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84 JUEVES deESCENA JUEVES 28 s 2 s 2008 ABC CRÍTICA ESCENA INTERNACIONAL s NUEVA YORK Rey Lear Autor: William Shakespeare. Versión: Juan Mayorga. Dirección: Gerardo Vera. Escenografía: G. Vera y Ricardo Sánchez Cuerda. Vestuario: Alejandro Andújar y G. Vera. Iluminación: Juan Gómez- Cornejo. Música: Luis Delgado. Intérpretes: Alfredo Alcón, Jesús Noguero, Pedro Casablanc, Carme Elías, Cristina Marcos, Miryam Gallego, Juli Mira, Albert Triola, Luis Bermejo, Víctor Pi, Chema Ruiz, Chisco Amado y Abel Vitón, entre otros. Lugar: Teatro Valle- Inclán. Madrid La quinta columna llega de Madrid a Nueva York Una de las dos únicas piezas teatrales de Ernest Hemingway se ha estrenado setenta años después de ser escrita ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Hay obras que nacen malditas. La quinta columna uno de los dos únicos textos que Ernest Hemingway escribió para el teatro, es una de ellas. Por si fuera poco escribirla en 1937 en el hotel Florida de Madrid, mientras llovían las bombas, ha tenido que esperar más de setenta años para ser estrenada. Ocurrió este martes en el Mint Theater de Nueva York. Jonathan Bant dirige la función. ¿Cómo es posible que a Ernest Hemingway le costara tanto estrenar una obra de teatro? Hemingway y la leyenda dicen que un primer productor teatral que había adquirido los derechos se murió de repente. Que otro productor no consiguió financiación, etcétera... ¿Pudieron tener algo que ver el tema de la obra, el desenlace de la guerra española y el estallido de la segunda guerra mundial? El protagonista de La quinta columna Philip Rawlings, es un agente norteamericano de contraespionaje que ayuda a la República y que vive en el hotel Florida de Madrid, como el autor; quien, por cierto inmortaliza en el título de su obra la expresión que los defensores del Madrid republicano aplicaban a los partidarios de los insurrectos que había dentro de la ciudad, en su propia retaguardia. En este marco pergeña Hemingway una obra que ni el más encendido de sus admiradores situará jamás entre sus mejores textos. Y sin embargo él la defendió siempre, afirmando que La quinta columna tenía los defectos, pero también las virtudes de algo escrito mientras entra metralla por la ventana de tu habitación. Leída con buenos ojos, rebosaba autenticidad. Con ojos no tan buenos, era apresurada y hasta tosca. Este último criterio fue el que se impuso cuando, corriendo el año 1940, la histórica sociedad Theatre Guild, fundada en 1919 en Nueva York, precisamente, para garantizar la representación de obras americanas no comerciales y obras extranjeras- -es significativo cómo se agrupaban ambas categorías- asumió la responsabilidad de montar La quinta columna bajo la dirección de Lee Strasberg. Como Hemingway se negaba a retocar su obra al gusto del Theatre Guild, finalmente se encargó el trabajo sucio a Benjamin Glazer, un guionista de Hollywood. Éste acabó reescribiendo la obra hasta tal punto que se estrenó como una adaptación de Glazer de un texto de Hemingway, no como una obra original de éste. Hemingway nunca perdonó aquella versión bastarda Le dieron la razón desde la crítica teatral de la época hasta el propio Lee Strasberg, que estuvo a punto de provocar otro cisma en el Theatre Guild al luchar casi escena a escena por recuperar el texto de Hemingway y tirar el de Glazer a la basura. Admitía Strasberg que La quinta columna no era lo más logrado que sobre el papel había visto nunca. Pero a la vez insistía en que sobre las tablas ganaba mucho. Por fin, sesenta y un años después de aquel estreno y setenta y uno después de su escritura a salto de mata en el hotel Florida de Madrid, La quinta columna de Ernest Hermingway se ha estrenado en su integridad en un teatro de Nueva York. La leyenda está cumplida. Espejo del mundo JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Parece que Shakespeare, siempre con tan buen olfato en la búsqueda de argumentos que llevar a escena, pescó el de El rey Lear en la nutricia Historia de los Reyes de Britania de Godofredo de Monmouth, un fascinante mamotreto del siglo XII (existe una reciente edición de bolsillo en Alianza) en el que hechos históricos y leyendas se entreveran inextricablemente, y en el que, a su vez, se recogen ecos más antiguos: en la mitología anglo- irlandesa, hay un rey Ler, Leir o Lyr cuya genealogía se remonta al troyano Eneas; de él habló también Raphael Holinshed en 1577, en sus Crónicas de Inglaterra, Escocia y Gales y los especialistas citan, entre otras referencias, una pieza teatral de ignoto autor unos años previa- -al parecer se estrenó en 1594- -a la redactada por el Bardo en 1605. En cualquier caso, el Lear paradigmático que reina en los escenarios universales es el de don William, que concibió en torno a la figura del viejo monarca la que es considerada su mejor obra, una magistral combinación de lo trágico y lo grotesco, de indagación en las miserias de la condición humana y de fe en la fuerza final de la piedad y la expiación. El perfil del soberano se alza como espejo de la ceguera del ser humano, tantas veces incapaz de ver lo que parece ob- Alfredo Alcón ABC El Lear de Alfredo Alcón es monumental, una creación de antología irisada de infinitos matices, en la soberbia y en la humillación, en la recuperación de su ser esencial impelido por el dolor infinito vio, obcecado en despeñarse desde los acantilados de su soberbia; así, el poderoso rey que renuncia al trono no aprecia la actitud desinteresada de su hija menor, anegado como está de ciega infatuidad, en contraposición a su fiel Gloucester, al que sacan los ojos y que, sin embargo, mira más allá de ese territorio que no ve. Con su pluralidad de lecturas políticas, psicológicas, sociales, de descomposición de la familia y como mapa de la ambición, Rey Lear resume el gran teatro del mundo, un panorama sombrío iluminado por insólitas abnegaciones y lealtades que destacan en el abigarrado muestrario de bajezas. Juan Mayorga firma un versión muy fluida, flexible, directa, que recoge la complejidad del gran texto y explicita sus líneas de tensión. Gerardo Vera la dirige con solvencia, con un buen tono general en el que se alternan los momentos espléndidos con alguna caída de ritmo en las escenas colectivas. Un montaje lujoso y oscuro, en el que la escenografía del propio Vera y Sánchez Cuerda transmite la atmósfera ominosa de la tragedia con el auxilio de la matizada iluminación de Gómez- Cornejo. El Lear de Alfredo Alcón es monumental, una creación de antología irisada de infinitos matices, en la soberbia y en la humillación, en la recuperación de su ser esencial impelido por el dolor infinito; su reencuentro con Cordelia (luminosa Miryam Gallego) es memorable. Junto a él se alza el poderoso Edmond de Jesús Noguero, bello tenebroso y resentido, pariente de Yago en su sinuosa abyección, otra gran creación actoral. En el conjunto del amplio reparto, que se desenvuelve con altibajos notables, destacan también el Gloucester de Juli Mira, el Kent de Pedro Casablanc y, más en las escenas de pesar que en las de normalidad palaciega, el Edgard de Albert Triola. Gana sobre las tablas MORENO ESQUIBEL María Esteve se mete En la cama El teatro Arriaga de Bilbao acoge hoy el estreno de En la cama adaptación teatral del guión de Julio C. Rojas que llevó al cine Matías Bize. Tamzin Townsend dirige esta obra, que protagonizan María Esteve y Roberto San Martín, y para la Antonio Orozco- -que actuará hoy en directo- -ha escrito la música.