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82 CULTURAyESPECTÁCULOS SÁBADO 1 s 3 s 2008 ABC Para Fernando Beltrán, el oficio del poeta consiste en otra forma de mirar M. DE LA FUENTE MADRID. Dicen que el amor es ciego, pero para Fernando Beltrán pasear por la calle debe ser como una auténtica semana fantástica. También se dice que quien busca, halla. Y no cualquier cosa, sino Mujeres encontradas (Ed. Sinsentido) título del último poemario de este vate que antes vistió el hábito de la publicidad aunque sea todo un monje, lejanos ya aquellos días de 1982 en que obtuvo un accésit del Adonais por Aquelarre en Madrid El origen de estos versos se sitúa en los objetos (alambres en este caso) que el poeta va recogiendo por la calle, coleccionando con fe y paciencia de entomólogo. ¿Era Neruda quien decía que el amor no se busca, sino que se encuentra? En mi caso es así. De hecho, quizá sea eso la poesía. Encontrar, donde menos lo esperas, una llave, una palabra, una historia como cada una de estas Mujeres... capaz de abrir y abrigar un horizonte nuevo en tu vida Ya puestos a mirar, puede decirse que la poesía ha pecado de mirar demasiado al cielo, y olvidarse de la vida a pie de calle Mis hijas dicen que estoy siempre en las nubes- -continúa Beltrán- pero las nubes acaban lloviendo en las aceras, y mi primer juguete fue un charco. De cualquier forma, nunca voy mirando al suelo, tengo un extraño radar para sentir, por ejemplo, que hay una horquilla tirada, incluso en la acera de enfrente. Los que caminan a mi lado se quedan boquiabiertos, y yo mismo, con mis dioptrías a cuestas La publicidad es un mundo subyugante, pero me temo que también vampírico. ¿En algún momento le chupó la sangre de su poesía? Mi experiencia publicitaria apenas duró dos años, y mi oficio desde hace ya veinte es el de nombrador. Yo pongo nombre a un proyecto, una idea, una empresa, y luego a ese nombre se le añade marketing y una campaña publicitaria. No soy un creador de marcas, sino un simple nombrador Bonito oficio el de nombrador. ¿Qué encuentra innombrable? Un poeta no cumple su promesa si no cambia el nombre de las cosas... dice el chileno Nicanor Parra. Y es cierto que el poeta busca nombrar las cosas, los sentimientos, las pasiones, de una forma diferente. El oficio del poeta, para mí, es esa otra forma de mirar, de abrir los ojos hacia el exterior y hacia el interior de uno mismo Reina publica Poesía andalusí versos sin sombra de integrismo TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Su libro es una defensa de Al Andalus, unas páginas que incluyen el deseo de acabar con la divulgada convicción de que aquella identidad viene a ser un mito. Manuel Francisco Reina es autor de Poesía andalusí (Edaf) una recopilación de poetas de ambos sexos, que cuenta con un interesante prólogo que, a modo de ensayo, pone al lector al día de una etapa histórica que se prolongó durante siete siglos. El autor huye, como alma que lleva el diablo, de la banalización, pero confiesa que, aunque la ha desdeñado, tampoco aborda territorios eruditos y profesorales de lenguaje técnico, sino que ha elegido la transparencia que exige el lector que sin ser un gran conocedor del asunto, desea ampliar su saber. Para Reina, el fenómeno andalusí fue un hecho histórico sin precedentes y supuso en Europa, por su esplendor cultural, una suerte de Renacimiento antes del Renacimiento A través de una selección de poemas, el autor traza la realidad de Al Andalus: una cultura árabe sin sombra de integrismo, una convivencia entre gentes de religiones diversas, como signos más destacados. Cabría añadir, en opinión del colaborador de ABC, datos importantes como la autonomía de las mujeres, no sólo a la hora de la creatividad sino a la de quedar sin padre ni marido, y su aceptación social- -de hecho ha elegido entre otros poemas los de la princesa omeya Wallada o los de Hind, conocida como la divina doctora ¿Le suena este título? pregunta. Él mismo se responde: Hay que esperar hasta el siglo XVII para encontrar algo similar con Santa Teresa de Jesús Piensa, también, que el amor cortés que el chauvinismo francés ha tenido a bien apropiarse estaba ya en las casidas amorosas andalusíes y para probarlo cita a Ibn Hazm, el autor de El collar de la paloma que tradujo el gran arabista Emilio García Gómez, a quien rinde homenaje. Por citar otras casidas se refiere a las del amor divino, una poesía que alcanzó su cenit en el cristiano San Juan de la Cruz. Con respecto a la reivindicación que los integristas islámicos hacen actualmente de Al Andalus es tajante: Los entonces integristas, almorávides y almohades, fueron sus enemigos acérrimos AP A Misha no la habían adoptado los lobos No se llamaba Misha Defonseca sino Monique Dewael, ni su autobiografía: Misha. Una historia del Holocausto. Sobreviviendo con los lobos era tal, sino una ficción, como su autora ha tenido que confesar después de que el éxito del libro, publicado en Holanda, provocara demasiadas preguntas sobre la historia de una niña judía abandonada a la que habían adoptado los lobos. Francisco Brines: Leer poesía es como una drogadicción Penúltimo de la generación del 50, estrena una antología, Todos los rostros del pasado con selección de Dionisio Cañas MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Tal vez no sea un milagro, pero sí un encuentro en la tercera fase del sentimiento y la emoción volver a sentarse en torno al fuego de la palabra de un viejo y nunca antiguo poeta para celebrar la edición de una nueva antología sobre su obra, sobre lo que es también parte o el casi todo de su vida. El poeta, Francisco Brines, el nombre de la citada antología Todos los rostros del pasado (Círculo de Lectores Galaxia Gutenberg) y su autor, el también poeta y crítico Dionisio Cañas, quien resalta sobre la lírica del creador valenciano su mirada elegíaca y crepuscular, que vertebra un yo poético que va más allá del yo humano vital y personal. Una poesía totalmente actual, porque su mensaje es universal, como lo es el movimiento constante de los átomos, la eternidad del movimiento Brines, hombre ahora calmo y de palabra encendida, luminosa, marítima y profunda, degustador siempre de los caldos intensos de la vida, vuelve a sentirse con esta edición como un niño con los zapatos nuevos, como un vate estrenando página. Porque no hay que olvidar- -dice- -que a los poetas nos gusta estar bien editados, que al ver los versos pidan ser leídos Poeta de la pérdida y de la muerte porque amo la vida Francisco Brines considera que lo mejor que le puede ocurrir a un poema es ser elegido por el lector porque lo ha necesitado. La poesía ayuda a saber vivir porque es aprendizaje de la tolerancia, porque cuando la leemos no sólo buscamos encontrarnos a nosotros mismos, sino que con ella podemos abrazar a alguien que es lo contrario de nosotros, es un milagro estético que consigue que un adolescente pueda entender la vejez, o que un lector creyente vibre y se emocione con los versos de un agnóstico si es un gran poeta, un gran poema Poeta, sí, elegíaco, que explica (más bien sugiere) que siempre he escrito poemas, más que libros sabedor, a estas alturas de su vida y de su obra de que la felicidad es a menudo una tarde en la que no ha sucedido nada desanda los caminos de la memoria Se borraban los astros en el amanecer y, con la luz que fría regresaba, furioso y delicado se iniciaba el amor. Hoy parece un engaño que fuésemos felices Al modo inmerecido de los dioses. ¡Qué extraña y breve fue la juventud! y contempla el mundo desde la serenidad, desde un atardecer en calma: Estoy en la casa de lainfancia, solo, esperando el final, porque la poesía es un círculo y el círculo se cierra De paso, insiste en Luzbel: Si hay infierno allí debería ir a parar su creador. Nosotros bastante tenemos con decidir a tientas, chocando con todo, sobre la marcha Curioso, pero cierto, Francisco Brines, que vive ahora a la sombra del otoño de las rosas se muestra deudor de tres prosistas como Gabriel Miró, Azorín y Gómez de la Serna, y también subraya, con convencimiento y esperanza, que los lectores de poesía son una suerte de drogadictos, y estoy totalmente convencido de que ellos son los verdaderos creadores del poema y que afortunadamente, la poesía está volviendo a tocar al hombre y resalta ese arcano demiúrgico que para él sigue siendo la lírica: La poesía es imprevisible. Aunque todos los hombres fuesen poetas no alcanzarían a dar una visión de la poesía porque sólo le arrancamos jirones Jirones sobre la piel de todos los rostros del pasado, un secreto esplendor que aún no es ceniza y nadie puede ver, y que este ciego roza lleno de ardor, con las manos tendidas Una suerte de Renacimiento Poemas más que libros