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ABC JUEVES 28 s 2 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 81 Balthus, belleza y erotismo contra la tiranía de las máquinas Mañana se cumple el centenario del nacimiento de Balthus, como se conoce a Baltasar Klossowski de Rola (1908- 2001) uno de los grandes genios de la pintura del siglo XX POR JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. Hostil al canon oficial de las vanguardias, consagrado a la heroica defensa de las viejas artesanías amenazadas del dibujo, la pintura al óleo, convencido con cierta coquetería que la pintura moría con su obra, el legado de Balthus no ha dejado de crecer, para convertirse, con el de otros maestros, como Hopper, Morandi o Ramón Gaya, en una encrucijada para quienes aspiran a rescribir la historia del arte contemporáneo. Desde muy niño, Balthus estuvo condenado al destino de los mártires de la religión laica del Gran arte. Su padre, Erich Klossowski, noble polaco, historiador del arte y decorador, fue gran amigo de muchos de los maestros que pasaban por París a primeros del siglo XX. Su madre, Baladine Klossowska, estuvo locamente enamorada de Rilke, con el que Balthus y su hermano Pierre Klossowski (otro genio subversivo) se iniciaron a la poesía. Por los sucesivos domicilios parisinos de la familia y la madre, en Francia, Suiza e Italia, pasaron Bonnard, Derain, Maurice Denis... El primer crítico de la pintura de Balthus, todavía niño, fue el Rilke que ya trabajaba en las Elegías- -el monumento máximo de la poesía alemana del siglo XX- que consagró al hijo de su amante un legendario texto que inaugura una bibliografía excepcional, en la que figuran media docena de genios. Antonin Artaud, Giacometti, Albert Camus, André Malraux, incluso Picasso, tuvieron hacia Balthus palabras de un inmenso respeto. Por su parte, Balthus fue desde niño un aristócrata libertario. Abandonó todos las escuelas, para consagrarse al estudio solitario de Piero della Francesca, en Arezzo, y de Masaccio, en Florencia. De vuelta a París, vivió varias apasionadas historias de amor, erotismo y pintura, que nos dejaron un monumento memorable: su correspondencia amorosa con su primera esposa, Antoinette de Watteville. Contemporáneo de todas las vanguardias, en un París colonizado por las rupturas dadaístas, surrealistas, etc. Balthus decidió, como Ramón Gaya, por los mismos años, alejarse rápidamente de las tentaciones de tales abismos, para consagrarse al gran arte de vivir y pintar. Cuando las modas se sucedían de manera vertiginosa, en París y Nueva York, antes, durante y en la inmediata posguerra de la última gran guerra mundial (1939- 1945) Balthus se refugió en la Borgoña profunda, donde pintó paisajes y escenas eróticas. Reconocido como un maestro excepcional por Picasso, desde siempre, la gloria final de Balthus llegó relativamente tarde, con las grandes retrospectivas de la Tate (1968) y el Centro Pompidou (1983) Entre esos quince años comenzó, al mismo tiempo, una revisión del puesto de Balthus en la historia de la pintura contemporánea y una revisión en curso del canon contemporáneo. Con la gloria, Balthus se exiló definitivamente. Había vivido 16 años en Roma (1961- 1977) donde intimó con Federico Fellini, como director de la Academia de Francia, gracias a una decisión personal de Malraux. Nunca volvería a París. Su nueva familia, con Setsuko Klossowska de Rola, se instaló definidamente en la Rossinière, entre Francia y Suiza, centro de peregrinación. Balthus creía que la vida del espíritu estaba amenazada de muerte. Sus armas de trabajo en defensa de la identidad humana fueron el erotismo y el gran arte. De joven, le decía a su primera esposa, Antoinette, que el erotismo era la única forma de luchar contra la tiranía de las máquinas. Ya anciano, su segunda esposa decía de su obra que el erotismo era su manera de buscar y contemplar la eternidad de la luz y la belleza. Más información sobre el pintor: http: www. fondation- balthus. com Balthus, en una imagen junto a su segunda esposa, Setsuko ABC La gloria le llegó tarde