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64 MADRID DOMINGO 17 s 2 s 2008 ABC PECADOS CAPITALES Mayte Alcaraz A LA CEJA DE LA HOZ Las cajas de cartón sirven de pared y cobijo a los dos indigentes que dormían en este paso subterráneo Vivir debajo de la Cibeles Entre ocho y diez indigentes han montado su domicilio en el paso subterráneo entre el paseo de Recoletos y la calle de Alcalá. No molestan, van a lo suyo y parecen drogadictos. Los hay muy jóvenes dicen algunos de los transeúntes POR MARÍA ISABEL SERRANO FOTO FRANCISCO SECO MADRID. Un montón de cajas de cartón, varias mantas, revistas antiguas, otra revista con un desnudo femenino en la portada, un vaso de plástico blanco y un cartón de leche medio vacío No es mucho. Es casi todo lo que acompaña a uno de los indigentes que duerme profundamente en el suelo, en las frías baldosas del paso subterráneo de la plaza de Cibeles, entre el paseo del Prado y la esquina del Banco de España, en la calle de Alcalá. ¡No iréis a despertarle, verdad! nos reprende un joven que acaba de llegar y empieza a liarse un porro. ¿Le conocéis? ¿Qué queréis de él? vuelve a regañarnos. Cuando conoce nuestras intenciones pone cara de pocos amigos y enfila por las escaleras hacia el exterior. De repente, notamos que son dos los mendigos que duermen en ese mismo lugar porque uno de los cartones de al lado se ha movido y ha dejado al descubierto el cuerpo de otra persona. La gente pasa a su lado, con las prisas propias. Miran de reojo pero sin mostrar mayor curiosidad. Ni tampoco un mínimo de interés. Ayer, por lo visto, era un día tranquilo en este paso subterráneo. Que a eso de la media mañana sólo hubiera dos indigentes no parece ser lo normal. Según cuenta el responsable de uno de los quioscos de prensa de Cibeles, lo normal es que haya entre ocho o diez personas. No dan molestias. Duermen aquí y aquí es donde algunos pasan la mayor parte del día. Creo, por su aspecto, que la mayoría son drogadictos Fernando S. empleado de una entidad bancaria en la calle Alcalá, pasa a diario por el subterráneo. Esto hay que verlo entre las siete y las ocho de la mañana. Hay muchos. Yo tengo que pasar por aquí porque salgo del Metro. Lo que me da es una sensación de impotencia. Es duro pensar que hay gente viviendo en estas condiciones de insalubridad y desamparo Fernando S. se encuentra con este panorama varias veces a lo largo de la mañana porque hay momentos en que salimos a tomar un café y otras que me toca volver al Metro para ir a realizar una gestión relacionada con el trabajo. Cuando regreso a la oficina, vuelvo a pasar y ahí están. Siempre hay alguno. A veces he visto hasta mujeres y gente muy joven El conductor de un autobús de la EMT que tiene final de trayecto junto al acceso al subterráneo también se ha percatado de los mendigos. Les he visto salir y entrar a menudo. Algunos tienen aspecto de enfermos y desnutridos. Cuando me toca madrugar es cuando más les veo. Este paso está abierto a todas horas. Entran y salen Insalubridad y soledad cuando quieren porque es como una casa sin puertas. Algunos compañeros del turno de noche también les ven entrar, digo yo que para dormir Nadie sabe, a ciencia exacta, cuántos son los mendigos fijos que habitan en este paso, a muy pocos metros de la nueva sede del Ayuntamiento. En lo que sí coinciden es en que los hay muy jóvenes Tamara, empleada de un restaurante de la calle de Alcalá dice que cuando ella sale de trabajar, por la noche, este lugar huele a humedad y orín, aunque los servicios de limpieza procuran mantener la zona lo más limpia posible Me busco la vida por ahí Quienes utilizan a menudo este paso comentan que los indigentes no suelen pedir dinero pero que pasan gran parte del día ahí abajo También parece habitual la presencia de los servicios sociales municipales, pero da igual, a los pocos días vuelven, estos u otros En la calle nos encontramos con el joven que se estaba preparando un canuto Va bien vestido- -chupa de cuero y pantalón vaquero- -y no tiene mal aspecto. Yo he vivido ahí abajo seis meses. Ya no. Me busco la vida por ahí. Ahora me voy a hacer una mecha ¿Qué dices? ¡Qué me voy a robar tiendas. Qué hay que comer! Y sale pitando. alvo a Javier Bardem, al que los compromisos con la Academia de Hollywood no le permiten veleidades políticas en España, los demás artistas de la pancarta le han hecho un feo a Llamazares de los que no se perdonan. Militantes comunistas tan reputados como Víctor Manuel, Ana Belén o Joaquín Sabina han hecho el viaje al centroradical de Zapatero. Y puestas así las cosas, prefieren la ceja enarcada del presidente que la hoz que, a la postre, no sirve ya para casi nada, ni siquiera para depilar la frondosa ceja del inquilino de La Moncloa. Y a Llamazares que le frían, habrán pensado. Para qué vamos a quedarnos con sucedáneos minoritarios- -léase IU- (que son superados incluso, según el CIS, por PNV CiU y ERC) cuando tenemos al líder de la tensión y de la dramatización que, además, nos arrea un canon que nos pone en casa. Y a cambio, casi nada. Una cancioncita de Serrat (por cierto, maravillosa la versión de Defender la Alegría de Benedetti) un par de poses de los interfectos con Sonsoles Espinosa y unos cursos de dramatización al presidente, ahora que ya se ha quitado la careta y quiere ponernos a todos en tensión, olvidados ya los tiempos del (buen) talante. Ya saben: siglo XX (o XXI en este caso) cambalache: los políticos dramatizando y los dramáticos (los cómicos, que suena mejor) pidiendo el voto al más puro estilo de los políticos. Y en esa dinámica, los médicos se apuntan al botellón delante de un hospital y los pacientes hacen cola en las urgencias como si fuera la pescadería. Que no pare la fiesta, que Caldera la ha retirado también de la lista de desempleo, porque la fiesta siempre está en plena formación. Miren si no el brindis con espumoso del nuncio y el presidente del Gobierno. Uno encuentra una fiesta donde menos se lo espera. Y donde se lo espera, como en la feliz y próxima inauguración del AVE a Barcelona, se desatan los malos rollos entre Generalitat y Gobierno por ver quién se apunta el tanto y quién apechuga con la chapuza, que para el caso es lo mismo. Menos mal que María San Gil, según el parte, sólo fue protagonista de un incidente Lo dicho: que no pare la fiesta. S