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ABC DOMINGO 17 s 2 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA COSTUMBRE DE DEBATIR SA especie de alborozada gratitud novelera con que ha sido recibido en España el anuncio de los debates electorales no viene a ser más que otro síntoma de la inmadurez que, pese al tiempo transcurrido, aqueja a nuestro sistema democrático. ¿A qué viene tanta celebración de algo que debería ser hace años un elemento consustancial y ordinario de la vida política? En todo caso, habría que plantearlo al revés: pues sólo faltaría que a estas alturas siguiésemos sin celebrar ese rito perfectamente usual en cualquier democracia consolidada y normalizada. No tenemos IGNACIO que agradecerle nada a naCAMACHO die, ni mucho menos a esos dos partidos a los que ha costado un mundo acordar algo tan elemental en un marco de perspectivas electorales; en una sociedad libre, abierta y transparente, los debates televisados son una obligación, no una dádiva. Aquí, sin embargo, parece que han tenido que cuadrarse los astros para que los estrategas del PSOE y del PP hayan dado en coincidir en sus mutuas exigencias. Han negociado como si estuviesen en la Conferencia de Viena, y aún le dan vueltas a los perfiles del moderador, como si eso fuese importante. En Estados Unidos, en Francia, en Inglaterra, los candidatos acuden a las televisiones que les invitan, sin preguntar si el presentador es amigo o enemigo, faltaría más, y se someten con naturalidad al cuestionario que se les plantea. ¿Alguien se imagina a Obama o a Hillary, a Segolène o a Sarko torciendo la nariz porque tal o cuál periodista les parece insuficientemente neutral, o escatimando requisitos de independencia a tal cadena o emisora? Para que puedan producirse esos debates ha hecho falta que las encuestas estén apretadas, que el presidente del Gobierno se sienta apurado de expectativas y que el jefe de la oposición ande ansioso por subírsele a las cejas, y además han sido menester horas de negociaciones bilaterales. Oigan, señores, que ese derecho no es de ustedes, sino nuestro. De los ciudadanos, del pueblo; de los candidatos es el deber de discutir a campo abierto, sin refugiarse en la ordalía sectaria de los mítines y las consignas. A ver si nos enteramos todos: democracia es palabra, dialéctica, confrontación y contraste. Los debates son, en la moderna sociedad de las comunicaciones, una costumbre democrática, como ésas a las que Rajoy quiere asimilar a los inmigrantes. Y ya que en nuestra anquilosada normativa no parece haber manera de incluirlos en la legislación electoral, va siendo hora de convertirlos en indeclinable obligación moral que no quede al albur de las circunstancias o de las ganas de los contendientes. Simplemente, hay que debatir, con normalidad y sin alharaca, con regularidad y sin tiquismiquis, como parte del rito cotidiano de la libertad. Convenga o no convenga a los políticos, simplemente porque conviene a los ciudadanos y al sistema. El candidato que se niegue ha de quedar estigmatizado ante el conjunto de los electores; al fin y al cabo, para un hombre decente que pretende gobernar una nación, siempre debe existir algo más importante que perder unas elecciones: perder el honor y la vergüenza de caer dignamente. E EL RECUADRO LAS DOS ESPAÑAS DE LA ECONOMÍA N la ingeniosa pero ya tópica respuesta al saludo de ¿cómo estás? de cortesía, la que dice ¿quieres que te diga que bien, o te lo cuento? opto, sin que usted me lo pregunte, por la segunda parte. Te lo cuento. Porque estoy de salud creo yo que exactamente igual que la economía española, y perdónenme si me convierto en metáfora, pero es lo que tengo más a mano. Como al tabaco le ocurre como a los gobiernos, que aunque te quites de ellos siempre dejan huella, mis pulmones pasan muy mal los inviernos, por mi antigua y fervorosa devoción a Celtas y Gitanes, de cuya fe me hicieron apostatar. Y andaba maluscón, con más frío dentro del cuerpo de lo habitual, en esta Sevilla tan húmeda de los inviernos traicioneros. Total, por hacerles corto el relato, que decidí adelantar la ITV que periódicamente me hace el doctor Celso Pareja Obregón, curtido en las garitas de las urgencias de la Clínica Sagrado Corazón, quien me revivió una vez que llegué allí asfixiándome. Tenía el clásico volante de los análisis, cartilloso de Sanitas total, que me hice antes de acudir a su consulta. Le llevé los análisis, el excelso Celso los miró detenidamente, saANTONIO có mi ficha de su ordenador, comparó el BURGOS papel con los datos del archivo que la pantalla le mostraba, y me dijo: -Pues estos análisis están magníficos. Mira, hasta el colesterol te ha bajado. Le dije: -Los análisis estarán fenómenos, Celso, pero yo estoy malísimo. Hace dos semanas que tengo un frío metido dentro de los huesos que no se me quita... -Ea, pues voy a auscultarte... Y me despojé de mis vestiduras, y me metió el fonendo, y me dijo, con la cara muy seria: -Vete inmediatamente a que te hagan unas radiografías de tórax, porque este pulmón izquierdo no ventila. Izquierdo tenía que ser el puñetero pulmón... Y me hicieron, vamos, como el IPC de tórax. Volví a la consulta con las radiografías, las miró al trasluz de una pantalla E mi salvador galeno y me dijo: ¡Con razón tenías tanto frío! Tú lo que tienes es un principio de neumonía como una casa, que menos mal que la hemos cogido a tiempo. Y aquí me tienen, de la cama al sofá y del sofá a la cama, junto al radiador, con dos chalecos y una bufanda, aplanado por los chutes de antibióticos, sacando fuerzas de flaqueza para no faltar a la cita diaria del artículo, costándome muchísimo trabajo echar fuera el frío que aún tengo en la canina que todos llevamos dentro... -O sea, que está usted como la economía española según ZP, ¿no? La de las nuevas dos España: la de los datos fenómenos y la de la realidad chunga... Equilucuá, y ahí es donde quería llegar. Perdonen que me cite. Los amigos que me veían por la calle antes de esta médica reclusión domiciliaria me decían que tenía muy mala cara. Y tanto. ¡Como que se me había puesto cara de metáfora de la economía española! A la economía española le pasa como a mí: que sus análisis están estupendos, que hasta el PIB ha subido una cosa mala. Los análisis que ve el Doctor ZP le hacen decir que la economía es sólida y España prospera Pero los españoles sin un duro tenemos una ruina dentro de los huesos del cuerpo y especialmente en los bolsillos vacíos que, digan lo que digan los análisis, sabemos de sobra que lo que ponen no se corresponden con nuestro verdadero estado. Que es el de completamente tiesos. Los indicadores económicos y los discursos triunfalistas de ZP y de Solbes, como mis análisis clínicos, dirán que España está divinamente, pero los que cada vez llegamos con más tiritones al día 30 sabemos que, digan lo que digan, aquí todo el mundo está tieso, nadie vende una escoba, todo está cada día más caro y un billete de 50 euros cada vez te dura menos. El doctor Celso Pareja Obregón se fió de mi palabra, me auscultó y me hizo unas radiografías. Si mi médico hubiera sido ZP, no habría llegado a escribir este artículo: ya la habría palmado por causa del pulmón, izquierdo tenía que ser el puñetero. Porque, total, como los análisis decían que estaba estupendamente, ¿para qué preocuparse?