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ABC DOMINGO 24 s 2 s 2008 MADRID 69 Detenidos dos toxicómanos por el asesinato de la mujer china en San Blas Chui Yuzhang murió de dos tiros en el pechos Se negaba, igual que su marido, a dar el dinero de la caja de su tienda M. I. SERRANO MADRID. Sólo trece días se ha tardado en dar con ellos. La Policía Nacional ha detenido a dos hombres como presuntos asesinos de Chui Yuzhang, la mujer china que murió después de hacer frente a dos ladrones que entraron a robar en su tienda de alimentación en la calle de Aquitania, en el barrio de Las Rosas, distrito de San Blas. Los ahora retenidos son Antonio D. C. de 29 años, y Rafael Alberto G. C. de 43, ambos de nacionalidad española. Se ha confirmado que son toxicómanos y que tenían antecedentes. Las investigaciones de los agentes del Grupo X de Homicidios han determinado que, en su huida, los atracadores intimidaron a varias personas con el arma de fuego que utilizaron en el establecimiento de Chui y de su esposo, Ting Biao C. que también resultó herido de gravedad en el suceso, ocurrido el pasado 10 de febrero. Según las pesquisas realizadas por los investigadores, los dos presuntos asesinos de la mujer china fueron vistos poco después de cometer su fechoría comprando droga en la calle Amposta, también en el distrito de San Blas, porque sus características físicas y la forma de vestir coincidían con los ahora detenidos. Ambos pasaron ayer a disposición judicial. El trágico suceso tuvo lugar a primeras horas de la tarde del pasado 10 de febrero. Una jornada fatal para la familia de Chui Yuzhang y su marido Ting Biao C. A eso de la una y media de la tarde, los dos supuestos asesinos entraron en el local de este matrimonio, situado en la confluencia de las calles Aquitania y Toscana. Iban a cara descubierta y con una pistola escondida entre su ropa y con clara intención de robar para, seguramente, adquirir su dosis de droga. Los atracadores se mostraban nerviosos. Exigieron todo el dinero de la caja pero Chui y Ting les hicieron frente y se negaban a darles lo que llevaban recaudado hasta ese momento. Opusieron bastante resistencia. La tensión fue a más y, así, uno de los atracadores desenfundó la pistola y disparó dos veces al pecho de la mujer. De inmediato y sin pensarlo, des- A cara descubierta cerrajaron otro tiro al marido. Las heridas de la mujer eran mortales. El hombre tuvo fuerzas para salir detrás de los delincuentes pero, entre la debilidad que le produjeron las heridas y la agilidad de los atracadores, Ting no logró darles alcance y sólo pudo amenazarles, sin éxito, con un taburete que tenía a mano. Algunos vecinos dijeron haber visto a los detenidos enfilar a toda velocidad por la calle Toscana para llegar al parque Paraíso, muy cerca del centro histórico del distrito de San Blas. Chui, herida de muerte, también tuvo fuerzas para salir al exterior de su tienda y pedir auxilio a los vecinos. La sangre le salía a borbotones; la hemorragia se hacía imparable. Su cuerpo quedó tendido en la acera. Cuando llegaron los facultativos del Samur- Protección Civil no pudieron hacer nada por salvar su vida a pesar de los intentos de reanimación. Certificaron su muerte por arma de fuego en clavícula y esternón. El marido fue trasladado al hospital de La Princesa, donde quedó ingresado. Una de los momentos más duros fue la llegada de los dos hijos, menores, de la pareja. Por lo visto, habían salido de la tienda unos minutos antes del suceso. El negocio se había abierto hacía un par de semanas y los vecinos tampoco sabían mucho de esta familia aunque sí veían a los menores ayudar de vez en cuando a sus padres y juguetear por los alrededores. Fue muy dolorosa la escena en que la hija vio el cadáver de su madre y tuvo que reconocerlo. Ver a la madre muerta Reconocidos por la ropa La hija de la víctima reconoce el cuerpo de su madre IGNACIO GIL