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ABC SÁBADO 23 s 2 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 85 JOYAS DEL CINE MEMORIA VISUAL DE ESPAÑA El amor y la guerra Motín que comentamos en este artículo, La última vez que vi París y El padre es abuelo mañana en los kioscos, gratis, con ABC POR MANUEL LUCENA GIRALDO Entre los directores del cine de Hollywood capaces de rodar una película de acción en escenarios marítimos sin duda Edward Dmytryk fue uno de los mejores. Canadiense de nacimiento, hijo de emigrantes ucranianos, Dmytryk perdió a su madre siendo un niño y quedó a merced de un padre violento y autoritario. Convertido en delincuente juvenil, a fin de rehabilitarlo las autoridades lo colocaron como chico de los recados de un estudio cinematográfico. Allí hizo carrera y a finales de los años cuarenta se le auguraba un destino rutilante que cumplió sólo en parte, pues en la siniestra película que supuso la purga de los izquierdistas en la Meca del cine promovida por el senador McCarthy a comienzos de los años cincuenta representó de manera sucesiva el papel de héroe resistente y de infame traidor. Dmytryk fue uno de los famosos Diez de Hollywood y se negó a declarar contra sus compañeros, pero tras unos meses en prisión cambió de parecer y confesó quiénes podían ser acusados de actividades antiamericanas Es posible que durante aquel episodio de extrema tensión aprendiera mucho de la condición humana, pues más allá de críticas fáciles y apresuradas a su conducta lo que destaca en su filmografía es la agudeza en el retrato de la debilidad de hombres y mujeres, lo cambiante que puede ser un carácter y lo débil de la voluntad ante los designios de la naturaleza o del propio destino. De tal modo, con una visión retrospectiva, su aproximación fílmica al tema bélico y lo asfixiante de algunas relaciones personales componen un cuadro que suena biográfico, si bien para 1952, cuando dirigió Motín Dmytryk ya había rodado epopeyas marítimas como De regreso a Batán (1945) y se preparaba para dirigir nada menos que El motín del Caine (1954) Todo aquel mundo de combatientes frágiles y sin hogar podía deteriorarse en un instante si se desencadenaba la rivalidad por culpa de un botín, una mujer, o peor todavía, un botín y una mujer al mismo tiempo. Alrededor de estos elementos gira precisamente la trama de Motín brillante y entretenida película y una rareza clásica también en el sentido histórico, pues evoca una guerra, la anglonorteamericana de 1812, que ha sido relativamente poco explotada en el cine, seguramente por motivos políticos. Aquel fue un conflicto armado entre los Estados Unidos recién independizados y su antigua metrópoli. De acuerdo con el argumento, un barco norteamericano es abordado por unos marinos británicos, lo que motiva la declaración de guerra entre ambas naciones. Al poco, unos particulares franceses entregan para favorecer la causa americana diez millones de dólares en oro, que deben ser traídos desde Europa. A tal fin, es contratado el capitán James Marshall (Mark Stevens) que lleva como segundo de a bordo al también capitán Ben Waldridge (Patric Knowles) Este se resiste a aceptar una posición inferior, pero accede cuando le permiten recoger en Francia a su esposa, la avariciosa y derrochadora Leslie (Angela Lansbury) Todo transcurre según el plan acordado. La leal- Motín EE. UU. 1952 Título original: Mutiny Director: Edward Dmytryk Personajes principales: Mark Stevens, Capitán James Marshall Angela Lansbury, Leslie Patric Knowles, Capitán Ben Waldridge Fotografía: Ernest Laszlo Música: Dimitri Tiomkin 77 minutos, rodada en Technicolor. No estrenada en España Desbloqueo y salmón El séptimo capítulo de la Memoria visual de España se puede conseguir mañana por un euro y los cupones del sábado y del domingo POR LUIS CONDE- SALAZAR De la pesadilla de la guerra España pasó al mal sueño de la escasez. Las peronas esas judías blancas que llegaron en auxilio desde Argentina, con el carismático sello personal de Eva Duarte de Perón, se erigieron en garantes de supervivencia y alivio circunstancial de demasiados estómagos vacíos. Aquel país permitió, además, la entrada en su territorio en igualdad de condiciones laborales que los naturales de cerca de 350.000 inmigrantes españoles por año. Entre lo poco que llegaba y los muchos que se iban- -también a otros destinos americanos y europeos como Venezuela, México, Alemania, Francia o Suiza. Por otra parte la Guerra Fría nos convirtió de facto en aliados estratégicos de los Estados Unidos en su cruzada contra el comunismo. Al son de ese gigante, con Truman a la cabeza, naciones como Francia suavizarían el bloqueo impuesto por la comunidad internacional. En noviembre de 1948 el príncipe Juan Carlos ponía pie en Madrid, procedente de Estoril, después de que Francisco Franco y don Juan de Borbón se reunieran en agosto de ese mismo año en el yate Azor y acordaran que el futuro Rey recibiera su formación en España. Un país el nuestro en la que imperaba el fervor religioso de un catolicismo- -según palabras del teólogo José María González cuyo testimonio aparece en este capítulo de la Memoria visual de España trientino, más propio de los siglos XVIII o XIX La televisión era un medio en pruebas y fue la cara del actor Ángel de Andrés la primera tad y valor de ambos capitanes y amigos logra evitar el bloqueo enemigo y alcanzan Francia, donde camuflan en el ancla el oro que han recibido y encuentran a Leslie. Dos tripulantes, sin embargo, descubren el verdadero objetivo de la misión y con la ayuda precisamente de Leslie promueven un motín que debe culminar con el asesinato del depuesto capitán Marshall a cargo de Waldridge. Este da a su amigo una oportunidad de escapar, de modo que Marshall, tras ser rescatado en alta mar, captura a los sublevados y recupera el mando. En un final portentoso, el veterano Waldridge pierde la vida en una acción que le permite restablecer su honra: la prueba evidente de que el amor y la guerra no se llevan bien. Aliados estratégicos Epopeyas marítimas El Concord traslada diez millones de dólares en oro ABC que se asomó a una cámara durante un ensayo preparatorio realizado en el Palacio del Pardo ante la llegada de los americanos y el dispositivo espectacular organizado para su recibimiento y la presentación de credenciales de su embajador en Madrid. Hasta entonces la propiedad de las ondas estaba en manos de la radio, transmisor en incansable letanía de mensajes publicitarios que alcanzaron sonados éxitos y perduraron durante décadas en la mente de una población que no renunció nunca a la diversión, aunque fuera medida, y que gozó de las voces de Boby Deglané o José Luis Péquer. Además de esa otra, la del gran Matías Prats, cuando narró desde el estadio de Maracaná de Brasil el gol de Zarra que otorgó la victoria a España sobre Inglaterra en el Mundial de 1950. Año aquel en el que se dejaron caer por aquí estrellas del firmamento de Hollywood como Tyronne Power, Rita Hayworth o Ava Gardner, justo cuando nacía el tren Talgo y se erigía hacia los cielos el Edificio España de Madrid, el más alto de nuestra geografía; se empezaba a fabricar penicilina, triunfaba El Litri en los ruedos, Antonio en las tablas, Carmen Sevilla y Luis Mariano en el celuloide y Franco en la pesca del salmón.