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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE Pida la baja TEXTO: CARMEN VILLAR- MIR ESTOCOLMO DÍAS DE JÚBILO Mamá oy, a medianoche, mi madre habría cumplido cien años. No me resulta inverosímil imaginarla a tal edad. Una viejecita amable y dulce, con hijos, nietos, biznietos, una hermana, yernos, nueras, sobrinos y vecinos y vecinas que la rodean, memoriosa y paciente, como si le quedara aún mucho camino por andar. Ella sería la que siempre recordaba el día en que acabó la Primera Guerra Mundial y las monjas del colegio, oyendo repicar todas las campanas porteñas, reunieron a las alumnas y les hicieron cantar el Himno de Pascua de Mascagni (eran monjas italianas, amaban la ópera) Tampoco habría olvidado la tarde en que se enamoró de Ronald Colman viendo cómo arriesgaba su vida para salvar a Lilian Gish de un incendio. Desde entonces se dedicó a buscar a un novio que sustituyera a Ronald Colman y no se pareciese a Rodolfo Valentino. Más difícil me resulta imaginarme ahora junto a ella evocando el momento en que la vi morir en un hospital de Buenos Aires. Tenía entonces dos años menos que yo escribiendo estas líneas con las letras que me enseñó a dibujar en mi infancia. Quizá más de un lector o lectora esté en las mismas. ¿Cómo rebobinar la película donde siempre somos un nene, un adolescente, un joven a punto de entrar en la conjetural medurez? ¿Cómo volverse coetáneo de una madre? A veces me visita en sueños y la veo como una hermana, una prima, una señora del edificio donde vivo. Pero no: sigue siendo mamá, esa palabra que, pasen más o menos años, siempre lanzamos como un pedido de ayuda en los momentos de solitaria desesperación. Es entonces cuando recuperamos el vínculo hijo- madre y nos sosiega en la tensión del instante. Mamá me enseñó a despedirme. Fue cuando me llevó hasta la escuela donde empecé a ser alumno. Solo, apretando en la memoria su sonrisa y el ademán de su mano. Ahí te quedas, hijo. Los psicoanalistas hablan de matar al padre para ocupar su lugar y nacer. Nada dicen de la madre. ¿No será, doctor Freud, porque ella es inmortal? Mi madre, ya centenaria, sigue despidiéndome desde el umbral del colegio y prometiéndome acudir cuando me haga falta, pronunciando sus dos mágicas sílabas. Por mal de amores Blas Matamoro H Dicen que el trabajo alivia las penas, pero no lo tienen tan claro en Suecia, donde valoran el desengaño amoroso como un daño que merece la baja laboral. O eso, o arruinarse en kleenex ara que luego digan que los suecos son fríos y poco románticos. En este país quien quiera que haya sufrido un descalabro sentimental, un divorcio, una ruptura o, simplemente, mal de amores, podrá darse de baja de su puesto de trabajo durante unos días para recuperar su ánimo. Sufrir una desilusión amorosa no es un fenómeno nuevo. Pero sí lo es que en Suecia todos los empleados, tanto hombres como mujeres, puedan quedarse en casa alegando mal de amores Y es que en esta nación competitiva y avanzada, donde la legislación lleva siglos esforzándose al máximo para defender los derechos de los ciudadanos más débiles, tras unos recientes estudios psicológicos que demuestran que las penas del corazón ocasionan trastornos que incapacitan la facultad de trabajar del afectado, los patronos conceden una temporadita libre al sufriente para que cure su mente y se reponga del fracaso sentimental. Dicen los expertos que lo que ocurre en nuestro organismo cuando somos víctimas de abandono, infidelidad o algo parecido, no es peccata minuta Hay estudios que aseguran que los males del querer afectan a nuestro ánimo y estado de salud. Atacan al organismo como un virus. Inquietan a las neuronas y a todos los órganos del cuerpo, que se ven envueltos o tocados todo como en un terremoto, con el resultado de que el despechado sufre fuertes problemas de concentración. Los pequeños conflictos cotidianos, al no pasar por el filtro de la razón, se convierten en murallas inaccesibles entre el intelecto P y la realidad que le impiden actuar con normalidad. Esa especie de bloqueo mental ataca a todos los humanos, sin distinción de sexo, pero los varones son más vulnerables que las hembras. Los denominados reyes de la Creación enamoradizos e impetuosos, sufren más con esos desparrames amorosos. Pobrecillos. Ellos sienten mayor sufrimiento que nosotras y, dado que se niegan a admitir la evidencia, requieren ayuda psicológica para sobrellevar su pena. Según esta nueva norma sueca, que ha dejado a otros países boquiabiertos, los afectados pueden disfrutar de asistencia profesional si es preciso. Así, cada día hay un grupo de hombres (casi todos ejecutivos) que acuden al Psikakuten (Unidad Psiquiátrica de servicios urgentes) del Hospital de San Göran de esta capital para reponerse de su desilusión. David Ebenhard, jefe de los Departamentos de Psiquiatría y Psicología de la provincia de Estocolmo, autor de En el país más seguro para los toxicómanos I tryghetetsnarkomanens land comenta que el tiempo mínimo de tratamiento intenso para los afectados es una semana y que, a mayor nivel intelectual, más sufrimiento: Dado que no estamos acostumbrados a sufrir contratiempos y reveses, necesitamos reflexionar sobre nuestros sentimientos y temores. La mejor medicina para el que ha sido desechado por su pareja es llorar a tope unos días y después intentar normalizar lo ocurrido que, al fin y al cabo, es parte natural de nuestra existencia Ayuda profesional Ellos, más vulnerables