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4 OPINIÓN VIERNES 22 s 2 s 2008 ABC DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL DILEMA DE KOSOVO n política internacional no hay nada más necesario que la coherencia, y cualquier Gobierno que lo olvide está condenado a sufrir las consecuencias que provocan las contradicciones. En el caso de Kosovo, eje de una crisis que ayer provocó en Serbia ataques a la Embajada estadounidense y otras sedes diplómáticas, España se ha vuelto a quedar en una posición fuera de toda sintonía. En algunas reuniones internacionales, el presidente del Gobierno firmó sin ningún escrúpulo documentos en los que se comprometía a respetar la voluntad de los kosovares -es decir, su autodeterminación- -y, sin embargo, sólo cuando esta tuvo lugar y ya era tarde, el ministro de Exteriores expresó por primera vez y con claridad su oposición a que se violasen los principios del Derecho Internacional. En vez de evitar que la polémica nos hiciera parecer aún más débiles ante las ensoñaciones soberanistas, los aliados nacionalistas del Gobierno- -y el propio PSC- -se están complaciendo en gestos a favor del nuevo Estado, mientras los diplomáticos españoles tienen que buscar fórmulas retóricas que nos permitan seguir cooperando con nuestros socios europeos y atlánticos sin incurrir en contradicciones jurídicas. Por no enfocar correctamente y a tiempo el problema, nos hemos quedado solos y con la peor de las combinaciones: a partir de ahora, cualquier cosa que hagamos será perjudicial. Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera E ESPAÑA, EN JUEGO A campaña electoral que comenzó la pasada medianoche puede ser, de todas las celebradas hasta el momento, la más influyente en el resultado de las elecciones generales, no tanto por forzar un imposible cambio masivo de voto entre partidos, sino por enviar a o rescatar de la abstención a un pequeño pero decisivo porcentaje de votantes. Las encuestas publicadas en las últimas semanas coinciden en que la ventaja del PSOE sobre el Partido Popular es menguante, que la abstención perjudica a los socialistas y que el resultado final puede ser contradictorio, en el sentido de que es posible que el partido que tenga más escaños no sea el más votado. Los principales partidos manejan estas claves en la construcción de sus estrategias, y así se explica que el PSOE haya recuperado la agresividad de 2004 y actúe como un partido de oposición, que no defiende su gestión y que apela a las emociones en vez de proponer un programa de gobierno para cuatro años. Nada tan revelador de la preocupación socialista por el fracaso de cuatro años de presión y tensión contra el PP que oír nuevamente a Rodríguez Zapatero sacar pecho con la retirada de las tropas desplegadas en Irak, como si el desplante a los aliados- -no sólo a Estados Unidos, también al resto de democracias occidentales que siguen el país árabe- -justificara la legislatura y le eximiera de rendir cuentas por su gestión de gobierno. Hasta el momento, el PSOE va a la contra del PP y por detrás de las propuestas de Rajoy. Los socialistas eluden hablar de resultados de la legislatura porque la cercanía del PP en las encuestas demuestra que no han sido ni buenos ni eficaces para garantizarse una campaña tranquila. Para Rodríguez Zapatero todo lo que sea bajar el número de escaños obtenido en 2004 es un fracaso objetivo. El PSOE ha optado por la agitación de la extrema izquierda- -aun a riesgo de que ciertos grupos se sientan legitimados para atacar violentamente al PP- -y por cargar su mensaje electoral en la súbita eficacia antiterrorista, velo con el que quiere cubrir la grave responsabilidad política contraída por Rodríguez Zapatero en las negociaciones mantenidas con Batasuna y ETA desde el comienzo de su mandato. L La renuncia socialista a defender un programa explica el éxito preelectoral del PP con algunas de sus principales propuestas, como la reforma fiscal, la enseñanza del castellano, el contrato de integración para inmigrantes y la lucha contra la delincuencia y la inseguridad. Rajoy comienza la campaña de una manera difícilmente imaginable hace sólo un año: acortando distancias con Rodríguez Zapatero, inquietando a los estrategas socialistas y haciendo aflorar lo más extremista e intransigente de la izquierda, lo que, a su vez, contribuye a extender la imagen de moderación, tranquilidad y confianza en sí mismo del líder del PP. Los avances conseguidos en la precampaña no deberían, sin embargo, llevar al PP a un exceso de confianza ni a renunciar a un discurso que añada a las propuestas concretas de gestión política una visión de futuro sobre España, más allá del compromiso electoral de reparar los daños que esta legislatura ha causado a la cohesión de la sociedad española y a la estabilidad constitucional del Estado. Hace falta en esta campaña que se defienda una idea concreta de España, después de un mandato socialista caracterizado por la ausencia de un proyecto digno de llamarse nacional. Esta responsabilidad incumbe a Rajoy. Se inicia así una campaña en la que, por vez primera, los votantes saben que las cuestiones de Estado no están a salvo de la discordia partidista. Hasta ahora, había líneas rojas que PP y PSOE no habían cruzado, lo que daba continuidad al orden constitucional, a la integridad política del Estado, a la contención de los nacionalismos y a la lucha contra ETA. Los socialistas han renunciado a ese patrimonio constitucional. El próximo 9- M, los españoles decidirán si quieren cambiar o no de gobierno, pero también tendrán en su voto la decisión sobre el futuro de España, como Estado y como nación, porque, vistas la política de alianzas con los nacionalistas y las rupturas de los consensos constitucionales lideradas por Rodríguez Zapatero, nadie puede llamarse a engaño sobre lo que está en juego en las próximas elecciones generales. LA IGLESIA Y CUBA e abre un periodo de expectativas en Cuba. Mientras los protagonistas mueven sus primeras fichas en un tablero muy complejo, resulta especialmente oportuna la visita a La Habana del secretario de Estado del Vaticano. Monseñor Bertone acude para conmemorar los diez años del histórico viaje de Juan Pablo II a la isla y apunta con prudencia que, poco a poco, emergerán nuevas realidades en lo que ha sido durante demasiados años un régimen monolítico. Merece ser destacado el anuncio de que los Derechos Humanos serán uno de los ejes de la visita, lo que supone al menos la posibilidad de plantear un asunto tabú durante medio siglo. El castrismo es un sistema totalitario, inspirado por el modelo soviético. Conviene recordar que la Iglesia ha desempeñado un papel determinante en muchos países del este de Europa en el largo y complejo proceso de transición hacia el pluralismo democrático. Sin duda, podría contribuir a suavizar tensiones en Cuba, cuya tradición histórica y cultural sigue vigente a pesar de tanto tiempo de represión. Desde la prudencia imprescindible ante un contexto todavía indefinido, hay que saludar muy positivamente la visita de Bertone y el mensaje de paz y esperanza que transmite a los cubanos en nombre del Papa. Es ciertamente una contribución positiva para un pueblo que merece el máximo apoyo. S DOS ESTILOS, DOS POLÍTICAS ECONÓMICAS YER pudimos comprobar que hay alternativa de política económica. Frente a la pasividad y la complacencia, una propuesta concreta que no busca excusas en la situación internacional, que no se resigna a que se acabe la era de prosperidad y que confía en recuperar el impulso reformador que hizo de la economía española la envidia de Europa. Una política que pudo visualizarse en la forma, la actitud, la energía y en los contenidos. Frente a la satisfacción por el pasado, una propuesta de futuro que se concreta en recuperar la capacidad adquisitiva mediante una reforma fiscal amplia que reducirá la presión fiscal y mejorará la competitividad de las empresas, un compromiso decidido por la liberalización económica y la eliminación de la injerencia gubernamental en la vida de las empresas y una política firme frente a la inflación, el impuesto más injusto, con una actitud beligerante en defensa de la competencia en los mercados de bienes y por la modernización de los canales de comercialización. El debate fue educado, respetuoso; los dos eran perfectamente conscientes de su importancia, aunque no evitaron alguna pulla personal, acusaciones de irresponsabilidad y descalificaciones políticas. Solbes abandonó el territorio negacionista en el que venía instalado y aceptó la realidad de la desaceleración económica, aunque insistió en que es- A tamos bien preparados, mejor que nunca, para hacer frente a un cambio en el entorno internacional. Insistió hasta el aburrimiento en comparar la herencia recibida. Pizarro subrayó el tiempo perdido, cuatro años sin reformas, y las debilidades estructurales acrecentadas en estos años, déficit exterior, dependencia del ahorro externo y peso excesivo de la construcción. Una vulnerabilidad especialmente preocupante cuando estamos inmersos en una crisis de confianza que se ha traducido en la sequía de los mercados de crédito. y crédito es precisamente lo que necesita la economía española: crédito financiero y crédito internacional. El debate fue quizás excesivamente técnico, demasiados datos. Se animó un poco al discutir de pensiones y vivienda. Pero en un debate televisado, tan importantes como los argumentos son las formas, la presencia y el lenguaje. Pudimos ver a un vicepresidente de tono monocorde, sin capacidad para ilusionar con proyectos de futuro, que se refugió en el balance de su gestión y eludió el presente. Enfrente, un hombre en ocasiones apasionado, más próximo a los problemas reales de los españoles y menos obsesionado con las grandes cifras macroeconómicas. Solbes se movió en los grandes escenarios y Pizarro supo llevarle al terreno de las verdaderas preocupaciones de los ciudadanos.