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ABC MARTES 19- -2- -2008 TOROS www. abc. es toros 83 César Rincón ante la Historia Se va el torero más importante de América. El próximo día 24 se despide en Bogotá el hombre que en 1991 conquistó Las Ventas con cuatro Puertas Grandes. Atrás quedan 25 años de leyenda POR ZABALA DE LA SERNA MADRID. Lejos sonaban entonces los inminentes clarines del adiós definitivo en Bogotá, cuando César Rincón se despedía de España en Barcelona. El eco de las voces que coreaban el grito unánime de ¡torero, torero! que le había seguido desde el 21 de mayo de 1991 en Las Ventas se apagaba lentamente, como el crepúsculo del Mediterráneo, en los tendidos de la Monumental. Una sola tarde había concentrado toda la tauromaquia de 25 años de leyenda. Las lágrimas brotaron entreaplausos y ovaciones con el quebranto del toro, muerto en la suerte de recibir, sobre la boca de riego callada. Volaban los pañuelos y se agolpaban los recuerdos; los ojos de César se adentraban en el mundo de las nostalgias durante la vuelta al ruedo, agarrado a las banderas deEspaña y Colombia como a dos asideros de vida, patrias que sustituían en las palmas de sus manos los trofeos de raza y caza, valor y distancias, empaque y solera. Viajaba Rincón al pasado en aquellos momentos, por su barrio natal de Santander, en Santa Fe de Bogotá, que había parido en 1965 el torero más importante de la Historia del Toreo en América. Ni los Gaona, Armillita, Garza, Arruza- -dicho y escrito con los máximos respetos- -y toda aquella pléyade de grandiosos toreros que pusieron en lo más alto a México; ni los arrolladores Girón, César y Curro, de la Venezuela tristemente chavista hoy; ningún capitán de la torería americana conquistó tantas tierras ni mantuvo tantos años su imperio como el César de piedra, Rincón de bronce. De Madrid al cielo y desde el cielo a Francia, a la conquista de las Galias. Y el universo táurico se rindió a sus pies en el regreso a la Tierra Madre para hacerse héroe y mito sobre un camión de bomberos con cuatro Puertas Grandes de Madrid, cuatro de una tacada, sobre los hombros; desde el 91 Rincón ha paseado Colombia por el mundo como su más carismático embajador. Donde alcanzaron sus naves ningún presidente, político o diplomático colombiano ha llegado: al corazón de los pueblos. El 21 de mayo de 1991 cambió el curso de la historia. Encadenó César Rincón tres Puertas Grandes- -la segunda al día siguiente- -consecutivas en la primavera de mayo y junio. Y una cuarta en octubre. El ciclo de tristeza había concluido. De momento, sólo de momento, hasta que la enfermedad y un durísimo tratamiento de Interferón le obligaron a retirarse, para luego volver y reivindicarse de nuevo, a los cuarenta años, en 2004 y 2005, en Sevilla y Madrid. Rincón redescubrió en el 91 el toreo de siempre con las armas de la pureza, las distancias, la profundidad, un valor temible y la sabiduría de un torero en sazón que nunca dejaría de crecer. La revolución cesarista guardaba evidentes paralelismos con la que una década antes había protagonizado sobre la misma arena venteñaAntoñete, otrorevolucionario del clasicismo. La épica de Bastonito Rincón, en su primera Puerta Grande en Las Ventas en 1991 en el esportón como única carta credencial para perseguir los sueños, el mundo onírico que había vislumbrado en el horizonte de los paisajes inalcanzables un becerrista de 9 años pluriempleado de la calle. El paraíso de Alicia se proyectaba entrelas paredes del patio de su pobre y digna casa, con papá Gonzalo como maestro jedi de la vocación y la fuerza que hervían en su interior como la lava de un volcán. Llovió y llovió entre 1981 y 1991 sin que escampase. Para César Rincón nunca acababa de salir el sol. La hora del amanecer se retrasaba, como si las manillas no avanzaran y se quedasen marcando las dos, siempre las ABC Crespón de luto en el alma César terminó de recorrer el anillo de Barcelona aquel 23 de septiembre de 2007 sin que le hubiese dado una prórroga el reloj para paladear un segundo más. Como cada tarde había pensado en mamá Teresa, crespón de luto en el alma como aquel que lucía su manga en la alternativa de 1982, recientes aún las llamas y la tragedia: murieron su madre y su hermana Sonia en el fuego que prendieron las velas de rezos y plegarias para que al torero no le pasase nada... Antoñete, José María Manzanares y él, tan poquita cosa, en el tercio de la Santamaría, con el afán de la lucha dos. Confiesa el propio maestro queaquellos años sehicieron lentos, farragosos, interminables. La gravísima cornada de Palmira en 1990 colmó el vaso del dolor, y todavía nadie sabía que le había inoculado el virus de una hepatitis C que daría la cara en su plenitud, como un veneno de efectos retardados vertido en los ríos de su sangre, que bullía, en la plena eclosión de los años noventa, de pura gloria y frescas rosas, días de vino. Pero la cornada fue también como la curva de la montaña de rocas que al doblarse desemboca en un fértil mar donde el esfuerzo sembrado se multiplica como los panes y los peces de la parábola. Desde entonces, habitó siempre César Rincón en el espíritu de Las Ventas, sin que Las Ventas nunca le regalase ni un gramo de las seis Puertas Grandes- -la épica de Bastonito pervive en el recuerdo como una de las más fieras batallas libradas en el circo de Madrid, aun sin salida a hombros- -que ahora se lleva consigo. Quienes vivimos el toreo como pasión no olvidaremos jamás, ni cuandocrucemos la Laguna Estigia hacia la otra orilla, al César eterno, sus lecciones, su generosidad, su vida, rota y renacida tantas veces, su hombría y su grandeza. El próximo 24 de febrero de 2008 estaremos en el mano a mano con Enrique Ponce en la Santamaría de Bogotá para rendir el último tributo en nombre de cuantos lo hemos sentido muy nuestro, muy español también, y para agradecerle a Colombia haber dado al toreo una las figuras más importantes de su Historia, de alláy deacá, de América y España, y habérnoslo prestado un ratito: 25 años no son nada aunque ya sean leyenda.