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ABC JUEVES 21 s 2 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA QUE LO MODERE LA ONU ÓLO ha faltado que acudan a la ONU para que organice el debate una brigada de cascos azules. Pero bueno, ¿esto qué es, un cara a cara de candidatos o una conferencia de paz para Oriente Medio? Es posible que israelíes y palestinos fuesen menos melindrosos para elegir un mediador de lo que PSOE y PP lo han sido para seleccionar al moderador que les dé turnos de palabra a Rajoy y a Zapatero. Menudo espectáculo: vetos, contravetos, etiquetas, marchamos de independencia ideológica... la próxima vez será mejor que llamen a un Premio Nobel de la Paz, o a la Fundación Henri Dunant, de la que ya IGNACIO se saben el teléfono. CAMACHO Insisto: nos falta hábito democrático. Naturalidad, experiencia, rutina oesoqueahora sellamagenéricamente cultura Cultura de debate, costumbre de confrontar en los medios sin parapetarse en el burladero de esos mítines diseñados a la mayor gloria de los candidatos. Una cosa tan elemental en cualquier sociedad políticaavanzada. Es sencillo: una televisión, ouna organizacióncorporativa, invita a los aspirantes, y éstos acuden, se sientan en un plató y comienzan a discutir sobre un temario acordado. A menudo incluso se someten a preguntas seleccionadas por un panel de entrevistadores de prestigio. Y ni se les ocurre preguntar si son amigos o enemigos; en las democracias de opinión, se da por sentado que se trata de profesionales. Al fin y al cabo, al presidente del Parlamento tampoco se le elige por sorteo. Ni siquiera por consenso. Lo que han hecho los estrategas de nuestros dos principales partidos es una ofensa a la profesionalidad colectiva del periodismo. Poner en duda la imparcialidad de un comunicador a la hora de presentar y dirigir un debate, o de una cadena pública o privada para organizarlo, constituyeun insulto a los principios delalibertad deprensa. Estagenteconfundeneutralidad con independencia, y piensa que todo el mundo es tan sectario como ellos. No les basta con encorsetar cualquier atisbo de flexibilidad en el debate, ni con cerrar toda rendija que pueda ocasionar un imprevisto, ni con emitir una señalúnica comosi fueseelmensajerealdeNochebuena; pretenden encajonar el encuentro, convertirlo en una mera sucesión de bustos parlantes, con un moderador transparente y a ser posible amordazado. No contentos con inmovilizarlo en un estrechísimo marco de actuación, se permiten seleccionarlo con una criba en régimen de autoservicio, olisqueando hasta los matices de su perfume: éste no que es de derechas; éste tampoco, que una vez me negó un favor; aquélla menos, que me hizo una pregunta indiscreta. ¿Pero qué se han creído? ¿De veras piensan que un profesional de primer nivel se va a jugar su prestigio con un arbitraje parcial o casero? ¿Por qué no ponen a un muñeco y se administran ellos mismos los tiempos? Probablemente lo harían, si pudiesen. Porque están agarrotados de miedo, un pavor abismal y atávico, una desconfianza incontrolable hacia los usos comunes de la libertad. Esconden con disfraces de quisquillosa neutralidad su pánico al criterio independiente, su mal encubierto recelo al contraste. Pero si ése es el concepto que tienen del periodismo libre, que no se extrañen después del que éste refleja de ellos. S RELACIÓN PAKISTÁN- AFGANISTÁN EXTERIOR L A libertad produce victorias de piedra, como en Samotracia, aunque la democracia se parezca a veces a la vieja dama de Kazantzakis, refugiada en Creta, imaginándose a almirantes británicos o generales turcos, en veladas nunca vividas, entre uniformes de gala. Bouboulina moría en brazos de Zorba, soñando un mundo que no conoció. Era dame de petit vertu, pero tenía verdadera dignidad. Algo la separaba del personal siempre dispuesto a tragar. Ahora la democracia ha triunfado en Pakistán con ese brillo que le es consustancial. Benazir Butho gana desde el otro mundo, en un espectáculo de sobrenatural belleza. Daríamos la vida por esa democracia imperfecta. Las urnas han mostrado su misteriosa fuerza al expulsar del poder al inteligente y falsario general Musharraf. La cordillera de 300 kilómetros que separa (teóricamente) Afganistán de Pakistán, Peshawar de Jalalabad, esconde al mando de Al Qaeda. La complicidad de la dictadura paquistaní y los servicios del ISI es un enigma envuelto en un arcano. Quizá evolucione el chantaje nuclear- militar ejercido en estos cinco años frente a India. DARÍO VALCÁRCEL En territorio afgano, la Otan pelea, con razón, por afirmar un muy modesto sistema de libertades simbolizado hoy por Hamid Karzai. Hay tropas de 35 países. Reino Unido, Canadá o Alemania aportan millares de hombres: 7.000, 3.700 y 2.800, respectivamente. Estados Unidos, 15.500. España, 750 soldados, desplegados al oeste, en la frontera con Irán. Los combates más duros se libran al sureste, cerca de Pakistán. Estados Unidos invadió Afganistán 26 días después del 11- S y expulsó al corrompido régimen talibán. Los suicidas de Las Torres no eran afganos, pero los campos de entrenamiento de Al Qaeda estaban allí. Mientras vemos cómo evoluciona Pakistán, observemos día y noche a Afganistán. La extensión de los atentados suicidas ha agravado el destrozo en la población, cuyos muertos contamos con imprecisión vergonzosa. Se espera una ofensiva talibán en primavera. Hay mu- cho dinero por medio. Por eso es indispensable reforzar a las fuerzas aliadas en marzo mientras los países ricos aportamos nuevos medios (dinero e inteligencia en sentido amplio) para asentar la reconstrucción del país. Contra la corrupción, contra el soborno de jueces y policías. La paz de Londres, Nueva York o Madrid se juega inevitablemente en Afganistán y Pakistán. Alemania, por ejemplo, ha enviado casi tres millares de hombres. Merkel, como Schroeder, sabe que no habrá paz en occidente sin pacificar a Afganistán. La cancillería, sin embargo, insiste en una obviedad, no correr más riesgos de los necesarios. Entre tanto, los soldados británicos, canadienses, holandeses, mueren cada día en el sur. Stephen Harper, primer ministro conservador, ha dado un puñetazo en la mesa: Canadá retirará sus tropas si los europeos no refuerzan las suyas. España es, a escala europea, un país medio- grande con un ejército más que modesto. Tiene una buena marina, cinco veces inferior en tonelaje, por ejemplo, a la de Francia. Hay otras desproporciones más graves. El pacifismo primitivo de muchos españoles fomenta esa afición a no defender lo que se tiene (toda nación sin fuerza militar, sostenía Palmerston, es internacionalmente irrelevante) Los soldados de la Otan enseñan el oficio a los afganos, función esencial. La situación de Afganistán- -segundo punto- -no se solucionará sólo con más soldados: es necesario reforzar la cooperación civil y esto incluye el combate contra el narcotráfico. Tercero y más importante: los gobiernos europeos y el canadiense habrán de trabajar con Irán y Pakistán, mientras Washington espera. Intentar, por ejemplo, el progresivo desarme de los talibanes moderados. América necesita ese apoyo diplomático y militar. Afganistán no es Irak. La invasión contó con el respaldo de Naciones Unidas. Algunos ejércitos, leíamos el 13 de febrero en el Herald Tribune, no parecen preparados para el combate. Hay opiniones públicas que expresan horror ante los ataúdes envueltos en banderas. Como si EE. UU. Canadá, Holanda o Reino Unido recibieran indiferentes a sus soldados muertos...