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ABC DOMINGO 24 s 2 s 2008 Tribuna Abierta AGENDA 73 Jorge de Arco Escritor POETA DEL GOL L Futbolistas, entrenadores, periodistas, sociólogos, historiadores... han tenido a bien dar su particular visión sobre este fenómeno de masas que sigue sorprendiendo, incomodando y emocionando por igual, pues cada uno encuentra una explicación y un sentimiento diferente a que veintidós hombres corriendo en calzones tras un balón sea algo con un sentido EJANOS, mas imborrables, conservo en la memoria aquellos cromos que llenaron mi infancia de imágenes de futbolistas. Ajenos a la revolución mediática que por aquel entonces ni siquiera soñábamos, la radio, los álbumes, las chapas- -recuerdo algunas verdaderamente artesanales- -y el puñado de instantáneas en blanco y negro que brotaban del televisor, eran los únicos compañeros para los amantes del fútbol. En la convulsa década de los setenta, ya me sentía atrapado por una irresistible pasión balompédica, y los recreos escolares se convertían en un auténtico correcalles de pollos sin cabeza -como lo hubiera definido J. B. Toschack- pues en el patio llegábamos a reunirnos más de cuatrocientos niños con sólo dos porterías y cuatro o cinco pelotas para nueve o diez partidos simultáneos. Era difícil saber el resultado final de cualquiera de ellos o proclamar el pichichi o el zamora de la clase, más atentos como estábamos a evitar un pelotazo invernal en la nariz y a esquivar la estampida que venía en dirección contraria a tu objetivo. Jugar al fútbol y verlo en la pantalla o en el estadio me resultó siempre igual de atractivo, pero el paso de los años me retiró de las canchas de juego, si bien no antes de los treinta, ya que seguí disfrutándolo hasta entonces desde mi posición de extremo izquierda. Para mí, nunca hubo partidos amistosos; me gustaba ganar- -incluso en los entrenamientos- -y sigo creyendo que marcar un gol es una de las mayores satisfacciones que este singular y misterioso juego encierra. Guardo muy cerca de la mente y del corazón mu- éroes, villanos, gozos, adversidades, riquezas, miserias, van derramándose por entre estas páginas llenas de ternura (el genial Garrincha, nacido zambo, con la columna desviada y una pierna seis centímetros más larga que la otra de rotundas aseveraciones El seguidor sabe que ofrece lealtad a cambio de nada tiene un sentimiento de amor puro e incondicional de datos mareantes el Real Madrid ha gastado más dinero- -para esta temporada- -que el resultante de la suma de todos los equipos de las primeras divisiones de Suiza, Grecia, Austria, Polonia, República Checa, Bélgica, Dinamarca y Turquía juntas o de acentuada emotividad El que se pone la celeste se pone una cosa sagrada concluía Roque Máspoli, arquero del combinado uruguayo) H C chos de los que conseguí, sobre todo cuando defendía los colores de mi colegio. ¡Ay, si alguna vez los hubiera marcado con la camiseta de mi equipo o de la selección española... ero la docencia y la escritura me devolvieron a las aulas y a los libros desde otra perspectiva más racional, y económicamente más segura. Y a pesar de no haber llegado a ser locutor deportivo- -como acostumbraba a responder cuando me preguntaban qué iba a ser de mayor- mi devoción sigue intacta, con las ventajas añadidas del pago por visión, la actualización diaria de la web de mi conjunto y algún que otro partido virtual que mis sobrinos me han invitado a celebrar. Remembranzas éstas que tienen su origen en la amena lectura que he realizado de Cultura (s) de fútbol un sugestivo volumen que acaba de publicar la editorial vitoriana Bassarai y que reúne dieciocho textos, capaces de aportar una visón intensa y extensa de la cultura del balón Miguel Pardeza, Andoni Zubizarreta, Patxi Alonso, Juanma Lillo, Xabier Azcargorta, Enric González, Santiago Segurola, Carlos Castellanos... o lo que es lo mismo, futbolistas, entrenadores, periodistas, sociólogos, historiadores... han tenido a bien dar su particular visión sobre este fenómeno de masas que sigue sorprendiendo, incomodando y emocionando por igual, pues cada uno encuentra una explicación y un sentimiento diferente a que veintidós hombres corriendo en calzones tras un balón sea algo con un sentido tal y como anotan en su liminar los editores, Luis V Solar y Galder Reguera. P uando, no ha mucho, vi el partido televisado que enfrentó al Español y al Sevilla y que los andaluces resolvieron con un contundente 2- 4, a mi lado, estaba mi hijo Leonardo, de tan solo catorce meses. Lo vestí para la ocasión con unos leotardos blancos una camiseta blanca y un jersey rojo y con el cuarto gol del canterano Capel alzó los brazos y se acercó sonriente hasta tocar la televisión con sus manos. El fútbol proporciona a los espectadores un viaje de regreso a la infancia; ese reino perdido donde la felicidad es la expresión suprema de la inconsciencia afirma en su ensayo Miguel Pardeza. No sé qué pasos seguirá mi hijo en el futuro, ni si querrá ser locutor deportivo, astronauta o se convertirá en poeta del gol... pero estoy de acuerdo con Pardeza en que el fútbol nos devuelve alegres a la niñez, a lo mejor que una vez imaginamos y que junto a un balón y a un hijo futbolero, el juego de la vida es para quien esto escribe más fácil. Y más dichoso. Javier Tomeo Escritor A PROPÓSITO DEL PEREJIL N Se dice que esta umbelífera se cría también de forma espontánea entre las piedras, al pie de los muros O hay ninguna planta que pueda, como el perejil, de haber sido cultivadas en el huerto del emperador Carlomagno. En el Dioscórides Renovado, de Font i Quer, se dice que esta umbelífera se cría también de forma espontánea entre las piedras, al pie de los muros y en las proximidades de los pueblos. Se explica, asimismo, que es originario del sudeste de Europa y de Oriente. John Seymour, por su parte, cuenta que las semillas de esta umbelífera tardan mucho tiempo en prender. Una creencia popu- lar inglesa, en efecto, asegura que van siete veces con el diablo y vuelven otras siete veces, antes de germinar No puede pues sorprender a nadie que para conjurar esa extraña devoción por Satán, se recomiende plantarlo el día de Jueves Santo, añadiendo mucho humus al suelo y regándolo abundantemente... que, como pueden ustedes suponer sin demasiado esfuerzo, huele precisamente a perejil. Sus propiedades medicinales son conocidas desde la antigüedad y se recomendaba para provocar la orina y la menstruación. Andrés Laguna, el médico vallisoletano de Felipe II, aseguró asimismo que el perejil era igualmente útil contra las ventosidades del estómago y del intestino llamado colo, y contra los tortijones de vientre. E l perejil florece en junio y fructifica durante el verano. Vive más de un año, pero no llega a dos. Es, como se sabe, una planta lampiña, de color verde oscuro y brillante B ébase también contra el dolor de costado, de los riñones y de la vejiga prescribió aquel famoso galeno. Y muchos años después otros terapeutas continuaron prescribiendo el perejil para luchar contra las más variadas dolencias: hemorragia nasal, flatulencia y acidez de estómago, inflamación de ojos, dolor de dientes, climaterio... Una cucharadita de semillas de perejil pulverizado, mezclada con otra de aceite y media de petróleo, mataba a todos los parásitos del hombre. No, por supuesto, a los hombres que parasitan a otros hombres, pero sí a todos los insectos que le incomodan. -Para todo sirve y para nada aprovecha- -solía decir mi mi tía Irene de algunas pócimas. En el caso del perejil, sin embargo, se hubiese equivocado.