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ABC DOMINGO 2 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA GANAR POR HUEVOS O contó hace mucho tiempo Ben Bradley, el director del Post que tumbó a Nixon con el Watergate, a propósito de la campaña triunfal de John Fitzgerald Kennedy, allá en 1960. Bradley iba como cronista empotrado en la caravana de JFK durante aquella gira carismática iluminada por el espíritu de Camelot. Un día, Kennedy soltó una soflama demiúrgica y grandilocuente, un discurso encendido de pasión sobre sus anhelos de cambio, una perorata visionaria llena de grandes conceptos que rodeaban su proyecto con el halo grandioIGNACIO so de una refundación poCAMACHO lítica. Volvían de algún sofisticado centro de poder y se dirigían a alguna parte de la insondable América profunda, el granero de los votos de la gente corriente; el periodista se sintió obligado a tratar de bajar a la tierra con un poco de pragmatismo a aquel candidato que parecía levitar sobre su propia autosugestión. -Bueno, todo eso está muy bien, pero... ¿y Ohio? ¿Cómo piensa ganar en Ohio? Entonces JFK salió de su propia nube interior, le miró fijamente a los ojos y apretó los puños con una mezcla de convicción y rabia. ¿En Ohio? En Ohio pienso ganar... por huevos. Y es que hay un momento en las campañas electorales en que el candidato tiene que abandonar esa construcción artificiosa de las estrategias, el marketing y la planificación, y fiarse de sí mismo, de sus convicciones, de su carácter, de su propia capacidad de liderazgo. Creer o no creer, ésa es la clave. Creer que más allá de las encuestas, de los consejos y de los eslóganes existe un mensaje que transmitir y una oferta que hacer con toda la fuerza de una profunda persuasión personal. Al final, siempre se trata de un hombre, un proyecto y un pueblo. En esos instantes decisivos en que se juega la última carta antes de las urnas, ni siquiera los partidos disponen del poder fundamental que un líder es capaz de transmitir con el entusiasmo de una pasión, con la determinación terminal de una apuesta a cara o cruz, a todo o nada. En unas elecciones como éstas, con el resultado envuelto en un pañuelo de dudas y vacilaciones, esa clase de percepciones pueden resultar más concluyentes que cualquier táctica dibujada sobre el mapa borroso de unas encuestas inciertas. Por eso el debate de mañana es crucial: será la última oportunidad en que los candidatos se sitúen, no sólo el uno frente al otro, sino cada uno frente a los ciudadanos cuya confianza deben conquistar como suprema ratio de su esfuerzo. En la medida en que la gente vea a un hombre auténtico, un tipo de verdad en el que merezca la pena creer siquiera un poco, ese candidato habrá cumplido con su deber. Y aunque nada le asegure la victoria, al menos habrá quedado en paz consigo mismo para perder con la conciencia tranquila. En la vida sólo hay que arrepentirse de lo que no se ha intentado. Por cierto, Kennedy ganó en Ohio. L EL RECUADRO MAÑANA, MÁS GRÁFICOS, OJÚ C OMO los partidos están en manos de los diseñadores y de los creativos, cuando no de los arriolos, que no sé qué será peor, en las campañas electorales también hay tendencias y modas. La campaña es una Pasarela Cibeles o un Salón Gaudí de las ideologías. Hasta cierto punto esto de las ideologías. ¿Se ha fijado usted en los lemas electorales que tratan de llamar nuestra atención desde las vallas y los carteles que penden de las farolas, afarolados que les decimos los que somos aficionados a los toros? Los publicitarios han conseguido que los lemas de los partidos sean perfectamente intercambiables entre sí. Vamos a ver, ¿por qué ese señor no puede votar con todas sus fuerzas al PP? ¿Y por qué ese otro no puede votar con la cabeza y con el corazón al PSOE? La moda de lo light ha llegado a los lemas. Estamos en la etapa del cero por ciento. Una campaña que en la cartelería aparece como baja en calorías ideológicas y sin contenido alguno en grasas extremistas, sin azúcar, sin alcohol, sin cafeína... y sin vergüenza. Porque todo lo que sobre el papel cartelero quieren vender se acaba cuando se le calienta la boca a uno y llama imbécil al de en frente, sabiendo que, quizá por serlo, a ANTONIO su vez no lo va a llamar criminal de EstaBURGOS do y corrupto, conceptos que no son insultos, sino meras descripciones de una cierta España que existió hasta ayer por la mañana; ya saben, mi teoría de la navaja cachicuerna frente al florete de esgrima. Lo malo no es que este Gobierno diga unas cosas y haga justamente las contrarias. Es que esta campaña lanza unos lemas que no tienen nada que ver no sólo con la realidad: ni con los partidos que los proclaman. Iba servidor el otro día en coche por una avenida larga, muy larga, empetadita de cartelería electoral, y de pronto me llamó la atención un lema en una valla inmensa. Decía más o menos: Con nosotros puedes ir a mejor y tocarás la perfección Hombre- -me dije- ¿qué partido será éste que se acuerda de un concepto tan políticamente incorrecto como el culto a la excelencia en la España del todo vale? No era, claro, ningún partido. Era el anuncio de un coche. Coches de los que esta valla es una excepción, porque en lo que respecta a su publicidad por la televisión, a esas minipelículas que son ahora los anuncios que te cuentan en un periquete toda una novela, que acaba con una coletilla de incitación a la compra, los anuncios de coches arrancan como si fueran de maquinillas de afeitar; y los de maquinillas de afeitar, como si fueran de un yogur; y los del yogur, como si fueran de una cera depiladora para señoras. Un lío. Y en esa pasarela Cibeles de la publicidad política, los diseñadores han impuesto en la dictadura de la moda que este año se lleven los gráficos en los debates. Los líderes políticos no debaten: se enseñan gráficos unos a otros. Se pegan con los gráficos en toda la cara. Solbes y Pizarro tienen la culpa. Empezaron a graficazo del PIB limpio, y ya hasta en los debates nacionales a siete o en los cara a cara de la señorita Pepis y del señorito Chaves de las elecciones andaluzas, como te descuides te pegan en toda la boca con el gráfico de la evolución de las VPO o del incremento del paro. Mañana hay combate de gráficos, digo, partido de vuelta del cara a cara de Rajoy y Zapatero, ¿será por cara? Por favor, señores, llámense lo que quieran, pero sean ya un poco originales, y hagan el favor de no sacarme un solo gráfico económico más, que estamos de sus gráficos de ustedes hasta los mismísimos productos interiores (interiores de la entrepierna) y se nos está poniendo a todos cara de periódico en papel salmón. Y si quieren de verdad romperse la cara a graficazo limpio, no sean tan ilusos de creer que así tal como los sacan ustedes por impresora, una puta mierda, los puede ver alguien. Hombre, por lo menos que esos gráficos sean tan inteligibles como el mapa del tiempo, a toda pantalla de la tele, y no así, de cagalástima, visto y no visto, que no sabe uno si la barra roja corresponde al empleo o es la marcha del Sevilla en la Liga, y si la barra verde es el paro o el número de socios del glorioso Betis. Por favor, mañana, no más gráficos, señores. Si, total, gane el que gane no nos vamos a librar de la ruina que tenemos en todo lo alto y peor que se va a poner, uf, lo negro que viene por ahí...