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ABC LUNES 25 s 2 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 85 CLÁSICA CLÁSICA Ibermúsica Obras de Rachmaninov y Chaikovski. Intérpretes: Denis Matsuev, piano. Filarmónica de San Petersburgo. Director: Yuri Termikanov. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid Festival Arte Sacro Oficio de difuntos de Francisco García Fajer. Intérpretes: La Grande Chapelle; Schola Antiqua. Directores musicales: Albert Recasens, Juan Carlos Asensio. Lugar: Basílica de Jesús de Medinaceli. Madrid Sólo música ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE En un tiempo en el que cada vez es más difícil sorprender, el pianista Denis Matsuev ha dejado al público de Ibermúsica con la boca abierta. Su aval seguía siendo la victoria en el concurso Chaikovski de 1998 pero ya se sabe que esto representa poco. Otros muchos ganadores, aquí y en otros lugares, recorren el mundo como acróbatas del teclado y eso es algo que acaba por aburrir. Tampoco tienen demasiada importancia los discos, pues ahí la técnica también toca. Estar ante el piano y rodearse del público sigue siendo un método infalible. Jamás dejará de tener su sitio la música en directo. Por descontado que a Matsuev se le queda pequeño el instrumento, pero esa es la anécdota. Lo importante es que el tercer concierto de Rachmaninov que interpretó fue una continua sucesión de exquisiteces musicales, desde la emocionante inmaterialidad que acompañó el arranque a la alucinante y estratosférica recreación de la gran cadencia inicial, todo un prólogo para una desbordante coda de cierre digna del mejor pianismo ruso. Alguno querría volver a oír a Matsuev en un piano en mejores condiciones que en las del lamentable (como ya es habitual) instrumento que el Auditorio puso a su disposición y, además, que volviera a hacerlo al lado de Yuri Termikanov y la Filarmónica de San Petersburgo. Sobre todo porque, cuanto más se ha escuchado, más se acaba teniendo la impresión de que cualquier música se reduce a algo tan intangible y endiabladamente escurridizo como es la fabricación de un sonido. Y el de Termikanov y los suyos es emocionante en su naturaleza. Profundo, espeso, empastado, tan peculiarmente equilibrado, teniendo en cuenta que esta es una orquesta llena de solistas pero de la que se extrae una sensación brumosa muy difícilmente reproducible. Algunos de los músicos tuvieron su oportunidad ante la inmediata suite de El lago de los cisnes del arpa al concertino. Una pequeña colección de delicias para confirmar que si todos ellos están al lado de Termikanov es porque infunde respeto su aspecto de venerable y sabio maestro, de director necesario en una época en la que el gesto se empobrece y el estilo se homogeniza. Fajer, recuperado ANDRÉS IBÁÑEZ Estreno en tiempos modernos de un Oficio de difuntos de Francisco García Fajer (1739- 1809) que fue, por si usted no lo sabía, uno de los compositores más importantes del final de nuestro siglo XVIII. El presente concierto, nos asegura el programa, pretende conmemorar el II centenario del levantamiento madrileño del Dos de Mayo de 1808 ¡Pobre final de nuestro siglo XVIII! Fajer murió en su nativa Zaragoza durante el cerco francés, cuando dedicaba sus esfuerzos a cuidar a los enfermos de la peste. Sombras heroicas en la muerte de un músico más bien convencional y, como veremos, bastante comodón. Fajer es un compositor muy hábil y dotado de un enorme encanto, y la escucha de su obra produce un innegable placer. Es un compositor fugaz, maestro de miniaturas, capaz de crear efectos de grandeur, de lirismo, de patetismo, de ensoñación, en unos pocos compases. Inicia un fugato grandioso lleno de cromatismos y pensamos: ¡bueno, esto es algo! pero el fugato se diluye al cabo de unos compases. Magistral su uso de la armonía y del trabajo motívico, en una música enormemente teatral (la crítica que siempre se le ha hecho es que italianizó la música sacra española) llena de contrastes y de sorpresas, que nunca llega a decir nada pero que se escucha con agrado. La Grande Chapelle dirigida por Albert Recasens hace que la obra suene maravillosamente bien a pesar de que, francamente, lo que hay escrito son cuatro notas y que la acústica de las iglesias es muy traicionera. ¿Alguien oyó al fagot? Lo que sí que suena bien en las iglesias es el canto llano. Maravillosa la Schola Antiqua. Juan Carlos Asensio Palacios dirige a sus catorce hombres de negro levantándose con un impulso sobre la punta de los pies y elevando, una y otra vez, los ojos al cielo, como si estuviera a punto de levitar, o casi ya, levitando. La resonancia hace que se produzcan a veces efectos polifónicos. ¿Sería así, merced al eco de las basílicas antiguas, como surgió la armonía? Scott Walker, en su estudio, durante la grabación de The Drift ABC La voz del abismo Producido por David Bowie y dirigido por Stephen Kijak, el documental Scott Walker. 30 Century Man repasa la carrera de uno de los mayores y más misteriosos genios de la música reciente, un artista que por primera vez es grabado en su estudio JESÚS LILLO MADRID. Escuchar esto resulta humillante... Nadie ha llegado tan lejos como él asegura Brian Eno en una de las secuencias de Scott Walker. 30 Century Man documental en el que la aristocracia del pop internacional rinde homenaje al esquivo compositor norteamericano. Retirado de los escenarios en 1978 por el fracaso comercial de sus primeros ensayos experimentales, con los que pretendía clausurar su etapa de ídolo de masas quinceañeras, Walker abre las puertas de su estudio para que las cámaras graben por primera vez sus sofisticados y anómalos procesos de grabación en un largometraje que incluye una de sus muy contadas apariciones públicas. Scott Walker ha llegado donde no lo había hecho nadie: es él quien pone el límite de hasta dónde se puede ir. Yo no quisiera estar allí asegura Jarvis Cocker en una de las numerosas entrevistas que ilustran en la película la devoción, y el miedo, que en los músicos británicos genera el autor de Tilt artista que no tiene reparos en mostrar al público cómo dirige a un percusionista para que, en busca de un sonido terrible, golpee con sus puños un costillar de cerdo, un hombre obsesionado por el eco del tormento, pero que todavía encuentra, dice, espacio para el silencio, para el fenómeno de las palabras La película de Stephen Kijak repasa a través de testimonios, recortes de prensa y viejas secuencias televisivas el pasado perfecto de un Scott Walker que, al frente de los aseados Walker Brothers, reinó en la era del pop y al que la crisis del rock sinfónico- esa basura hippy dice Richard Hawley- -situó en una tierra de nadie que trató de abandonar con Scott 4 álbum que lo sumió en las tinieblas. Moriré para sacarlo adelante. Si no, abandonaré declaró el músico norteamericano justo antes de emprender su particular viaje a ninguna parte, una salida de tono y de toda lógica musical que ha mantenido hasta la actualidad. The Drift la banda sonora del ballet And Who Shall Go To The Ball? y una colaboración con la productora Artangel han sido las últimas manifestaciones de un creador desconcertante y único, un artista que suele permanecer más de una década en silencio para completar una nueva composición, cada vez más fuera de los cánones y el entendimiento. Sólo canto cuando se dan las circunstancias adecuadas señaló en 1984. Denuncias de sadismo- te obliga a mantener una nota durante dieciséis compases; es como una extracción de dientes dice un director de orquesta; todavía no sé lo que me hizo cantar señala Ute Lemper- -se mezclan en este revelador y extraordinario documental con confesiones del propio Walker, encerrado en su estudio mientras proyecta y prefabrica la música de The Drift su última obra maestra, álbum de texturas y sin arreglos, hecho de bloques de sonido y poemas enfermos, que corona provisionalmente la obra, abismal, de un maestro de la conmoción. La huida Más información sobre Scott Walker: http: www. the- drift. net