda en libertad y nadie sabe aún que se trata del individuo al que se busca. Los resultados de esa prueba de ADN llegan el 22 de enero al SAM. Nada más cotejar el perfil, los investigadores saben ya ante quién están y su detención en Vallecas es cuestión de horas. La mayoría de las víctimas le han reconocido fotográficamente- -le habían descrito pero respondía a un tipo bastante común, salvo por unos lunares en la cara- y otras posiblemente pasarán un reconocimiento de voz, dado que hablaba sin cesar. Ninguna había olvidado los ojos del violador. El Búho se negó a declarar. No era necesario, dado que las pruebas son irrefutables. El mismo día de la detención se comunicó a todas las comisarías que el violador había caído. Agentes de Hortaleza, San Blas, Moratalaz, Ciudad Lineal, Moncloa- Aravaca y Coslada celebraron el arresto. Ya era hora, después de siete años de trabajo. Lunares en la cara Una denuncia, un forense, un hospital, un laboratorio C. M. MADRID. Hay casos en los que a una víctima de violación se le han recortado las uñas dos veces al reconocerla para ver si tiene restos de piel del agresor sin hallar lo que se busca, o no se ha examinado su ropa. Cada vez más los violadores usan guantes, capuchas, preservativos, todo lo imaginable para no dejar pruebas. Atender a las víctimas de la mejor forma posible, obtener cuantas más pruebas mejor y respetar de forma escrupulosa la cadena de custodia es el objetivo del protocolo que se acaba de elaborar en Madrid a propuesta de la Comisión de Violencia Sexual. Las normas de actuación recogidas, ante una agresión sexual, son las siguientes: la víctima se trasladará al Servicio de Atención a la Mujer (SAM) de la Policía, donde se centralizan las denuncias; se avisará al juzgado para que lo notifique al forense de guardia y éste velará por todo el procedimiento. Será conducida al Hospital de la Paz- -caso de Madrid capital- -para que la reconozca el ginecólogo de guardia y el forense. Deben examinarse las lesiones de la mujer atacada, reflejar su estado emocional, extraerle sangre y orina por si la han drogado, tomarle los tres tipos de muestras para el estudio genético y toxicológico, recoger los restos hallados entre sus uñas. El forense debe entregar a la Policía Nacional las muestras y éstas han de acabar en los laboratorios de Policía Científica del CNP y la Guardia Civil y no en el Instituto Nacional de Toxicología. El objetivo: todo para la víctima y ni un resquicio, ni un fallo, ni un solo punto sin control, para el violador. ABC