Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 OPINIÓN MIÉRCOLES 27 s 2 s 2008 ABC AD LIBITUM DECENCIA Y HAY MOTIVO VIDA PÚBLICA N los primeros días de febrero de 1930, una semana después de la dimisión como presidente del Gobierno de Miguel Primo de Rivera, José Ortega y Gasset- -tan popular en sus días como Marcial Lalanda o Ricardo Zamora- -escribió en El Sol: Vayamos a un gigantesco partido nacional que por lo pronto se proponga sólo nacionalizar definitivamente el Estado español, lo cual, dicho con menos tecnicismo, equivale a esto: que se proponga instalar la plena decencia en la vida pública española Si Mariano Rajoy, rotundamente vencedor en su debate con José Luis Rodríguez ZapateM. MARTÍN ro, tuviera menos asesoFERRAND res y más decisión, más capacidad para asumir el riesgo de la sinceridad que astucia preventiva, le hubiera propuesto algo parecido al decaído líder socialista. La decencia en la vida pública, aclaraba Ortega, no consiste en otra cosa que en imponer a todos los españoles la voluntad de convivir unos con otros, sean quienes sean unos y otros Tengo la dramática sensación de que, tres cuartos de siglo después, tras la dictablanda de Dámaso Berenguer, la República, la Guerra, Francisco Franco y toda la peripecia de la Transición, sigue estando vigente la lúcida demanda de quien supo ser más grande, mucho más, que su circunstancia y convenientemente continuado por cabezas tan luminosas como María Zambrano o Julián Marías, sustenta buena parte de la bóveda del pensamiento que nos asiste. El falso debate que, al margen de las falsas encuestas ganó Rajoy sirvió para poner en evidencia, por si quedara alguna duda, la inconsistencia de Zapatero. El socialista, tan apegado a la España plural, no parece reunir las condiciones para inscribirse en ese partido de la decencia, tan deseable como quimérico, con el que Ortega espoleaba a sus lectores para obligarles a salir de la pereza y el acatamiento rutinario de lo establecido y, sobre todo, de la irrefrenable tentación excluyente que conlleva el ser español: mientras el obispo o el militar aspiren en el fondo de su alma no sólo a vencerme, deseo respetable, sino a suprimirme de la vida pública, o yo aspire a lo mismo con respecto a ellos, nuestra existencia ni será decente ni será nacional Cabe suponer que, el próximo lunes, el debate que volverá a enfrentar a quienes aspiran a presidir el Gobierno de España en la próxima legislatura se refiera, en contraste con el ya celebrado, a proponernos proyectos de futuro, programas capaces de reconstruir un pulso nacional alterado por las minorías secesionistas y afectado por el nublado horizonte económico. Algo más consistente que un fracasado proceso de paz, la revisión de la historia y la alianza de las civilizaciones. La nacionalización de la decencia, en el sentido orteguiano de la idea, es lo que nos hace falta. Algo centrípeto y ético que contraste con la centrifugación y la golfancia vigentes. BAMBI EN VIENA concepto, le regaló un consejo que jamás tuvo en cuenARL Kraus fue uno de esos hombres que pasan ta: O cambiaba radicalmente de escritura o acudía a a la historia en la repesca pero dejando tras de un gimnasio y se convertía en un atleta. Ni varió el essí una huella indeleble. El drama de Karl tilo, ni cargó con las pesas, ni se compró una chichoneKraus (y el aval de su grandeza) es que fue un escritor ra. Hasta que llegó el día en que un tal Felix Salten le para escritores, un genio a la medida de los genios. dijo qué opinaba sobre sus descarnados textos. Lo maWittgenstein, Canetti, Valéry (tres nombres entre tanlo es que se lo dijo con los puños y con tanta elocuencia tos, aunque ahí queda eso) reivindicaron al guía y al que a Kraus, no siendo obispo, le hicieron cardenal de maestro, sin conseguir, no obstante, que, al cabo de buenas a primeras. los años, su memoria no se agostara en el silenEl chiste del asunto es que el tal Felix Salcio. Karl Kraus- -que detestaba los periódicos ten, que solventaba a mamporrazos las difey sus banalidades flatulentas- -nunca perdorencias de criterio, presumía de ser el camnaría que se usara su nombre para hilvanar peón de la ternura, de la lágrima fácil, de la una parábola tirando de una anécdota. ¡Qué le bondad sin excipientes. Su criatura más logravamos a hacer! Herr Kraus, a estas alturas, da era un amor, atendía por Bambi (a lo meni siente ni padece y, allá donde se encuentre, jor les suena) y todavía hoy, después de tanto resulta harto improbable que el ABC le llegue. tiempo, continúa empapando montañas de paO sea, que a lo nuestro. Hace un siglo, Karl TOMÁS ñuelos. Por sus obras los conoceréis afirma Kraus entraba en los salones de la cultura vieCUESTA el Evangelio. Pero, si hay que tomar a Salten nesa- -la altísima cultura, la que murió con la como ejemplo, la máxima no cuela. Y menos todavía Gran Guerra- -igual que un pistolero en un garito del sus secuelas, tan notorias algunas como Rodríguez Oeste. Disparando adjetivos a diestra y a siniestra (soZapatero. Al señor Zapatero le motejaron como Bambre todo a siniestra; el socialismo, a Kraus, no le gustabi antes de que enseñara los cuernos y los dientes. Y ba un pelo) y haciéndoles catar la tralla de la sátira a Bambi ha sido siempre- -según ha confesado reitelos prestigios más señeros. Al pobre Rilke- -Reiner radas veces- -su animal totémico. Tirando del ovillo María Rilke, príncipe de los poetas- -le condenó a ser de Karl Kraus, se puede concluir que el líder socialis la María sin redención de pena. De Freud se choteata tiene mucho de Salten aunque quiera esconderlo. ba sin el más mínimo complejo. Y a los gacetilleros, su Los lobos revestidos con pieles de cordero son menos presa favorita, nos desnudó en una sentencia: No tepeligrosos que quienes se disfrazan de cervatillos ner una idea y poder expresarla: un periodista es huérfanos. Es cierto que Bambi a estas alturas de eso Y ahí nos duele. la historia, disimula lo justo y exhibe una sonrisa de Llegados a este punto, pasemos a exponer dos conpega en los carteles (porque la de la tele, el lunes, no clusiones evidentes. La primera es que a usted, estiera una sonrisa, sino una cuchillada en plena jeta) mado lector, mon semblable, mon frère le adorna la Aún así, no echen en saco roto esa sabrosa anécdota virtud de la paciencia. La segunda es que Kraus no de la literatura vienesa. Reparen en que Bambi por era de esas personas- -carentes de interés, generalentrañable que parezca, esconde tras de sí a un matón mente- -que van haciendo amigos a boleo; de esos que de taberna. Y sigan la receta que ha empleado Rajoy te colocan entre el abrazo y la pared con una efusivipara comerse con patatas a la nefasta bestezuela: Musdad grotesca. Por el contrario, Kraus no regalaba palculatura y argumentos. A Karl Kraus, por ejemplo, le maditas, sino que repartía palmetazos de los de la viehubiese ido de perlas. ja escuela. Incluso un alma pía, que le tenía en buen E K -Habiendo ofrecido la Academia de Televisión una única señal, cómo es posible que ni el PSOE ni el PP hayan visto el mismo debate.