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ABC VIERNES 22- -2- -2008 INTERNACIONAL 37 El gobierno de Estados Unidos ha reiterado que esta acción ha sido de naturaleza estrictamente preventiva, y justificada por el riesgo planteado por la carga congelada de combustible tóxico a bordo del ingenio propiedad de la Oficina Nacional de Reconocimiento, la súper- secreta agencia encargada de todo lo relacionado con satélites de espionaje. Por el carácter altamente clasificado del satélite fuera de control, el Pentágono también se ha visto obligado a desmentir que su motivación haya sido evitar que piezas del defectuoso aparato- -valorado en unos 700 millones de euros- -cayeran en manos hostiles. REACCIONES RUSIA CHINA Moscú acusa a EE. UU. de ensayar nuevas armas estratégicas El ministerio de Defensa ruso denunció ayer que tras la cortina de las discusiones sobre el peligro que supone el haber perdido el control del aparato, se está llevando a cabo el ensayo de un nuevo tipo de armas antisatélite de carácter estratégico La nota circulada señala que el lanzamiento de un misil no es algo tan inofensivo como se pretende presentar, sobre todo si se tiene en cuenta que EE. UU. elude el inicio de negociaciones para alcanzar un acuerdo global que prohíba la instalación de armas en el espacio La cúpula militar rusa sostiene que los americanos no han argumentado suficientemente la necesidad de destruir el satélite. El Gobierno de Pekín exige a Washington más información El Gobierno chino pidió ayer a Washington que facilite información sobre el lanzamiento. China ha pedido a los EE. UU. que cumpla con sus obligaciones internacionales y facilite información a la comunidad internacional de una forma oportuna y pronta, para que los países relevantes puedan tomar precauciones dijo el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Liu Jianchao. China ha seguido de cerca el posible daño que pueda causar este acto estadounidense para la seguridad del espacio exterior agregó. El diario del Partido Comunista chino recordaba que EE. UU. ha acusado a menudo a otros países de desarrollar tecnología militar espacial trucción del satélite L- 21 durante una ventana de tiro de tan solo diez segundos ha supuesto un visible espaldarazo al sistema de defensa antimisiles de la Armada de Estados Unidos. A diferencia de los problemas encontrados por su versión terrestre, este sistema integrado para unidades navales de la compañía Lockheed Martin ha acumulado un destacado récord de éxitos. De las 14 pruebas realizadas hasta la fecha, la Navy ha sido capaz de interceptar y destruir falsos misiles en 12 ocasiones. Aunque el sistema Aegis, que incluye radares y misiles, está pensado para contrarrestar misiles de corto y medio alcance, la Armada estadounidense en esta ocasión ha modificado el software de esta parte de arsenal para cumplir con el objetivo de destruir el satélite espía a la deriva. Misión que contaba con la complejidad de la gran velocidad del objetivo- -el doble de la de un misil enemigo- -y con muy limitadas trazas de calor. De haber fallado en su primer intento, el Pentágono estaba preparado con ayuda de los destructores Decatur y Russell para repetir la operación con misiles adicionales, que ahora serán reconfigurados para sus misiones regulares, puesto que la Navy considera como algo excepcional dedicarse a destruir satélites. Una excepción Alarde militar De un peso total de 2,2 toneladas, Estados Unidos ha insistido en que el satélite espía L- 21 era demasiado grande para confiar su total destrucción al infernal momento de reentrada en la atmósfera terrestre. Tras la autorización inicial del presidente Bush, el visto bueno para proceder con su destrucción ha corrido a cargo del titular del Departamento de Defensa, Robert Gates, dentro de un despliegue dirigido por dos destacados oficiales del Pentágono: el general de la Fuerza Aérea Kevin Chilton, responsable del Comando Estratégico, y el general de los marines James Cartwright, segundo de la Junta de Estado Mayor. Con todo, las explicaciones y razones planteadas por la Administración Bush no han logrado aliviar renovados temores internacionales a la milita- rización del espacio y una costosa carrera de futurísticas armas. El alarde de capacidad militar del Pentágono ha sido criticado por China y Rusia con reproches de que toda esta operación no ha sido más que un montaje para poner a prueba, en condiciones de máximo realismo, las capacidades en materia de defensa anti- misiles impulsadas por la Casa Blanca. La sofisticada puntería demostrada por el Pentágono se produce un año después de que China, sin previo aviso, con otro misil destruyera uno de sus viejos satélites meteorológicos. En esa ocasión, las autoridades comunistas optaron por conducir su experimento a una altura de 800 kilómetros sobre la superficie terrestre, creando todo un peligroso y extenso campo de chatarra espacial con potencial peligro para centenares de satélites operativos y también para la Estación Espacial Internacional. En cualquier caso, la des- ABC. es Vídeo Misil contra un satélite descontrolado en abc. es internacional FRONTERA MÁS LEJANA La operación espacial inquieta a los estrategas rusos y chinos, temerosos de que el escudo antimisiles de EE. UU. altere los equilibrios estratégicos BORJA BERGARECHE MADRID. El lanzamiento de un misil balístico chino (capaz de portar armas nucleares) contra un viejo satélite metereológico en enero del años pasado hizo saltar todas las alarmas en el Pentágono. En un mundo en el que las comunicaciones, el transporte y las guerras dependen de la información que transmiten los satélites en órbita, la hegemonía espacial es la base de la supremacía política, económica y militar. Lo constataba la nueva doctrina de seguridad nacional en el espacio, que aprobó el presidente George W. Bush el 31 de agosto de 2006: Aquellos que utilicen el espacio eficazmente disfrutarán de una prosperidad y seguridad adicionales y tendrán una ventaja sustancial sobre los que no lo hagan. La libertad de acción en el espacio es tan importante para los EE. UU. como el poder en el aire y en el mar El experimento chino de enero pasado, realizado con éxito, demostró que Pekín podía meter el dedo en los ojos con los que Washington vigila el mundo. Desde el lanzamiento del primer satélite al espacio exterior en 1957, el entraña- ESCARAMUZAS EN LA ble Sputnik, China se ha sumado a la tradicional carrera espacial entre Washington y Moscú. Pekín basa su doctrina estratégica en el mantenimiento de una fuerza nuclear disuasoria limitada de unos 40 misiles intercontinentales (capaces de alcanzar suelo norteamericano) y que ahora quiere multiplicar por diez. Las contundentes reacciones de uno y otro Gobierno al lanzamiento del misil interceptor por parte de EE. UU. muestran el nerviosismo que genera entre sus castas militares lo que en los 80 conocían como la guerra de las galaxias Con su nombre oficial- -Iniciativa de Defensa Estratégica- la guerra en el espacio fue lanzada por Ronald Reagan en marzo de 1983, ideada como un escudo de defensa en tierra y en el espacio para proteger a EE. UU. de un ataque con misiles balísticos. El proyecto, que nunca se desarrolló del todo, fue retomado por Bill Clinton en 1993. Guerra de las galaxias Ahora, el espectro de la guerra de las galaxias ha vuelto a los documentos de planificación militar de las grandes potencias tras los avances de EE. UU. en el establecimiento del llamado escudo antimisiles que incluye bases de radar y de lanzamiento en la República Checa y en Polonia. Un cinturón de misiles protector que- -en el hipotético caso de que funcione- -aísle a EE. UU. de un ataque rompería los equilibrios estratégicos básicos. En este contexto, como recordó ayer el ministerio de Exteriores ruso, Moscú y Pekín presentaron en la reciente reunión de la Conferencia de Ginebra para el Desarme una propuesta conjunta para un tratado global que prohíba el despliegue de armas en el espacio. Pero EE. UU. se ha resistido a limitar sus posibilidades, como dejó claro la Administración Bush al retirarse en junio de 2002 del Tratado Antimisiles Balísticos (ABM) que firmaron Nixon y Breznev en 1972.