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88 TOROS SÁBADO 1 s 3 s 2008 ABC (Viene de la página anterior) ciles lances y un torero tercio de banderillas, aunque desigual. La faena, por ambos pitones, contuvo bellos muletazos y, sobremanera, estuvo plagada de pinturería. El arte en mayúsculas desató el delirio y la emoción. Le pidieron con fuerza las dos orejas, pero el presidente sólo otorgó una. Las actuaciones de El Pana transcurrieron entre la división de opiniones. Faena sui generis al inválido primero, que se derrumbó en varias ocasiones y dificultó el toreo. Claro que toreo hubo poco, salvo algún muletazo con el mando a distancia. Sí abundaron las carreritas y los saltitos, cual bailarín. Más esperpéntico resultó el arranque frente al sobrero: dos pérdidas de capote y complicaciones para saltar al callejón. Aunque con su ilusión demostró que la juventud es en parte un estado de ánimo, 56 años, con su primaveras y sus otoños, son una edad considerable para ponerse delante de un toro. Lo intentó con estetercero bis en una actuación variada y aseada, pero con una manera peculiar de estirar el brazo, cual pescador con su caña. Pintoresco, con pasajes de originalidad y guiños teatrales a la galería, buscó agradar ante el estupendo quinto, pero El Pana no conectó. Al final, elartedeMorantesobrevivió en una tarde de tintes surrealistas y esperpénticos, con escenas propias de la magna obra de Valle- Inclán: espectáculo con luces de bohemia Atrapados por el tráfico en una calesa y un Rolls Ante el asombro de todos, El Pana se dirigió a la antigua Chata en faetón con tronco de caballos blancos y Morante de la Puebla en Rolls- Royce. Revuelo en las calles de Carabanchel, desde el hotel Praga hasta el Palacio de Vistalegre. La gente contemplaba atónita los dos carros, especialmente la calesa- -con las guarniciones típicas españolas y herraduras de goma para avanzar por el asfalto- que había paseado a actrices como Paz Vega. El Pana viajó en este carruaje pidiendo guerra como Raquel Meller o Sara Montiel en el famoso cuplé de El Relicario Aquello traía aires de otros tiempos. En las calles de Antonio López y Castrogeriz la gente iba armada con cámaras de vídeo y fotos para captar el espectáculo. ¡Ándale, ándale! espetó al unísono un grupo de jóvenes, simulando el clásico grito de Speedy González, el ratón más rápido de México. Pero el tráfico de Madrid no andaba y atascó la calesa y el Rolls. La hora del paseíllo se acercaba y aquello no se movía. Tarde llegaban los dos toreros a la cita, que se retrasó finalmente. Ya se sabe que los genios no usan reloj. Pase de pecho de Miguel Ángel Perera, que cortó tres orejas EFE El bárbaro y arrollador sitio de Miguel Ángel Perera ZABALA DE LA SERNA CASTELLÓN. Miguel Ángel Perera ha arrancado el año con la misma fuerza atronadora con la que despidió la temporada anterior, en el punto exacto de la cucaña donde otros resbalaron. Perera ha despegado el vuelo 2008 con idéntico sitio, bárbaro y arrollador. Apabullante domador, escultor ojedista de toros este Miguel Ángel de Extremadura. Hace ochos, ovillos, nudos y desenlaces de las embestidas cómo, cuándo y dónde quiere. Y corre la mano por abajo con mando y tonos julistas. Está fino, en todos los sentidos, pues también físicamente se ha pulido. El resultado de tres orejas fue la cosecha. Fernando Domecq, el ganadero de Zalduendo, le debe aperitivo, comida, postre, café, copa y puro en el restaurante más caro de la Guía Michelín que se le ocurra a Perera. Bien es verdad que su lote fue el de mejor nota. Pero tampoco es menos cierto que el torero lo supo interpretar y exprimir hasta la última gota. De otra manera, ahora estaríamos hablando de la mansita, terciada, cuando no chica, corrida que envió don Fernando a Castellón. Por el tercero, abanto de salida, suelto del caballo, rajado demasiado pronto, nadie daba un céntimo de euro. Salvo el propio matador, que lo vio planear y abrirse fácil en el capote de un peón. Miguel Ángel Perera se clavó en el mismísimo pla- LA MAGDALENA Plaza de toros de Castellón. Viernes, 29 de febrero de 2008. Sexta corrida. Tres cuartos largos de entrada. Toros de Zalduendo, desiguales, de pobre trapío algunos (1 2 y 3 descastados en general; destacaron el rajadito 3 5 y 6 El Juli, de nazareno y oro. Estocada. Aviso (leve petición y saludos) En el cuarto, pinchazo y estocada (palmas) José María Manzanares, de grana y oro. Estocada (palmas) En el quinto, pinchazo, media tendida y descabello. Aviso (saludó en los medios) Miguel Ángel Perera, de tabaco y oro. Estocada pasada y desprendida (oreja y petición) En el sexto, estocada caída (dos orejas) Salió a hombros. Morante, en una soberbia media verónica IGNACIO GIL tillo y le cambio dos veces el muletazo por la espalda. Entre cada cambiado y los pases posteriores transcurría una eternidad, porque el toro se iba lejos, a su aire. Y tardaba en volver. Perera no movió un milímetro las zapatillas. Esperaba a que viniese el tren, le sacaba la muleta por aquí, por allá, por delante, por detrás, una y otra vez. Hasta que un cambio de mano crujió la plaza y metió al toro en el canasto. Desde entonces no lo soltó. Derecha, izquierda. Bien de verdad con la zocata, tan mandona como la diestra. El zalduendo terminó por desinflarse, entregado. Otra lección de asentamiento y quietud fue la impartida con el sexto. Se apretó por gaoneras y a últimas también por manoletinas, que no tienen dueño propio. Y, entre tanto, se explayó en redondo. Tres series de absoluto gobierno que limaron un incómodo tornillazo. El algún momento causó la sensación de pensar más en el siguiente muletazo que en el que estaba ejecutando, en cómo librarlo y ligarlo en lugar de disfrutarlo e imprimirle calidad. De nuevo otro cambio de mano restalló como un suave latigazo. El toro se había rajado. Perera siguió sobrado y lo mató, como antes, con contundente eficacia desprendida. El Juli anduvo arreado, valiente y muy por encima del frenado y áspero primero, al que, de no ser por su lenta muerte, le hubiera arrancado una oreja. El parado cuarto no valió ni para eso. Desesperante. José María Manzanares se quedó a las puertas también de tocar pelo, aunque en su caso le ayudó más el engatillado quinto, que, sin ser un dechado de clase, le sirvió para demostrar, con desigualdades, su empaque, sello inconfundible de la casa. Mató mal a éste y bien al que le dio escasas opciones de torear. La ley de Murphy. Que se dará la vuelta en cuanto se afine. Seis meses de parón y convalecencia no son pocos. www. zabaladelaserna. com