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4 OPINIÓN DOMINGO 17 s 2 s 2008 ABC DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro MÁS CRISIS L DEL LADRILLO DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera PELIGROSO EFECTO KOSOVO A independencia de Kosovo- -con toda seguridad será proclamada unilateralmente en las próximas horas- -supone una violación de los usos y las leyes del Derecho Internacional. Que haya más o menos países dispuestos a ratificarlo con su beneplácito diplomático no disminuirá ni un ápice el carácter irregular de un hecho que consiste en la segregación unilateral de una parte del territorio de un Estado soberano reconocido internacionalmente. Desde la II Guerra Mundial, vencedores y vencidos habían acordado que el respeto a ese principio era la garantía de estabilidad para todos y la comunidad internacional se había comprometido a no violarlo en ningún caso. Una vez más, la Organización de las Naciones Unidas se ha visto incapaz de imponer el cumplimiento de las reglas de juego en las que se basa su propia existencia. Sostengan lo que sostengan los defensores de la creación de este nuevo Estado, el de Kosovo es un precedente legal inquietante para otros casos en los que hay en juego disputas territoriales y de soberanía, del mismo modo que representa un agravio para aquellos expedientes, como el del Sahara Occidental, por ejemplo, donde la ONU ha aceptado que a los saharauis, a los que sí asiste el Derecho Internacional, se les prive de una potestad que los kosovares se han arrogado por su cuenta. El Derecho Internacional ha sido ignorado y donde- -en el caso claro de la autoproclamada República Turca de Chipre del Norte- -la ONU dijo digo ahora- -en Kosovo- -dice Diego Las consecuencias en los Balcanes, y en toda Europa, pueden ser a largo plazo incalculables porque de manera consciente se vuelve a prender una mecha en un auténtico polvorín. Ahora bien, el precedente que sienta Kosovo tampoco es algo que pueda servir para ser llevado por elevación hasta una disputa municipal. Como ha sucedido cada vez que ha habido una turbulencia territorial en el mapa de cualquier parte del mundo, esto ha sido siempre utilizado torticeramente para buscar interpretaciones favorables a los L nacionalistas radicales e independentistas dentro de España, y Kosovo no será una excepción. Sin embargo, tal y como ha venido sucediendo en todos los casos (los de Québec, Lituania, Checoslovaquia, etcétera) la realidad ha confirmado que no hay nada equiparable ni similar con las ensoñaciones nacionalistas. Para que el lendakari vasco, Juan José Ibarretxe, por ejemplo, pudiera invocar el de Kosovo como un precedente favorable a sus tesis soberanistas, su causa necesitaría de muchos otros ingredientes- -ni siquiera merece la pena mencionarlos- -que en el País Vasco o en Cataluña no se van a producir jamás. Sobre las demás consecuencias en las regiones secesionistas del Cáucaso o en los mismos Balcanes, sin embargo, sí se hablará largo y tendido. Argumentar que con esta declaración de independencia se cierra el último acto del drama yugoslavo es una ingenuidad y una manera de sacudirse las culpas que pesan sobre la Unión Europea por no haber tenido nunca una posición razonable a tiempo ni haber sabido imponerla cuando pudo haberse planteado. Ahora, con los hechos consumados encima de la mesa, en el mejor de los casos Kosovo va a ser una carga económica y política para la UE, pero un dulce regalo para Estados Unidos, que tendrá un nuevo aliado y una gigantesca base militar en el único país del mundo que es nominalmente musulmán y donde las banderas norteamericanas se venden hasta en los quioscos. La UE pagará la cuenta de lo que cueste construir un Estado digno de ese nombre en esa tierra convulsa, y además tendrá que buscar la manera de sacar a los serbios del hoyo en el que se encuentran y asumir las consecuencias de una gestión poco reflexiva. En estas circunstancias, el gran beneficiario será seguramente Estados Unidos. En cuanto a los albaneses de Kosovo, la independencia por sí misma les será de poca ayuda para resolver sus problemas: cuando hayan superado la euforia independentista, verán que no son más fronteras lo que se necesita en este mundo globalizado, sino todo lo contrario. AS consecuencias de la crisis del ladrillo que desde hace unos meses incide de un modo tan negativo en la economía española se están traduciendo hoy en un perverso efecto dominó que ha alcanzado claramente a las industrias convergentes con el sector de la construcción. Agencias inmobiliarias, empresas relacionadas con la decoración, cementeras, fabricantes de muebles e, incluso, empresas especializadas en electrónica para el hogar están comprobando cómo sus cuentas de resultados se vienen resintiendo por el parón inmobiliario. En un extenso informe, ABC da cuenta hoy de cómo el debilitamiento de la demanda y la desaceleración en el crecimiento de los precios de los pisos, entre otros factores, obligan cada vez a más empresas dependientes del ladrillo a paralizar proyectos de expansión y planes estratégicos diseñados hace sólo unos meses. Son, sin duda, los daños colaterales de una crisis que, desde el mismo momento en que comenzó a ofrecer sus primeros síntomas el pasado mes de agosto, viene siendo sistemáticamente infravalorada, cuando no despreciada, por el Gobierno. El Ejecutivo puede optar por continuar negando la evidencia de los datos y por seguir haciendo llamamientos a la tranquilidad, pero la retórica y la demagogia rara vez se imponen como recursos convincentes para camuflar la fría realidad de las cuentas de resultados de las empresas. SEQUÍA U PREOCUPANTE NA vez más, los informes elaborados por la Agencia Estatal de Meteorología (nueva denominación del hasta ahora Instituto Nacional de Meteorología) ofrecen una perspectiva muy preocupante sobre la prolongación de la sequía en España. Desde el pasado octubre, nuestro país sufre el semestre hidrológico más seco de los últimos sesenta años. Sólo en el caso de que lloviera una media de veinte litros por metro cuadrado en España de aquí hasta final de mes, algo muy improbable según los pronósticos de Medio Ambiente, la sequía dejaría de ser seria tal y como la ha calificado ese Ministerio. Nadie tiene la culpa de que no llueva, pero lo cierto es que España se está convirtiendo en un país con muchas dificultades para hacer frente a la carencia de lluvias. La política del agua debe ser concebida como un proyecto nacional desvinculado de los vaivenes políticos de turno y del oportunismo egoísta de quienes utilizan los recursos hidrológicos como arma de poder político y de crispación entre autonomías. El del agua ya no es un problema coyuntural, sino estructural y, como tal, demanda soluciones urgentes y eficaces que de una vez por todas dejen de estar condicionadas por criterios políticos basados en intereses puramente territoriales, y a veces vulneradores del elemental principio de solidaridad. El agua, en efecto, es una cuestión de Estado que merece una atención preferente del Gobierno que salga de las urnas el 9 de marzo. ESPAÑA, PAÍS FÁCIL PARA LAS MAFIAS A inquietud social ante la inseguridad ciudadana obedece a razones muy fundadas, aunque el Gobierno prefiere- -en ésta como en otras materias- -echar la culpa a quienes no se dejan engañar por el optimismo oficial. En los últimos días se han producido dos acontecimientos relevantes. Por una parte, la Policía española ha liderado una gran operación europea contra las redes mafiosas rumanas, con el resultado de más de doscientos detenidos, la mitad de ellos en nuestro país, dedicados básicamente a fraudes con tarjetas de créditos. Por otra parte, las Fuerzas de Seguridad han detenido a catorce sicarios del cártel de Cali, tristemente célebre, que formaban una red de matones y extorsionadores cuya actuación respondía al modelo de una siniestra oficina de cobro Entre sus planes figuraba el asesinato de los policías que detuvieron a su jefe, cumpliendo así la sangrienta amenaza del cabecilla cuando fue apresado por asaltar un furgón. Parece que las bandas organizadas de delincuentes internacionales han encontrado en España su base de operaciones favorita. Una política inmigratoria permisiva y una sorprendente facilidad para acceder al territorio nacional nos convierten en un país extremadamente vulnerable, a pesar de la indudable eficacia policial puesta de relieve por estas dos brillantes operaciones. El buenismo no es la forma más adecuada para luchar contra delincuentes peligrosos y bien organizados, cu- L ya experiencia les permite desarrollar planes de largo alcance y ejercer cuando hace falta una violencia implacable. Parece que la UE está dispuesta a tomarse en serio algunos problemas que deben afrontarse con todo rigor en materia de control de fronteras. Reforzar la seguridad en los aeropuertos con instrumentos de alta tecnología, fichar a los extranjeros, crear cuerpos comunes de agentes y utilizar satélites para la vigilancia del mar son medidas que figuran entre las últimas iniciativas comunitarias. El Ejecutivo no puede mirar para otro lado y dejarse llevar por una pasividad que sólo beneficia a los criminales. Hay demasiadas facilidades para entrar en España, a pesar de los antecedentes poco recomendables de algunos individuos. Esta situación genera una especie de efecto llamada para delincuentes del mundo entero. Dadas las circunstancias, no es extraño que proliferen los asesinatos por ajuste de cuentas, los robos con violencia en domicilios o la explotación infame de los más débiles a cargo de ciertas redes mafiosas. Nuestras Fuerzas de Seguridad hacen bien su trabajo y hay que congratularse de ello. Sin embargo, el Gobierno tiene que transmitir una imagen de firmeza que sea disuasoria para estos tipos sin escrúpulos. Más voluntad política y menos voluntarismo oportunista es lo que hace falta para que España deje de ser la tierra prometida para muchas mafias organizadas de criminales.