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ABC VIERNES 29- -2- -2008 87 LA CONSPIRACIÓN POR BANDERA El nacimiento de una nación que se han visto nunca en la Casa Blanca, al menos en la ficción. Los malos (extremistas en 1962 y multinacionales en 2004) le lavan el cerebro con intenciones nada limpias, valga la paradoja. Muerte de un presidente Al principio, fue Griffith. El reinventor del lenguaje cinematográfico lo inauguró casi todo con esta película fundacional, incluido el nuevo deporte nacional, asesinar al presidente. Lincoln nunca debió ir al teatro de la imagen para ver El primo americano JFK, caso abierto Si hay alguien a quien le gusta mostrar su punto de mira sobre cualquier asunto, ese es Oliver Stone. El director sigue al juez Garrison (Kevin Costner, en el centro) cuyas investigaciones no dejan lugar a dudas sobre la existencia de un complot para matar a Kennedy. Genial el camaleónico Gary Oldman. La víctima es Bush, sí. El documentalista Gabriel Range amañó unas cuantas imágenes de archivo y las vistió con falsas entrevistas con tanta habilidad que su relato de un supuesto atentado contra el todavía líder del imperio le sirvió para hablar de sucesos que ni se mencionan. Huelga decir que la cinta fue boicoteada por el poder político, con éxito parcial; se pudo ver en las grandes ciudades y fuera de los Estados Unidos. Shooter: el tirador En la línea de fuego Nos faltaba la visión del hombre que aprieta el gatillo. Pese a lo que pueda parecer por la fotografía, en realidad Mark Wahlberg es el bueno, pero los conspiradores lo engañan como a un americano y consiguen hacer de él un nuevo Lee Harvey Oswald. Su objetivo será esquivar a todos los Jacks Rubys que lo persiguen. En el punto de mira EE. UU. 2008 90 minutos Género- -Intriga DirectorsPete Travis ActoressDennis Quaid, Forest Whitaker, Eduardo Noriega, Sigourney Weaver, William Hurt, Matthew Fox Ándele, charros JAVIER CORTIJO Ahora que corren por el carril central los pensamientos únicos y los bipartidismos gazmoños (me gusta esta palabra) no está mal que esa fábrica de unilateralidades llamada Hollywood sirva un filete poliédrico con más caras que una colección de sellos. Desde luego, el chiste estructural del filme es de trivial, quesito rosa, capítulo primero -verbigracia, dibujar un mismo suceso, en este caso el atentado al presidente yanqui, desde las perspectivas de los personajes implicados, estilo Rashomon pero al novato Pete Travis se le nota el buen nervio televisivo a la hora de agarrar por el pestorejo, o cerviguillo, la atención del espectador y colocarle en sus distintas balizas narrativas. Bueno, más bien lo consigue hasta que llega la cuarta o quinta cuenta atrás, y uno empieza a estar algo harto de los mismos salmantinos de Tijuana con las banderitas, el mismo sospechoso ventanal entornado y el mismo placaje brutal (se nota que a Quaid le mola el fútbol americano) al pobre Eduardo Noriega. Así que, como siempre, se impone jugar a los parecidos razonables: Sigourney Weaver con Mercedes Milá, William Hurt con el Rey, Forest Whitaker con Pedro Solbes... Por fin se acaban las dichosas contrarrelojes y Travis nos cambia los ojos de mosca por las gafas bifocales: dobles presidentes, dobles terroristas, dobles persecuciones... Todo, eso sí, a buen ritmo y mejor comba. Y casi hasta ahí podemos leer, porque En el punto de mira es, con permiso de Abre los ojos el rey del cinespoiler tiene tantos agujeros, patinajes e incongruencias, detallados en foros internautas, que es imposible apuntarlos sin destripar (o espoilear su argumento en el tramo final. En resumen: noventa minutos de pirotecnia y olvido, como las novelas- bonobús que decía el otro día Goytisolo. Que los guardaespaldas son falibles lo demuestran Clint Eastwood y los hechos. John Malkovich está empeñado en que se repita la historia, mientras el presidente, Jim Curley, desempeña esta vez un papel de comparsa. Cuatro años después, Petersen convertiría al mandatario en un protagonista de acción en Air Force One 24 El mensajero del miedo El arte no se detiene ni ante la tele. Nadie ha entregado tantas veces su vida por el presidente como Jack Bauer, personaje que le sirvió a Kieffer Sutherland para levantar su carrera. Cierto que su Unidad Antiterrorista era un desastre, pero nadie negará que Palmer (en la imagen, con su poco fiable esposa) ha hecho más por Obama que todos sus asesores juntos. John Frankenheimer primero y Jonathan Demme después contaron una de las conspiraciones más retorcidas