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24 ELECCIONES 9 M ESPAÑA UN CARA A CARA DECISIVO: OPINAN LOS EXPERTOS EN TV MARTES 26 s 2 s 2008 ABC Plano general del plató montado en Ifema durante el debate ABC Manuel Martín Algarra Catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Navarra El debate está ahí fuera La Academia cubrió con solvencia un cara a cara marcado por la asepsia s Campo Vidal permitió el juego sucio con la esperanza de animar un espectáculo viciado de origen s El programa fue la excusa para que las cadenas montaran sus propios carruseles JESÚS LILLO MADRID. De un realizador como Fernando Navarrete, capaz de fabricar una señal coherente en el plató de Furor no podía esperarse anoche otra cosa que nitidez, orden, asepsia y concierto. La televisión en directo suele transmitir movimiento, sorpresa y a menudo vértigo, pero el programa de ayer estaba planteado como una edición extraparlamentaria- -aún más reglada- -y fuera de abono del debate del estado la nación, resultado de la desnaturalización impuesta por los partidos en un medio que quisieron robotizar para garantizar a sus líderes una seguridad que ni siquiera encuentran en el Congreso de los Diputados, mucho más flexible e incierto. En esas circunstancias, Navarrete hizo lo que debía: pasar inadvertido. No había asomo de televisión real, entendida en su acepción contemporánea, la que entiende el público, en el planteamiento del debate, sino un magistral ejercicio de mecánica, única disciplina desde la que explicar, por aproximación, su anómala dinámica. El decorado era lo suficientemente neutro como para apreciar sin distracciones la parálisis a la que fueron sometidos por sus respectivos equipos de campaña los protagonistas de la función, incómodos con el corsé y progresivamente liberados, por voluntad propia, para esquivar un guión de micromítines paralelos y cruzados, sístole y diástole. Rajoy y Zapatero demostraron que, más que figurantes de una farsa para espectadores engañados, son personas que se tienen ganas. Aunque Manuel Campo Vidal- -sobreactuado en una presentación de autobombo, ridícula en su repaso a las emisoras que daban el debate, como estaciones del viejo festival de la OTI- -comenzó con mal pie, dio la talla al consentir y alentar las interrupciones con que los candidatos, en caliente, de menos a más, zancadillearon el discurso de su oponente, que desafortunadamente no pasaron de anécdotas. Ahí estuvo ágil Navarrete. Un toque de Furor en un programa sobrado de luces, justo de cámaras y muy necesitado de acción. Afortunadamente, la televisión reventó las costuras de un espectáculo que le fue ajeno y que quiso explotar a través de unas herramientas que muy de vez en cuando utiliza- -una final española de la Champions League, las uvas de Nochevieja o la primera edición de Gran Hermano -para reinterpretar de forma transversal esos contados acontecimientos que no caben en un escenario desmontable. Antes y después de la conexión con la señal de la Academia, las cadenas- -incluso Antena 3, despechada y ausente- -programaron conexiones callejeras y institucionales, convocaron foros de tertulianos de batalla, hicieron sonar músicas de fondo peliculeras, pusieron los relojes a cero y realizaron sondeos de encargo. El verdadero debate, el bueno, el de la tele, el de verdad, todavía no ha terminado. Eduardo López Realizador jefe de Onda 6 TV SIN DUDA, AÚN HAY PARTIDO l presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, lo tenía peor que el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy. Jugar a la defensiva era más difícil, menos brillante, incluso implicaba más riesgos. Y además es menos agradecido. Sin embargo, pocos imaginaban a un Mariano Rajoy tan seguro y contundente desde el primer instante de su intervención: el líder del Partido Popular ha parecido sorprender incluso al presidente del Gobierno, que en algunos momentos ha dejado en las pantallas una vaga sensación de desconcierto. Rodríguez Zapatero tiene química ante las cámaras, bastante más que Mariano Rajoy: mira con más naturalidad, lee con mejor entonación y ha pronunciado piezas mejores, por ejemplo la que ha cerrado el debate. Pero el aspirante ha demostrado estar a la altura. El juego, obviamente, no ha acabado: queda la segunda parte el próximo lunes, y sin duda alguna, aún hay partido. REALIZACIÓN MONÓTONA l debate fue imparcial y profesional a nivel de imagen, con los mismos fondos para los dos candidatos, idénticos tamaños de plano- -muy agresivos en el plano corto- -y una iluminación bastante igualada. Los escuetos planos de escucha duraron lo mismo, evidenciando que estaban comprometidos y que debían entrar porque sí, pero no porque los pidiera el ritmo narrativo. Y es que tener todo tan atado de antemano hace perder la frescura propia la tele. La realización estuvo bien organizada, pero en un acto tan solemne resultó absolutamente monótona para el espectador. Por lo que respecta al decorado, fue funcional, muy aséptico. La mesa, elegante, quedó muy acertada y dio juego al medio televisivo. Técnicamente no se pudieron detectar incidencias reseñables ni problemas a tener en cuenta. Se notó que había muchos medios técnicos, una ventaja que, sin embargo, no repercutió en el producto final, que fue de sota, caballo y rey. E E Incómodos con el corsé y progresivamente liberados, los candidatos esquivaron un guión de micromítines paralelos y cruzados