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ABC VIERNES 22 s 2 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 83 Lo único que puede oponerse La suite de Manolete una al desastre es la creatividad lidia literaria El escritor mexicano Hiriart publica en España La destrucción de todas las de vida y muerte cosas novela en la que algunos ven una metáfora de la Conquista española TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Manejaba bien el pincel y de hecho iba para pintor, pero inexplicablemente Hugo Hiriart lo dejó- nos movemos en un universo de tiniebla, enigma y ambigüedad en el que no podemos explicar las razones por las que hacemos determinadas cosas nada menos que por la filosofía a la que dedicó nueve años de su vida. Ahora cree que aquel cambio fue un error, pero como puro mexicano lo subsana con un ya ni modo No hay vuelta atrás, pues. Pero, a fin de cuentas, se quedó con la palabra y ya tiene en su haber novelas muy premiadas. A través del Taller de Mario Muchnik publica en España La destrucción de todas las cosas donde recrea un mundo de catástrofe en el que seres a los que denomina los Otros aniquilan México, una forma de vida, en fin, en la que algunos han querido ver una metáfora dramática de la Conquista española. Sin embargo, el hueco de esos marcianos puede, según su creador, llenarse con lo que uno quiera De hecho, Hiriart (México, 1942) afirma que su novela puede ser una si las cosas estuvieran sucediendo en la actualidad. No quiero que mi novela sea una especie de toma de partido. La Conquista puede equipararse a una tragedia shakesperiana, pero ¿quién discute ya sobre el papel de Yago o de Otelo? Confiesa que empezó a escribir La destrucción de todas las cosas impulsado por la cólera en un tiempo en el que México atravesaba difíciles momentos. El PRI había ignorado que el poder tiene que renovarse o volverse monstruoso, pero lo que llegó después fue peor dice. Algún político mexicano también ha visto en la novela una burla para con su clase. Parece pues cierto que cada lector recrea el libro que tiene entre las manos, no obstante, resulta innegable la crítica feroz de Hiriart hacia unas personas que, dominadas por el miedo y la inercia, se niegan a ver la realidad, en una espera, que beneficia a los Extraños recién llegados. Sólo un hombre en compañía de su esposa y un hijo pequeño consigue ocultarse de los malignos y escribir para dejar testimonio de lo sucedido. Lo único que puede oponerse al desastre es la creatividad, el testimonio. Para Primo Levi fue un deber dejar constancia del Holocausto y otros lo han hecho con respecto a otras cuestiones de oprobio ¿Es obligado el compromiso en el escritor? La propia descripción de la realidad compromete. Piense en Chejov Joaquín Pérez Azaústre ganó el IX premio Fernando Quiñones por esta novela negra ROSARIO PÉREZ MADRID. La España de la posguerra, el hambre y la represión perdió aquel agosto de 1947 al símbolo de una época. Manolete se hizo leyenda y su figura ha despertado pasiones en el mundo de la cultura. Si la pasada temporada, con motivo del sesenta aniversario de su muerte en Linares, llovieron libros sobre el Monstruo cordobés, ahora Joaquín Pérez Azaústre ha ganado el IX premio Unicaja Fernando Quiñones, dotado con 30.000 euros, por La suite de Manolete (Alianza Editorial) La finalista ha sido Empar Fernández, con El loco de las muñecas La suite de Manolete no es un relato al uso sobre el mito: se trata de una novela zaina con un paisaje manoletino al fondo. El joven galardonado, de 31 años, ha cuajado una soberbia faena: un enigma desgranado por ambos pitones, marcando dos distancias- -Córdoba y Madrid- -y dos tiempos- -la década de los cuarenta y la época actual- Dos compañeros investigan el fallecimiento de un amigo que escribía una biografía sobre el espada en una interesante trama, donde se vislumbran los guiños a Hemingway, apasionado por la Fiesta, su sangre y su gloria. Está escrita en dos voces narrativas y dos planos: la investigación de la muerte de Jon Garcés y la biografía novelada de Manolete señala Pérez Azaústre. No fue sencillo rematar tan singular obra, en medio de amplias soledades. En ese sentido, el escritor guarda bastante relación con el torero, que se encuentra solo muchas veces, frente al toro o en la habitación del hotel confiesa el autor. También declara su respeto por la Tauromaquia y su fascinación por la magna figura de Manolete desde que era un niño y paseaba por su Córdoba natal de la mano de su abuela. La novela es un juego de espejos, como se refleja en la portada: la acipresada verticalidad de Manuel Rodríguez mientras se enfunda el terno chispeante. Cuatrocientas páginas de sombras y luces, de hombres y mujeres solitarios que buscan su identidad. Una lidia literaria de vida y muerte. Hugo Hiriart EFE La Conquista española puede equipararse a una tragedia shakesperiana descripción muy realista de la globalización Con respecto a la Conquista no niega que le gustaría que el libro la explorara, aunque tiene claro que no desea pertenecer al grupo de quienes tienen atragantada la historia, como