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34 INTERNACIONAL Polémico nacimiento de un nuevo estado en Europa MARTES 19 s 2 s 2008 ABC Florentino Portero TENDRÁ CONSECUENCIAS A l fin ocurrió. Era un problema de tiempo. El territorio de Kosovo ha proclamado su independencia sin contar con la aprobación del Parlamento serbio. El Consejo de Seguridad no ha llegado a un acuerdo, lo que implica la ausencia de un fundamento jurídico. En esta situación tanto norteamericanos como europeos se encuentran ante la tesitura de aceptar la segregación unilateral de un territorio en contra de la voluntad del estado soberano o de enfrentarse a la opinión kosovar, exigirles la aceptación de continuar siendo parte de Serbia y prepararse para los posibles actos de violencia. El Departamento de Estado norteamericano comunicó en noviembre que por su parte la decisión era firme: reconocerían la independencia de Kosovo. No querían complicarse la vida. Sería el último capítulo de la desintegración de Yugoslavia, un proceso ajeno a su voluntad e imparable. Quedaba buscar la fecha apropiada y estaban dispuestos a dar tiempo para que la diplomacia lograra el mayor consenso posible. Los europeos tenían dudas, pero no alternativas. Jugar a dibujar fronteras a estas alturas no despierta entusiasmo entre aquellos que conocen la historia reciente de Europa y que temen el efecto que podría tener como precedente, pero enfrentarse a la realidad es otro cantar. Europa se gusta a sí misma por los logros alcanzados en justicia y bienestar social, pero es crecientemente incapaz no ya de resolver, sino siquiera de hacer frente a problemas internacionales ¿Quién está dispuesto a hacer valer el derecho de soberanía? ¿Quién a mantener allí sus tropas combatiendo si fuera el caso contra las guerrillas del UCK? De poco valen las convicciones cuando falta la voluntad. Todos desean sacar a sus soldados cuanto antes de los Balcanes y éste parece el atajo más rápido. Cada caso es distinto, pero el precedente está ahí. En Europa es posible la segregación unilateral de un territorio en contra de la voluntad del estado soberano y sin contar con una resolución del Consejo de Seguridad. Si alguien piensa que no tendrá consecuencias está muy equivocado. Un grupo de serbio- kosovares quema una bandera albanesa en la parte serbia de la ciudad kosovar de Mitrovica REUTERS Viejos súbditos, nuevos dueños El nuevo estado kosovar ha invertido el viejo pulso entre serbios- -que en su día fueron mayoría aquí- -y albaneses. Los argumentos de entonces sirven también hoy RAMIRO VILLAPADIERNA ENVIADO ESPECIAL LIPLJAN (KOSOVO) Los kosovares vieron ayer con alivio el reconocimiento de su nuevo estatus por las potencias del mundo. Cuestión no banal dado que en su primera declaración de independencia, en 1992, nadie los reconoció salvo Tirana, capital que ayer prefirió pasar de puntillas. El reconocimiento es tan importante como la declaración asumía el viceprimer ministro en declaración a Reuters. Pancartas y camisetas admitían en su agradecimiento a los distintos estados- -entre los que no se contaba España- -su deuda con la comunidad internacional, que ha dado salida final a un trámite enquistado. La sostenibilidad del proyecto, que retrasó tanto una postura internacional sobre una situación de facto, salió de nuevo- -y no a relucir- -al irse incluso la luz durante el anuncio por el primer ministro a la prensa. Sobre el terreno, el efecto psicológico era que la minoría albanesa- -en el antiguo estado- -pasaba a ser mayoría en el nuevo, y viceversa acaecía a la mermada comunidad serbia. Regla que no conoce excepción en el Balcán es que todo es estupendo cuando es uno quien manda. En Lipljan, la albanesa Nerimane, que celebró el día hasta la madrugada, asegura que los serbios aquí están bien, todo es normal la misma impresión que repetían los serbios en Kosovo cuando mandaban. Pero hoy son sólo 500 en un pueblo de 5.000 y, en casa de los Semiónovic, no sólo están triste sino que ni salen a la calle: Aquí no pintamos ya nada, mire los niños, ni los dejamos salir se lamenta Radmila. Ven la televisión y la prensa de Belgrado, que dice que las autoridades kosovares son criminales, y reciben educación, sanidad y pensión de Serbia, como siempre Bush y Solana nos han robado nuestro país aduce el marido, que fue director de la fábrica, daba trabajo a cien, sin mirar a nadie, pero cerró Mientras los serbios de Mitrovica protestan y juran la reconquista, en Lipljan, siendo menos, se encierran resignados en casa y, como Semiónovic, hacen política. España no habría reconocido la independencia sólo porque no le conviene, si no sería otro lacayo de EE. UU. como Solana, del que dudo que sea ni español Ve revelador el que los albaneses festejen siempre con la bandera americana. Su mujer es directora local de Agricultura y, junto con Lidija Ivánovic que se ocupa de minorías, son las dos serbias que colaboran en el ayuntamiento albanés No tiene pensado boicotearlo como ha incitado Belgrado. En el trabajo no hay problema y tengo amigas albanesas dice Radmila, que habla perfectamente albanés. Cada vez que se explaya sobre la vida, hay que trabajar más, hay que reconciliarse y el futuro de sus hijos, no podemos perder la esperanza su marido vuelve con la conjura antiserbia: La UE ha demostrado ser esclava de Bush, nosotros somos los primeros europeos del Balcán Y los serbios nunca habrían hecho nada no sabe nada de crímenes y, si hubo alguno, fue cosa de los políticos Con sus explicaciones y números, Semiónovic ejerce la costumbre local de tomar por bobo al foráneo, pero además tiene los nervios deshechos. Donde, para el jefe de Policía albanés, los serbios son el 10 por ciento, para Semiónovic eran antes el 90 por ciento. Gitanos, ashkali, turcos y croatas forman el otro 3 por ciento, pero siendo pocos siempre van con quien manda En el ayuntamiento, el jefe de servicio afirma que el 16 por ciento del presupuesto va a minorías, aunque también Belgrado paga, de hecho a un médico le paga el doble aquí que en Serbia La guerra de los números- -argumento de poder heredado del socialismo- -es larga e inicua. Se trata de no ser uno la minoría, sino el otro. Esto es Serbia y no podemos ser minoría en nuestra tierra... Lo que pensaban hasta ahora los albaneses respecto de Kosovo, donde eran el 90 por ciento. Los serbios no lo gestionaron bien, cabe a los albaneses la obligación de hacerlo mejor dice el sociólogo Shkelzën Maliqi. El color del cristal Aquí no pintamos ya nada, mire los niños, ni los dejamos salir se lamenta la serbia Radmila en Lipljan