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ABC VIERNES 29- -2- -2008 Las Cosas del surrealismo inundan el Museo Guggenheim de Bilbao 81 El director del Prado, atendiendo a los medios de comunicación algo similar a lo que pasó ayer: se condensó el agua en los equipos de climatización del museo. Durante el tiempo que duraron aquellas obras en las cubiertas se produjeron al menos cuatro filtraciones de agua por diferentes causas. En aquel momento, el Ministerio de Cultura respaldó a los responsables del museo y responsabilizó de los incidentes a la empresa que llevó a cabo las obras. Dos años antes, y a causa de las fuertes lluvias, se había acumulado agua en las cubiertas del museo, colándose en la Galería central del Prado, donde se hallan algunos de los tesoros del museo. Pero las goteras más célebres del Prado fueron las de 1993. El 18 de octubre de ese año el entonces director del Prado, Felipe Garín, presentó su renuncia, tras haberse producido unas aparatosas goteras en las salas XII y XIV donde se mostraban nada menos que obras maestras de la talla de Las Meninas y Las Hilanderas El escándalo fue mayúsculo. Tras salir a la luz la noticia de las goteras, Garín manifestó que esta clase de incidentes ocurrían en los mejores museos del mundo y que no era necesario dramatizar, porque también hay goteras en la mayoría de las casas Días después presentó su dimisión. Parece que ningún director del Prado está libre de la maldición de las filtraciones de agua. Ni con cubiertas nuevas, ni con la pinacoteca recién ampliada deja este museo de hacer agua. Y, como llueve sobre mojado en los museos, hay que aguantar el chaparrón. DANIEL G. LÓPEZ Museos con el agua al cuello N. P. MADRID. ¿Son nuestros museos impermeables? Visto lo visto, hay más que dudas razonables para al menos cuestionarlo. Si las goteras son históricas en el Prado, hay otro museo que sabe bien lo que es estar con el agua al cuello. Hablamos del Reina Sofía. En verano de 2005 una manguera con agua a presión olvidada en la terraza del nuevo edificio de Jean Nouvel, sobre una de las nuevas salas de exposiciones temporales, estuvo a punto de provocar una catástrofe: hubo filtraciones de agua en un espacio donde colgaban importantes obras de Juan Gris, cedidas por los más importantes museos de todo el mundo. Y unas de esas goteras cayó sobre Frutero y periódico propiedad de la Academia de Bellas Artes. Aunque desde el museo siempre se dijo que tan sólo había caído agua sobre el marco y no sobre el lienzo, lo cierto es que la zona inferior del paspartú de la obra estaba manchada. Parece más que imposible que esto ocurriera si no hubiera resbalado el agua por la superficie del cuadro. En abril de 2006, unas fuertes lluvias provocaron filtraciones en los nuevos almacenes del Reina Sofía (suerte que estaban vacíos; algo bueno debía tener el retraso en ocuparlos) y humedades en una sala de depósitos de libros de la flamante biblioteca de Nouvel. El resultado, más de treinta libros estuvieron aireándose con ventiladores (hecho del que ABC se hizo eco gráficamente) por temor a las esporas y los hongos, y, según el museo, tres portadas humedecidas. La entonces directora del CARS, Ana Martínez de Aguilar, se vio obligada a desvelar ante la Comisión de Cultura del Congreso, la existencia de deficiencias constructivas en el diseño y ejecución de la cubierta y en el sistema de evacuación de aguas. Hubo entonces que revisar todas las cubiertas recién estrenadas y hacer una inspección integral de todas las instalaciones. Pero no acaba ahí la aventura acuática del Reina Sofía. En octubre de 2006 se inundó el Palacio de Cristal del Retiro (una de las dos sedes del Reina Sofía fuera del museo) -hubo que anular la inauguración de una muestra de Wolfgang Laib- -y una bajante provocó filtraciones en los espacios que hay sobre la sala dedicada a Dalí. Mientras los agricultores de toda España rezan a San Isidro para que llueva, los directores de los museos deben haber puesto una vela al santo para que se deje de milagros. Y a todo esto, Bigas Luna acaba de inaugurar en el IVAM una exposición en la que funde agua, sangre y leche. También son ganas de provocar... Goteras históricas Aguas sin evacuar DANIEL G. LÓPEZ que, según algunos especialistas, por ser una roca muy porosa y por su naturaleza minerológica calcárea tiene una escasa resistencia al desgaste. El Prado achacó en su día los problemas a que el suelo de las salas de la ampliación ha tenido que soportar en los meses pasados la entrada de maquinaria para realizar los trabajos para el acondicionamiento de los nuevos espacios. La ampliación del Prado fue realizada por la Unión Temporal de Empresas ACS y Constructora San José, a la que después se unió Dragados Obras y Proyectos. Al presupuesto inicial hubo que añadir primero 13,5 millones de euros por el cambio de calidades de los materiales. Después hubo un nuevo proyecto reformado del edificio de Moneo para el que fue necesario incluir un nuevo presupuesto de 52,2 millones de euros, que se sumó a los 61,5 millones ya presupuestados. En total, el proyecto de ampliación del Prado ha costado 152 millones de euros. Un presupuesto que parece insuficiente para haber evitado que los materiales se desgasten y los sistemas de climatización no fallen. El Museo del Prado ya sufrió, antes de que se acometieran las obras de ampliación, graves problemas con el agua. En 1999, con Fernando Checa como director, una filtración de agua en las cubiertas del museo, que habían sido reformadas con un costo de 3.000 millones de las antiguas pesetas, obligó a cerrar parte de la Galería central del museo. Ocurrió Filtración en las cubiertas