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30 INTERNACIONAL www. abc. es internacional JUEVES 21- -2- -2008 ABC Raúl Castro pidió ayuda a Lula para la transición en Cuba y alejarse de Venezuela El cardenal Bertone llega a la isla y el Vaticano asegura que emergerán poco a poco nuevas realidades VERÓNICA GOYZUETA ABC SAO PAULO MADRID. Raúl Castro, probable sucesor de su hermano Fidel en la jefatura del Estado cubano, le habría pedido ayuda al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, para acelerar el proceso de transición política y económica en la isla. El presidente interino consideraría a Brasil un socio más conveniente para Cuba que la Venezuela de Hugo Chávez. El diario Folha de São Paulo publicó esta información un día después de que el enfermo dictador anunció en un mensaje que ni aspirará ni aceptará los cargos de presidente del Consejo de Estado y comandante en jefe, que el Parlamento cubano debe designar el próximo domingo. El periódico brasileño aseguró que esta petición se produjo en la reunión que el menor de los Castro y Lula mantuvieron el mes pasado en la capital de Cuba, según el círculo más próximo al mandatario brasileño. En el poder desde julio de 2006, cuando el líder cubano dejó temporalmente el cargo debido a una grave enfermedad de la que no se ha recuperado, Raúl Castro le habría pedido a Lula da Silva que aumente las inversiones privadas y mejore las relaciones internacionales de Cuba, principalmente con Estados Unidos. Castro, según Folha quiere que Lula intente convencer a EE. UU. de que ponga fin al embargo económico impuesto en 1962. Según el diario, un ministro afirmó que Brasil es uno de los pocos países del mundo capaces de dialogar con el régimen cubano, con Hugo Chávez y el Gobierno estadounidense, por lo que podría ser más útil que el venezolano, en continua crisis con Washington. En una disputa por el liderazgo en Iberoamérica, a Brasil le interesaría especialmente ayudar a Cuba en un escenario post- Fidel. Durante la conversación, Raúl Castro habría elogiado también al presidente venezolano como un buen socio y destacó su ayuda durante un choque con el presidente estadounidense, George W. Bush. Venezuela ha sido el apoyo más ac- Un cubano caminaba por La Habana junto a un cartel que aludía a Fidel Castro, un día después de que anunciara su salida del poder EFE Venezuela y EE. UU. Investigador principal de América Latina del Instituto Elcano Carlos Malamud LEGITIMIDAD stos dos últimos días hemos asistido a una contundente puesta en escena mediática, una suerte de funeral de cuerpo viviente, anticipado, de Fidel Castro. No sólo corrieron ríos de tinta sobre su renuncia y sobre la nueva etapa que se abre en la historia política cubana, sino también se publicaron numerosas biografías del líder máximo revolucionario. En ver- CASTRO Y LA E dad, habría que desdramatizar los hechos y ubicarlos en un contexto adecuado. Antes que nada, como señaló de un modo enfático su compañero y amigo Hugo Chávez, Castro no dimitió de ningún cargo ejecutivo (a nada, en versión chavista) sólo se limitó a renunciar a la posibilidad de ser reelecto para el cargo de presidente del Consejo de Estado en la sesión parlamentaria del domingo próximo. Las circunstancias que han llevado a esta medida están vinculadas no tanto al delicado estado de salud del comandante, que le impide aparecer personalmente en televisión para dar la noticia, sino, especialmente, a la necesidad de legitimar al próximo gobierno. Fidel Castro tenía, tiene, toda la legitimidad revolucionaria, reforzada por su liderazgo, que pese al fuerte desgaste de décadas de ejercicio del poder, apenas se vio contestado desde dentro del régimen. Pero un gobierno sin Fidel Castro carecería de esa legitimidad. Al no ser viable, de momento, la existencia de una salida democrática, la legitimidad sólo puede emanar de las instituciones y de la Constitución vigentes. La legitimidad revolucionaria y el liderazgo no pueden transmitirse, ni siquiera por vía fraterna. Desde la perspectiva del régimen, un gobierno provisional, como fue el encabezado por Raúl Castro los últimos 19 meses, carece de la legitimidad necesaria para afrontar los graves desafíos que impone el futuro, sean éstos de cualquier naturaleza. Tanto para impulsar las reformas que Cuba necesita como para emprender la defensa numantina de lo ya existente hay que estar asentado sobre bases más sólidas que la simple de- legación temporal del poder de un presidente enfermo. De todos modos, hasta el próximo domingo, cuando la Asamblea Nacional elija a las nuevas autoridades, no estaremos en condiciones de saber algo más sobre el futuro de Cuba. Y puede que ni siquiera entonces. De la composición del nuevo gobierno, de los nombres allí presentes y ausentes, de la correlación de fuerzas entre aperturistas e inmovilistas, podremos extraer algunas conclusiones. Sin embargo, la posibilidad de que la larga sombra de Fidel Castro se siga proyectando a través de sus escritos y sus llamadas telefónicas sigue estando presente. Se han echado muchas campanas al vuelo, demasiadas. Puede que me equivoque, y me alegraría de ello, pero antes de doblar por la transición deberían previamente sonar otros toques.