Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 27- -2- -2008 El TS reprocha al TC que desconozca su esencia al absolver a los Albertos 11 El PP se atribuye el logro de dejar en evidencia al auténtico Zapatero La oposición achaca su desventaja en el debate del debate al poderío mediático del PSOE ÁNGEL COLLADO MADRID. En la dirección del PP están satisfechos con el resultado del debate porque Rajoy se impuso a Zapatero y colocó el grueso de sus mensajes principales, además de hablar de las auténticas preocupaciones de los ciudadanos pero son conscientes de que el efecto del programa sobre la intención de voto es limitado y de difícil evaluación. Sobre todo, ante la nueva exhibición de poderío mediático que hizo el PSOE en cuanto acabó el debate, por habilidad, capacidad de influencia y control directo sobre muchos medios. En el PP ya contaban con que tenían más difícil salir como ganadores en el debate sobre el debate que el propio Rajoy triunfar dialecticamente sobre Zapatero. No hay más que ver las encuestas a pie de programa. De todas formas, la magnitud y la falta de argumentos en el despliegue de ministros y dirigentes del PSOE para hablar de lo bien que estuvo el presidente del Gobierno y lo mal que lo hizo el jefe de la oposición demostró que la consigna socialista era tapar la floja actuación de su candidato, en el fondo, en la forma, y hasta en el gesto tenso y la mirada torva. En plena campaña, sólo de puertas adentro pueden reconocer en ambos partidos los errores de sus jefes en el debate, pero tampoco convenció entre algunos dirigentes del PP la carta final a la niña española del cierre del programa que leyó Rajoy, un tanto cursi. Para los estrategas del partido, la principal virtud del debate es que los electores, nada menos que 13 millones de españoles, vieron en directo un Zapatero que contrasta con la imagen que se había fabricado de sí mismo. Ni buen talante, ni sonrisa, ni tono positivo alguno. Irritado, engreído y obsesionado con el pasado, con los gobiernos del PP de los tiempos de Aznar, fue incapaz de atenerse al guión de su campaña oficial lleno de imágenes optimistas. Pudo buscar así la movilización del voto de la izquierda con el recurso de apelar a la guerra de Irak, Joaquín Sabina o el doctor Montes, pero despreció hacer cualquier guiño al indeciso menos ideologizado Evidentemente, los debates sirven para conocer mejor a los candidatos, al margen de la propaganda y la publicidad reconocieron en el PP en favor de Rajoy- -que se presentó el lunes más suelto y natural que antes- -y en contra de Zapatero, muy crispado. No obstante, en los mismos medios insistieron en que el capítulo más productivo para su campaña fue el del proyecto político. Zapatero- -dicen- -estuvo a la defensiva en la negociación con ETA o a la inmigración porque tiene mucho que callar y poca credibilidad para proponer medidas. Rajoy se empeñó en descender a los problemas más domésticos de los ciudadanos, que es una obsesión en su campaña, y colocó sus mensajes; mientras que Zapatero se refugió en la macroeconomía. La influencia directa en la intención de voto es un enigma. Según los expertos, los debates no mueven más de dos puntos. Pero según las encuestas, estas elecciones se pueden decantar de un lado u otro por ese porcentaje. Rajoy insistirá el próximo lunes en la misma línea, sobre todo intentará hablar de los problemas de los ciudadanos para buscar la relación y el juicio más directo de los electores. Será el cierre efectivo de la campaña. Rajoy y Zapatero se saludan antes de comenzar el debate, en presencia del moderador IGNACIO GIL do los consejos del gurú de la izquierda americana George Lakoff No pienses en un elefante permitió que Rajoy le impusiera el marco referencial en los asuntos que afectan a más al conjunto de los ciudadanos (inmigración y educación) mientras que él se afanaba en la defensa numantina de grupos de interés. Los marcos de Lakoff remiten a valores e identidades, no a intereses, y son los primeros y no los segundos los que deciden el voto de los electores. El otro error, la insistencia con la que, a falta de otros argumentos, volvía a un pasado por el que el PP ya pagó su penitencia. Tercera: Rajoy no habló de ETA, que es lo que siempre se le ha reprochado desde los aleda- ños del gobierno, como si un asunto de esa envergadura hubiera de permanecer cerrado bajo siete candados por los siglos de los siglos; o al menos hasta que el PSOE pierda las elecciones. De lo que habló el presidente del PP fue de mentiras y verdades. Y ahí, Zapatero se trastabilló. El famoso caso Watergate no tumbó a Nixon porque éste supiera poco o mucho de la operación de espionaje a los demócratas, sino porque mintió al Congreso sobre unas cintas comprometedoras. Para defenderse, el presidente del Gobierno volvió a echar mano del 11- M y la guerra de Irak. Siempre el pasado. Cuarta. Ojo con los sondeos instantáneos. El activismo cibernético no descansa ni de madrugada. Por otra parte, preguntar por teléfono a 500 incautos a altas horas de la noche comporta el riesgo de recibir respuestas plagadas de legañas. Además, en estas encuestas sobre líderes, los votantes que no son del PSOE ni del PP introducen siempre un sesgo muy acusado a favor de Zapatero (algo que, por cierto, el PP se debe hacer mirar) En lo que se refiere a la valoración que hacen las huestes propias, ambos andan empatados. Y quinta: creo que se podrán contar con los dedos de pocas manos los votantes que hayan cambiado de voto después de la noche del lunes. En cuanto a los indecisos, sospecho que son muchos menos de los que detectan las encuestas. Rajoy repetirá guión en el próximo debate y buscará la relación y el juicio más directo de los ciudadanos