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102 DEPORTES Reportaje LUNES 25 s 2 s 2008 ABC La pasión ciclista de Alonso Sus alusiones afectuosas a este deporte en las ruedas de prensa son habituales. Subió el Angliru en compañía de unos amigos. Tiene una bici fabricada a medida por un diseñador asturiano. Se entrena por las montañas cercanas a Oviedo o en los Alpes suizos POR JOSÉ CARLOS CARABIAS La historia sucedió en el puerto de Mónaco, yates kilométricos a un lado y otro, cuerpos esculpidos en bikinis último grito, modelos de pasarela y gente guapa a cada paso. En el escenario cumbre del glamour le preguntaron a Fernando Alonso por su designación como mejor deportista español de la historia, según una encuesta realizada por Antena 3. El campeón del mundo de Fórmula 1 encogió los hombros, puso cara de indiferencia y derivó la cuestión hacia su gran pasión, el ciclismo: Me llena de orgullo, pero me sorprende mucho. Yo no me hubiera puesto el primero como número uno español de la historia. Para mi es Induráin Es la pasión ciclista de Alonso. su culto superlativo por un deporte al que adora y al que sigue con suprema atención, al margen de los terremotos que, por dopaje, escándalos o enfrentamientos, sacuden cíclicamente a las dos ruedas. El icono de la F 1 no se atreve a suplantar a Miguel Induráin en el panteón de los últimos ídolos del deporte español. Un rasgo respetuoso frente a quien fue su fetiche, la única persona que le hizo dudar si su futuro estaría ligado al motor. Cuando Alonso tenía diez años, Induráin ganó su primer Tour (1991) Y como todos los españoles, dejó de dormir la siesta en julio para seguir las andanzas del navarro. Entonces pensó en adquirir una licencia ciclista. Por el hechizo de Induráin, sus cinco Tours consecutivos, sus desfiles triunfales en Francia, nació la afición de Alonso por el ciclismo. Por eso y por el increíble arraigo que tienen las bicis en Asturias. Por aquella época, los años noventa, la comunidad minera convirtió a un equipo, el Clas- Cajastur, en una bandera. Aquel conjunto dirigido por Juan Fernández transformó en un héroe local al suizo Tony Rominger (tres Vueltas, un Giro, récord de la hora) y a sus escuderos Escartín, Echave o Mauleón. El dopaje ha acelerado el derrumbe del ciclismo en términos de repercusión popular, pero el doble campeón mundial mantiene una fidelidad a prueba de bomba. Lo admitió en una entrevista en ABC: Si no hubiera sido piloto, me habría dedicado a la bici. Me hubiese gustado correr un Tour Más contundente y excesivo fue en aquella sanción de la FIA en septiembre de 2006. En Monza, en una rueda de Prensa a nivel mundial, aseguró: Luego dicen que el ciclismo está mal, que no tiene solución y demás, pero la Fórmula 1 ya no es un deporte. Nos parece que no es un deporte el ciclismo porque han descalificado al líder del Tour (en referencia a Landis) pero la F 1 está superando esos límites. Lleva mucho tiempo decepcionándome. Me da vergüenza este deporte Un par de semanas más tarde, explicó su enfado con Fisichella en la carrera de Shanghai con un símil ciclista. Schumacher ganó en China y le arrebató el maillot amarillo del Mundial: Hubo un problema específico durante diez vueltas. Fue como una etapa del Tour. Yo iba escapado en Alpe d Huez, tuve un pinchazo y es difícil de entender que mi compañero de equipo acelerase. Y luego, un tercero se aprovechó. Schumacher ganó la etapa y cogió el liderato Alonso vive vinculado al ciclismo. Su fisioterapeuta particular, el que le acompaña a todas las carreras y a todos los equipos, de Renault a Mclaren y vuelta a Renault, se llama Fabrizio Borra, un especialista en deportistas de elite que trabajó mano a mano con Marco Pantani y con Ivan Basso. Uno de los mejores amigos del espa- Quedó a cenar con uno de sus ídolos de adolescente, Lance Armstrong, en un hotel de Nueva York Chechu Rubiera ha sido su cicerone en materia de entrenamientos ciclistas Su fisioterapeuta personal, Fabrizio Borra, ha trabajado con Marco Pantani e Ivan Basso ñol es el piloto de Toyota Jarno Trulli, declarado fan del ciclismo. El italiano se presentó en Mónaco con una camiseta rosa y el nombre grabado de Danilo di Luca en honor del último vencedor del Giro. Anda por ahí, con la bici cuentan en su casa o en su despacho cuando se pregunta por él. O en las montañas de Asturias o en los Alpes suizos, Alonso prepara su cuerpo para las carreras matando dos pájaros de un tiro: monta en bici, adquiere fondo y paladea su pasión. Hace tiempo que probó las rampas del Angliru con uno de sus amigos personales, el preparador físico Fernando Azurmendi. El 23 por ciento de la Cueña les Cabres atravesó sus pulmones, como el de todo visitante del coloso del Aramo, pero llegó arriba. En Nueva York cumplió uno de sus sueños. Quedó a cenar con Lance Armstrong en el hotel Mandarín de Manhattan. Ambos se habían conocido en mayo de 2006, en Mónaco, cuando el americano le visitó en el box de Renault y hablaron sin cesar del Tour que se avecinaba. Antes Armstrong y Alonso habían mantenido una relación virtual de admiración a través de Chechu Rubiera, el corredor asturiano del Astaná, ex gregario del americano. Rubiera es amigo de Alonso (ha salido a rodar muchas veces con él por los puertos del Norte con el viejo uniforme azul del Us Postal) y también de Armstrong. En Mónaco intercambiaron sus teléfonos móviles y luego se citaron en Nueva York. Vive en el imperio de la velocidad, pero su remanso de paz es la bicicleta, el deporte que practica con más frecuencia. Nunca ha acudido al Tour, aunque tiene pensado hacerlo, y ni siquiera conoce a Miguel Induráin, su ídolo. Eso sí, sus alusiones al ciclismo son constantes. Te empiezas a parecer a Pereiro suele bromear. Cena con Armstrong Fernando Alonso, con un maillot especial de Renault, al frente de un pelotón de amigos