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ABC MIÉRCOLES 20 s 2 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 99 Una imagen de Zaratustra la coreografía de Maurice Béjart que se presenta hoy en el Teatro Real ABC Maurice Béjart revive en el Teatro Real La compañía creada por el desaparecido coreógrafo marsellés presenta Zaratustra uno de sus últimos trabajos JULIO BRAVO MADRID. Hace apenas tres meses que murió en Lausana Maurice Béjart. Hoy, el Teatro Real rendirá homenaje al coreógrafo marsellés con la presentación- -ya estaba programada antes de su fallecimiento- -de una de sus últimas creaciones: Zaratustra inspirada en la obra de Friedrich Nietzsche. Será la primera actuación en el Real del Béjart Ballet Lausana, que, tras la muerte de su creador, dirige su mano derecha, Gil Roman. Seguir creando y no mirar atrás es, dijo ayer Roman en la presentación del espectáculo, el lema del futuro de la compañía, que tiene en su armario cerca de doscientas creaciones; un repertorio que no va a conservarse en naftalina, añadió, y al que va a darse nueva vida. El peligro- -dijo Gil Roman, al que cita Ep- -está en quedarse encerrados en el pasado. Béjart estuvo creando hasta el último día, y nosotros somos jóvenes y tenemos ganas de seguir haciendo cosas nuevas, que se vea que la compañía es algo vivo y de ahora Una frase que Nietzsche repitió en varios de sus libros: Zaratustra es un bailarín fue el punto de partida de Béjart para la creación de esta pieza. Durante cincuenta años, el creador marsellés- -sin duda una de las figuras más importantes de la escena internacional en el siglo XX- -estuvo obsesionado con Nietzsche. En mis comienzos- -escribió- -la obra de Nietzsche fue para mí una gran fuente de inspiración; creo que Wagner y él en su extraña amistad, apasionada y feroz, han transformado mi juventud y mis primeras investigaciones Y seguía: En Así habló Zaratustra la danza vuelve a mostrarse constantemente, como una obsesión espiritual y física, a la vez que nos obliga a pensar. Pero cómo pensar sin danzar, cómo comprender cualquier cosa de la existencia sin este movimiento rítmico conectado a lo más profundo del ser Así, este espectáculo se ha convertido en un homenaje a la danza, en un himno al cuerpo humano danzando más allá de los siglos de las razas y de las civilizaciones según las propias palabras de Béjart, cuya relación con la filosofía le venía desde la propia cuna, ya que su padre era filósofo. El coreógrafo recurrió también para esta coreografía a varios de los músicos que fueron una constante en su carrera; entre ellos, Richard Wagner y Ludwig van Beethoven. Precisamente con el Preludio de Tristán e Isolda (una obra que se pudo ver en el propio Real hace unas semanas) arranca la coreografía, donde suenan también músicas de Vivaldi, Bach, Offenbach, Metastasio, del propio Nietzsche, y también músicas de diferentes etnias. Entre los intérpretes de esta obra figura Elisabet Ros, una española que hace años brilla en Lausana; en la compañía hay otro español, Héctor Navarro, y un tercero, Gabriel Barrenengoa, ensaya con ellos. Más información sobre la producción: http: www. teatro- real. com ÓPERA Poliuto Autor: G. Donizetti. Intérpretes: F. Casanova, F. Cedolins, V. Stoyanov, G. B. Parodi, M. Pace. Coro Ópera de Bilbao. Orquesta Sinfónica de Navarra. Director musical: F. Carminati. Director de escena: I. García. Temporada ABAO. Lugar: Bilbao, Palacio Euskalduna Catacumbas laicas COSME MARINA La Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera cuida con especial mimo en su programación a Donizetti y, junto a sus obras más conocidas, también se ocupa de otras que apenas hay opción de presenciar en escena. Le llega ahora el turno a Poliuto Musicalmente la obra es, antes que nada, irregular, con un primer acto aburrido, sin la menor enjundia, un segundo de mayor interés y un tercero que se queda en tablas. O sea, un Donizetti menor pero muy similar a otros que transitan por las carteleras diríamos casi impunemente. Lo primero que llama la atención es la puesta en escena firmada por Ignacio García, ya sin duda uno de los nombres españoles más interesantes de la actualidad en lo que a dirección escénica se refiere. Nada de dominaciones romanas ni del glamour del peplum. Todo lo contrario, los martirios que narra Donizetti saltan a la actualidad, con metralletas y catacumbas que son escombros de bombardeos. Ahí transita el mensaje de tolerancia de la obra y su universalidad, en la exposición de un conflicto, del choque religioso en plena actualidad. Acertó de lleno García y expuso su idea con una dramaturgia sencilla, casi lacónica, de enorme efectividad. Fabrizio Carminati, apreciado en la casa, fue el respon- Acertó de lleno Ignacio García con su puesta en escena, de efectiva y sencilla, casi lacónica, dramaturgia sable musical de la producción al frente de una correcta Sinfónica de Navarra. Concertó bien, con pulso dramático y tensión y potenció el trabajo de los intérpretes y del siempre en su sitio coro de la Ópera de Bilbao. En el muy cuidado reparto, y por encima de todos, destacó la Paolina de Fiorenza Cedolins, justamente gran triunfadora, de estilo severo, vocalmente impecable en la musicalidad donizettiana, haciendo gala de una emisión carnosa y entregada. También interesante resultó el Poliuto de Francisco Casanova, aunque le faltó esmero en el remate de algunas frases y algún agudo destemplado. Vladimir Stoyanov cantó un más que solvente Severo y Giovanni Battista Parodi cumplió como Callistene.