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ABC MIÉRCOLES 20 s 2 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA PATRIA O MUERTE O hay dictadores mejores ni peores que otros. Algunos son más feroces, o más brutos, o más inteligentes, o envuelven en un cierto refinamiento su crueldad, pero en el fondo setrata siempre dela misma inmoralidad esencial: la de un hombre que secuestra por la fuerza la voluntad de un pueblo, en el vano nombre de un grupo o de una idea. Existe la tentación común de clasificar su maldad en atención al número de víctimas: asesinatos, encarcelamientos, torturas. Vano empeño. Los hay que necesitan matar más y quienes pueden lograr con menos violencia el IGNACIO mismo inaceptable objetiCAMACHO vo: ejercer el poder absoluto mediante la coacción, el terror, la intimidación y el crimen. Fidel Castro ha gozado siempre de la benevolencia comprensiva de una izquierda europea atrincherada en el sectarismo, presa de un etnocentrismo hipócrita que tolera para el pueblocubanoloqueno aceptaría paraelespañol, el francés o el italiano. La fascinación castrista alcanza la categoría demito; un mito absurdoy miope quedominala cosmovisión progresista de la última mitad del siglo XX. El izquierdismo recalcitrante jamás ha terminadodetorcersu brazo antelaprogresivaevidencia de un pueblo derrumbado en la miseria y de un tirano irracionalmente apalancado en su autoridad abusiva y sangrienta; se han minimizado sus atropellos, edulcorado sus arbitrariedades y buscado pretextos victimistas para justificar su retardatario enroque frente a los vientos de la Historia. Hasta este sórdido final aplazos, estainnecesariay dolorosa dilatación del tránsito, este apego ultramontano a los resortes de un autoritarismo cruel y trasnochado, encuentra la anuencia complaciente de quienes se resisten a aceptar la igualdad decisivay fundamental del dinosaurio caribeño con otros sátrapas adheridos a su delirio de poder hasta el último aliento de la vesania. Fidelnoseva, ni quiereirse; sólosu desaparición cerrará del todo el ominoso capítulo de la larga y despótica clausura política y social cubana. Acosado por la enfermedad, cercado por la terca recurrencia del debilitamiento, ha convertido el hospital en la última trinchera de su ofuscada resistencia. Experto como es en el ejercicio del poder personal hasta sus consecuencias más profundas, ha cambiado el uniforme por el chándal para continuar controlando desde la cama el destino de un pueblo al que desde hace cincuenta eternos años ha enajenado la libertad, el albedrío, la dignidad y hasta la simple capacidad para sobrevivir por sí mismo. Él seguirá mientras pueda dictando los soporíferos textos y consignas que soportan su ya cansina irreductibilidad, y manejandolasdecisionesclaves queatenazan el futuro de la isla y de su gente. Sólo ha oficializado lo evidente, su manifiesta inhabilitación para una agenda de normalidad física y el inevitable declive de su liderazgo, y trata de aplicar un maquillaje lampedusiano para disfrazar la ultima ratio de su pétrea voluntad inmovilista. Ni transición ni zarandajas; ahora más que nunca, el rancio lema de patriaomuerte rige el horizontede la Cubaanacrónicadel castrismo: sólo la muerte del dictador devolverá asu naciónlasriendasdesu propio destino. N BERMEJO, POYAQUE Y VOTO EBAY UANDO todos andan señalando con el dedo al ministro Bermejo, por haber hecho unas reformitas de nada en su solución habitacional oficial, y a los dos vecinos de la Bahía de Cádiz que han puesto sus votos en subasta por Internet, creo que merecen una exculpación. Bermejo no ha tirado el dinero público ni ha derrochado 250.000 euros en la reformita de nada de su piso. Tienen la culpa los artistas. Ya sabe usted lo que cuesta encontrar unos artistas que te reformen la cocina o el cuarto de baño. Y, una vez que los has hallado, nadie sabe cuándo llegarán. De lo que colijo que Bermejo no llamó a los artistas para los arreglitos del piso. Quien los llamó fue Javier Arenas, cuando como ministro de Trabajo puso allí lo que los militares solteros de la postguerra llamaban un imperio dando posada y asiento a la lumbre a Manuel Pimentel y Amalia Gómez, y solucionando las cenas con la socorrida llamada al telepizza. Así está de gorda Amalia Gómez, de la de pizzas que se comió cuando como directora general de Asuntos Sociales vivía en la comuna de derechas del piso oficial del ministro Arenas. El piso estaba hecho unos zorros, y ANTONIO Arenas llamó a los artistas. Y ya sabe BURGOS usted lo que les pasa: que el de la brocha gorda se cree Velázquez y el del palaustre, Moneo, y que no vienen. Cuando se presentaron, por fin, llamaron a la puerta, miraron el papel del parte y dijeron: -Buenas, ¿es ésta la casa de don Javier Arenas? Es que somos los de la reforma. ¿Dónde podemos aparcar la furgoneta para subir los materiales? -No, aquí vive ahora don Mariano Fernández- Bermejo, pero ya que están ustedes aquí, pasen, pasen... Bermejo, obviamente, hizo lo que todos cuando vemos aparecer por la puerta a los ansiados artistas: primero, darles dos besos; después, preguntarles si quieren una cervecita; y por último bajar urgentemente a quitar el coche, para dejarles sitio donde aparcar la furgona. A partir de ahí, todo es justificable en Bermejo. Fue, como todo el que acomete reformas en su casa, víc- EL RECUADRO C tima del Poyaque. Lo peor de esas obras no es el costo inicial, sino el Poyaque. ¿Que se le fue a Bermejo la mano con el Poyaque? ¿Y a quién no se le va? No les he explicado a todo esto qué es el Poyaque. Oigan la explicación en boca del propio Bermejo, que lo sabrán y justificarán sobradamente: -Po- ya- que están ustedes aquí para arreglar las filtraciones y poner cañerías nuevas, ¿por qué no me cambian también los sanitarios del cuarto de baño? Y cuando ya habían puesto el Roca y porcelanoseado todo aquello, otro Poyaque: -Po- ya- que están ustedes aquí, ¿por qué no le dan un repasito a la terraza y me ponen unas jardineras nuevas? Y cuando llegó el de las jardineras, que era de una tienda de decoración pijísima y chulísima, de Pozuelo, otro Poyaque: -Po- ya- que ustedes también se dedican a eso, ¿por qué no me cambian la tapicería de los tresillos? Como suele ocurrir, el Poyaque de Bermejo asciende a 250.000 euros. Barato me parece. Y favor que nos ha hecho, al no aplicar el Poyaque al suelo radiante, por ejemplo. Total, Poyaque están ustedes aquí, ¿qué mejor calefacción que un buen suelo radiante? Tan poco culpable es Bermejo, por la eximente del Poyaque, como los dos gaditanos que tienen su voto puesto en subasta por Internet. Ellos no tienen la culpa. Han visto que tanto ZP como Rajoy prometen cada día el oro y el moro, que si los 400 euros, que si tal y si cual. Y simplemente lo que quieren mediante la venta de su voto es algo tan lícito y regulado por las leyes como el pago por adelantado. El voto sale tan barato por el descuento por pronto pago. No son delincuentes. Son desconfiados. Han oído las campanas al vuelo de que ZP va a dar 400 euros por barba, pero no se fían, porque España no se merece un Gobierno que mienta Lo que quieren esos gaditanos es simplemente cobrar por adelantado los 400 euros. Y no como el resto de los votantes, que vamos a cobrar los 400 euros famosos al ya te veré. O sea, como la retirada de nuestras tropas de Kosovo, chispa más o menos.