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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE Las condiciones de sequedad, viento frío e insolación determinaron desde antiguo la fabricación de la Viande séchée una cecina típica del Valais que se remonta al s. XIV y que se hace con carne de vaca suiza marinada en sal y especias. Deliciosa. No todo es chocolate en Suiza Carne desecada Raclette de queso Vinos blancos resto de la estación. Una opción es tomar el atajo de Col du Pochet pista negra, pero compasiva, que nos llevará sin incidentes hacia Barzettes- Violettes En la parte alta de Les Violettes podemos enlazar con el descenso más espectacular de Crans Montana, el que arranca desde el glaciar de Plaine Morte a 3.000 metros para terminar a 1.500 m. en Les Barzettes Toda una experiencia mística bajar durante quince minutos sin más freno que las sufridas piernas de uno; pero por eso es mejor dejarlo para más tarde y calentar antes con una bajadita a través de una zona de cañones conocida como Colorado Ya habrá tiempo para volar desde el glaciar o incluso aventurarnos con las pocas pistas negras que se concentran en La Toula Eso sí, no las deje para muy tarde porque la insolación hace que la nieve vaya perdiendo calidad conforme avanza la jornada. Desde La Toula se puede enlazar con el último sector, y también el más pequeño, el de Aminona que aunque cuente con un par de pistas rojas y azules está más dedicado a la travesía, los trineos y las raquetas de nieve; una advertencia aquí, si al final toma la pista de La Cure lo que es casi inevitable, llegará a un aparcamiento y tendrá que quitarse los esquís hasta el remonte que sube a Petit Bonvin desde donde se enlaza con Violettes- Barzettes por La Tza y Les Taules por cierto, aquí puede regalarse una raclette de queso en Cabana des Taules que es su especialidad. Pero todo esto son simplemente sugerencias, porque si lo que le va es pasar de todo y lanzarse a la aventura, no se preocupe: Crans Montana es una estación noble y sin sorpresas. Únicamente tenga en cuenta que la zona baja, aunque se encuentre entre bosques, sufre con el sol y a última hora vuelve a congelarse la nieve y puede presentar unas condiciones incómodas. Por cierto, y sin poner en duda que el esquí es lo único; bueno... casi lo único, no desaproveche la oportunidad de practicar las otras actividades- -snowtubing, snowbikes, snowkarting- -que ofrece este fabuloso dominio. La de la ascensión nocturna con raquetas de nieve, con degustación en una cabaña tradicional valonesa de quesos artesanales y vinos, es más que interesante. Eso sí, y esto no digan que lo leyeron, cuando insistan en cantarle las excelencias de sus vinos tintos, sea comprensivo con quienes le trataron fabulosamente y asienta convencido. Pero para cenar pida un vino blanco, un Petite Arvine, por ejemplo; tiene un maridaje glorioso con la raclette o la fondue. LUGAR DE LA VIDA La tala urante toda la semana ha estado pasando un tractor con pluma remolcando troncos recién cortados. Yo lo veía desde aquí, sin levantarme de la mesa. Primero se oía el ruido del tractor renqueando, porque no es fácil transportar un bosque hecho pedazos, y después aparecía dando la curva, tomando impulso para subir la cuesta que lleva al paso a nivel del tren, y ahí mismo, donde hasta poco había una señal con aspas que advertía del peligro, se detiene unos minutos a descargar con la pluma los troncos. Y regresa de vacío, ligero como un pájaro. Y otra vez vuelve a pasar, cada vez con leña de menor diámetro. Y cada vez con más tierra en las ruedas. Y estos terrones recuerdan a las toperas del topo en los pastos. He seguido a pie este rastro para ver donde estaban trabajando, pero hasta donde me he atrevido a llegar, no se oía ni el sonido de moscardón de la motosierra que delata, como un pájaro carpintero tamborileando con su pico, donde está el pinar que están talando. Porque son pinos. Y los troncos tienen esa corteza de coriáceas escamas que, si se echan en los jardines, no dejan crecer a las plantas silvestres. Lo mismo sucede con las acículas, sus hojas con forma de aguja, que deben de estar impregnadas con la misma sustancia ahuyentadora de otras especies porque, donde caen, no permiten que medre otra cosa más que esta pinocha que son las hojas de los pinos. Y puede que sea esta sustancia aromática la que deja también el tractor cuando pasa, porque un árbol talado, sigue oliendo como si estuviera vivo, y a veces incluso más que si viviera. En ocasiones, al ser ésta una zona maderera, si estoy a barlovento, no sólo llega hasta aquí el olor del árbol que están cortando, sino su sonido al caer entre las ramas de los que aún están en pie; y por ese ruido al caer, sé de qué árbol se trata. No sólo en la forma de vivir, también al morir, son distintas las especies. Y ahora que ya no pasa el tractor, porque ya terminó su trabajo aunque yo siga aquí escribiendo, ha quedado en el camino un olor a pino, como si del espíritu del bosque se tratara. www. monicafernandez- aceytuno. com Glaciar imponente D Su nombre viene de racler (raspar) Para este plato se utiliza un queso semicurado elaborado a partir de leche cruda de vaca que se parte por la mitad y se extiende frente a las brasas; se sirve fundido con pequeñas patatas asadas y encurtidos. Mónica FernándezAceytuno La tradición vitivinícola en el Valais viene de antaño y cuenta con variadas cepas autóctonas. Aunque tienen tintos aceptables, lo suyo son los blancos. Entre las variedades más reconocidas se cuentan la Petite Arvine, con un característico toque salino y perfecto para combinar con quesos; L amigne, con toques afrutados de mandarina y matices de miel y nuez fresca; L humagne blanche, con probados efectos medicinales y reconstituyentes, y La Réze, una de las cepas más antiguas y, por ello, con un carácter que, como los anteriores, mejora mucho al envejecer. Las actividades para los niños están especialmente cuidadas en Crans Montana, donde es imposible que se aburran Hoja de ruta del alpinista La principal razón por la que descartamos ir a esquiar a Suiza es la pereza mental de pensar en una interminable secuencia de aeropuertos y estaciones. Pues bien, rompa con viejos tabús y escuche: en el mismo tiempo que invertimos en llegar en coche a los Pirineos nos podemos plantar en Crans Montana desde Barajas, y los precios del billete van desde los 41 euros hasta los 169, dependiendo de si se vuela a Ginebra o Zurich desde Barcelona o Madrid. Si aterriza en Zurich, la secuencia va rodada. Desde el aeropuerto se accede directamente a la estación de tren, donde espera el convoy para ir a Visp (en dos horas y media) y allí cambiar de tren para llegar en 20 minutos a Sierre. Aquí se puede coger un autobús gratuito de SMC hasta el funicular que sube a Montana y, arriba, coger un taxi (son caros) hasta el hotel. Para no cargar con equipaje podemos facturarlo hasta destino final en Suiza con el servicio Fly- Rail, por poco más de 13 euros por pieza. Cuesta más leerlo que hacerlo, créanlo, y la comparación en pistas es odiosa. Para alojarse, una buena elección es el hotel Mount Paisible, La cocina es afrancesada y deliciosa pero pelín reducida para un voraz estómago post esquí. Pides pan y mantequilla, que es una locura, y resuelto; además, está a cinco minutos andando del telecabina de Violettes- Barzettes donde al atardecer monta un puesto un paisano con unos quesos y embutidos que quitan el hipo. Para tomar una copa, cenar o comprar ropa vaya al New Haven, mezcla de cocina japofusionada música y moda hasta altas horas de la noche.