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ABC LUNES 25 s 2 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA LEGISLATURA EN EL PLATÓ A UNA COGORZA, UN CONDÓN, UN VOTO EL ÁNGULO OSCURO N UNCA nos cansaremos de ponderar las ocurrencias del bueno de Bernat Soria, el destripador de embriones metido a ministro de progreso. El bueno de Bernat es al régimen zapateril lo que Trofim Lysenko fue al régimen estalinista. Como el bueno de Bernat, Lysenko fue un científico de medio pelo encumbrado al estrellato político por razones puramente ideológicas; como el bueno de Bernat, Lysenko se encargó, desde los despachos del poder, de negar cualquier evidencia científica que no se adaptara al catecismo oficial. A Lysenko se le metió entre ceja y ceja que las leyes de Mendel eran seudociencia burguesa, y logró que los planes agrícolas soviéticos desdeñaran el estudio de las características genéticas de las plantas, por considerarlo una superstición propia de occidentales decadentes. Al bueno de Bernat se le ha metido entre ceja y ceja que las células madre fetén son las embrionarias, y ha logrado que las investigaciones con células madre procedentes de organismos adultos sean desdeñadas, por considerarlas una superstición propia de fundamentalistas católicos. A quienes se atrevían a rebatir sus rocambolescas teorías, Lysenko los mandaba de vacacioJUAN MANUEL nes a Siberia; a quienes se atreven a rebaDE PRADA tir las suyas, el bueno de Bernat los priva de subvenciones oficiales. El bueno de Bernat se ha dejado las pestañas escudriñando la vida a través de un microscopio; y es natural que, al alzar la vista, no distinga a los seres humanos de los protozoos. Hubo un célebre anatomista en la Antigüedad que se declaró incapacitado para el amor, porque cuando miraba a una mujer no lograba distinguir sus rasgos más hermosos, ni la delicada proporción de sus miembros, sino que veía siempre una máquina fisiológica que bombeaba sangre y excretaba jugos gástricos y defecaba. A esto se le llama deformación profesional; y es achaque propio de científicos. El bueno de Bernat, que es científico hasta las cachas, padece esta misma deformación; y así se explica que, cuando mira a las mujeres, en lugar de enamorarse, las clasifique en diábolos, campanas y cilindros. Un freu- diano con ganas de enredar añadiría que cuando un hombre llama diábolo a una mujer es porque está pensando en un súcubo; y que cuando la llama campana es porque tiene fijación por el badajo; y que cuando la llama cilindro es porque esa fijación adquiere tintes patológicos. Pero nosotros no somos freudianos, ni pretendemos tildar al bueno de Bernat de misógino o falócrata, así que nos conformaremos con diagnosticarle deformación profesional. Esta deformación que aqueja al bueno de Bernat se confirma cuando define a sus hijas adolescentes como tormentas de hormonas Alguien que expresa de un modo tan aséptico el amor paternal no debe extrañarnos que se ponga de los nervios cuando ve a la chavalada bebiendo a morro o dándose el lote. Una persona normal ve a dos jóvenes besándose y piensa que se quieren; el bueno de Bernat los ve y piensa que se están intercambiando tropecientos millones de microbios. En su batalla por la asepsia, el bueno de Bernat ha decidido combatir el botellón estudiando la salubridad de las bebidas que ingieren los jóvenes. Al bueno de Bernat no le importan los efectos devastadores que tal ingesta pueda tener sobre el espíritu de los jóvenes, pues como todo materialista que se precie descree del espíritu. Para el bueno de Bernat, el joven es un protozoo, y el botellón con el que se emborracha su caldo de cultivo. Y, puesto que de lo que se trata es de que el protozoo vote a un candidato de progreso como él (cosa que sólo se puede hacer estando borracho) el bueno de Bernat le procura un caldo de cultivo en óptimas condiciones de salubridad. También le procura condones. Para el bueno de Bernat, como para aquel heresiarca de Uqbar del que nos hablaba Borges, la cópula es abominable, porque multiplica el número de los hombres. El bueno de Bernat quiere sexo aséptico, sin microbios ni embarazos no deseados (que, para el bueno de Bernat, son lo mismo) quiere sexo salubre, pues el sexo, como el alcohol, es el caldo de cultivo en el que los protozoos votantes se desenvuelven mejor. Y así, chapoteando en el lodazal de sus apetencias más bajunas, pero protegidos por la profilaxis y la asepsia, los protozoos completan su ciclo biológico: Una cogorza, un condón, un voto www. juanmanueldeprada. com la hora que es, la mayoría de los españoles ya tienen decidido el resultado del debate de esta noche: ganará el suyo pase lo que pase. A otra porción no desdeñable de compatriotas les da igual lo que ocurra porque no piensan votar a ninguno de los dos rivales, y no se trata de abstencionistas o partidarios de la tercera vía, sino de los varios millones de votantes de las diversas tribus del nacionalismo. Lo que Rajoy y Zapatero van a dirimir, pues, en el plató de esa especie de SGAE audiovisual que es la Academia de TV consiste en la posibili, dad de convencer a la peIGNACIO queña cuota de ciudadanos CAMACHO capaces de formarse un criterio sin prejuicios biográficos o ideológicos, y también la de crear la duda suficiente entre quienes, pese a sentirse inclinados a la opción adversaria, vacilan aún sobre la intensidad de su decisión. En unas elecciones de apariencia tan igualada, cualquier pequeña oscilación en ese sector de electores volátiles puede revestir carácter definitivo. El encuentro se juega a dos partidos, como las eliminatorias coperas, pero el de la ida orientará notablemente el de vuelta, porque el que salga perdedor verá condicionada su estrategia para el segundo asalto. Por eso, si alguno de los contendientes opta por construir un discurso para complacer a los que ya están convencidos, dispondrá de menos oportunidades de captar para su causa a quienes todavía permanecen dispuestos a escuchar. En principio, la prioridad de ambos debe ser la de no cometer errores y tratar de propiciar los del contrario, pero el talante de los adversarios resulta contradictorio con esta filosofía conservadora: Rajoy, que va ligeramente por detrás en las encuestas, está en teoría obligado a arriesgar más, y sin embargo es probable que sea Zapatero el que se muestre más agresivo, si atendemos a la línea maestra de su campaña. Como los matices son muy sutiles en una ocasión tan tasada, cualquier sobreactuación se volverá contra los intereses del que la lleve a cabo. El encuentro es apasionante porque está muy equilibrado. El presidente es más telegénico y dispone de una sonrisa devastadora, pero su gestión no resiste un análisis serio. El aspirante viene en ascenso y con propuestas más sólidas, pero tiende a atropellarse con ellas y arrojar sensaciones más crispadas. En los debates parlamentarios entre ellos casi siempre ha salido más airoso ZP frente al embate destemplado de un líder de oposición obligado a ejercer como tal; sin embargo, en ninguno de ellos se ha enfrentado a un Rajoy en condiciones de enarbolar una alternativa de gobierno. Condicionados por la política americana, casi todos tendemos a creer que estas cosas se resuelven por mor de los detalles: que si la corbata, los gemelos o el maquillaje. En España, para bien o para mal, se presta más atención, si no a los discursos y a las ideas, al menos, a las frases y a las actitudes. Viniendo de donde vienen ambos, será un choque de trenes averiados, uno cuesta arriba y otro cuesta abajo; en el fondo da un poco de pena pensar que, con todo lo que ha ocurrido en cuatro años, el futuro dependa de dos ratos de charla.