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ABC DOMINGO 17 s 2 s 2008 Precampaña electoral s Análisis ESPAÑA 17 La tensión y el tiempo perdido El verdadero descubrimiento para el PP es descubrir que lo que conviene a sus intereses es la moderación y la pedagogía política. Sus dirigentes tendrán que reconocer que, a la tensión y el drama, han respondido con el drama y la tensión mero y, entre todos los entusiastas con la grabación inesperada, Mariano Rajoy dijo el viernes que el presidente se había quitado la careta del talante. Luego añadió que se le había visto el careto un expresión que desmerece del irónico y buen parlamentario que el candidato del PP es cuando está relajado. Lo que llama la atención no es la estrategia del PSOE, sino que el PP quiera presentarlo ahora como un descubrimiento como si hiciese falta esa obviedad para conocer, al final de la legislatura, el verdadero rostro de la política de Zapatero. Es evidente que al PSOE le conviene la tensión y un cierto grado de dramatización. Al fin y al cabo, el resultado de las elecciones de marzo no depende para los socialistas de un sector del electorado que duda entre votarles a ellos o a los populares, sino entre votar al PSOE o quedarse en la abstención, mayoritariamente, o apoyar terceras opciones como la de Rosa Díez. ¿Cómo conseguir que voten a los socialistas? Presentando al PP y la posibilidad de que gobierne como un peligro como la paralización de todos los avances y la vuelta a la caverna de la derecha extrema xenófoba, mentirosa, clerical e inmovilista. De ahí la conveniencia de la tensión y la dramatización que, como diría Leonardo Sciascia (escritor tan querido por Guerra) es algo que se encuadra, a diferencia de la tragedia, en las relaciones de los seres humanos con la ley. Al fin y al cabo, es lo que ha ocurrido estos cuatro años: dio resultado en 2004 ya que se desplazaron al PSOE los que votaron contra el PP y lo ha dado en el Congreso para sostener políticas gubernamentales. El verdadero descubrimiento para el PP es descubrir que, estratégica y electoralmente, lo que conviene a sus intereses es la moderación y la pedagogía política. Sus dirigentes tendrán que reconocer que, a la tensión y el drama, han respondido demasiado a menudo, como si fuese una línea de comportamiento de esta legislatura tan lamentable, con el drama y la tensión. La actitud ante la investigación de los atentados del 11- M, e incluso la de algunos con la sentencia resultante de la Audiencia Nacional, no puede definirse sino como un modo de tensionar y dramatizar sin ningún fundamento y poniendo en duda el trabajo de las instituciones del Estado de Derecho. Asimismo, el PP- -en algunos casos por voluntad interesada, en otros por sentirse tristemente atrapados- -ha potenciado, financiado y seguido a cuanto predicador atrabiliario del drama se ha encontrado en el camino. Incluso en asuntos en los que te- Germán Yanke n micrófono recoge la frase del presidente Rodríguez Zapatero sobre la necesidad de tensión y de dramatizar durante la campaña electoral para asegurar las buenas perspectivas y el PP despliega la retórica de haber descubierto el océano. Un comunicado del partido afirma que se ha descubierto cómo es realmente el líder socialista, Esperanza Aguirre (tan presente en la campaña como si hubiese logrado un lugar en la lista de la que fue excluido Ruiz Gallardón) que se le ha visto el plu- U Lo que conviene al PP, para ganar adeptos en el centro y evitar el aval a los préstamos que quiere el PSOE, es la moderación nía razón, como la crítica a la política antiterrorista del Gobierno, no ha encontrado el tono alejado de esos dos fantasmas como se constata, por citar un ejemplo, en la afirmación de que la política socialista necesita el pacto con ETA. Hay quien piensa que si al PSOE le conviene la tensión para conseguir los necesarios votos prestados, al PP le ha venido bien para no perder los suyos en un escenario que comenzó con el drama de ser inesperadamente derrotado en las urnas y que siguió con una práctica de exclusión vendida arteramente como el consenso de los demás. En este segundo caso, la explicación sólo se sostendría desde el error de confundir la militancia más expresiva con el sinfín de votantes, que suelen estar tan despegados de las cuitas internas como al abrigo de la tormenta del fanatismo. Porque lo que conviene al PP, para ganar adeptos en el centro y evitar el aval a los préstamos que quiere el PSOE, es la moderación, que no es la pusilanimidad en la doctrina sino la actitud formal, la única actitud formal, en la que las propuestas y las ideas tengan más cabida que el desgarro. Descubierta, aunque sea teóricamente, la moderación, convendría pensar en el tiempo perdido.