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ABC VIERNES 15 s 2 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA CON EL CARTÓN AL AIRE PUNTO de embocar la recta final de la campaña, cuando iniciaban el sprint perfilados con ventaja, los socialistas han pisado a la vez dos cáscaras de plátano y el resbalón les ha dejado maltrechos sobre la pista. Dos patinazos de libro, dos deslices de manual, dos traspiés de pardillo de los que no saben cómo levantarse, porque son de esa clase de errores garrafales que ni siquiera necesitan que el adversario se detenga a amplificarlos. Un micrófono delator y la factura volatinera de un suntuoso despilfarro; parece mentira que a estas alturas, y con tantos tiros daIGNACIO dos, dos tipos correosos coCAMACHO mo Zapatero y Bermejo sean capaces de enredarse en unos tropiezos tan elementales. Los flamantes asesores del presidente- -como no le bastan los 636 de Moncloa ni los siete sabios extranjeros ha contratado a unos gurús nuevos- -le pueden ir haciendo escribir cien veces en la moleskine de campaña que los micros cerrados no existen: siempre hay alguien a la escucha. Quizá confiado por la blandura amigable de la charla con Gabilondo, o acaso relajado por su propio soporífero discurso, ZP se relajó a la hora de la confidencia para confesar su propósito de inyectarle más tensión a un debate ya bastante crispado. Ayer, ante Carlos Herrera- -hay entrevistas- gimnasia, como hay entrevistasmasaje- intentó maquillar las magulladuras del resbalón con peteneras retóricas y un diccionario de sinónimos, pero la estrategia de dramatismo sobreactuado ha quedado con el cartón al aire. Ha sido como un gol en propia meta, porque la declaración venía de la mismísima parte contratante. Claro que para parte contratante, el ministro Bermejo, que licita y ejecuta las reformas de su piso oficial con bastante más celeridad y generosidad que los juzgados de nueva planta. La Casa Pasarela de la Plaza de España debería salir en la portada de alguna revista de decoración, acompañada de las fotos en sepia de la vivienda antes de la dispendiosa turborreforma ministerial. Este reportaje lo guarda, en defensa propia, la anterior inquilina, María Antonia Trujillo, a la que su colega ha tratado como si fuese una okupa cochambrosa y destrozona. El asunto no tiene un pase: no hay código ético o de austeridad que resista un gasto de 250.000 euros en goteras, jardineras de terraza y tapicerías de lujo, y menos en un contexto de hipotecas disparadas y nóminas tiritando. Por eso el locuaz azote de la oposición, tipo duro donde los haya, está insólitamente callado: el tropezón le ha dejado en postura comprometida, y encima ha cometido, torpeza sobre torpeza, el error suplementario de herir la dignidad de una compañera ya resentida por el cese. ZP le envió ayer un mensaje envenenado, tras una estéril defensa tan tibia como imposible: no hay cargo, dijo, más interino que el de ministro. Sobre todo el de ministro descuidado, le faltó añadir; Bermejo no pagará en metálico su derroche, pero puede que el presidente le acabe pasando la factura del apuro en que lo ha metido. Aunque él no necesite a nadie para ponerse a sí mismo la zancadilla. Es la tónica de esta legislatura y de esta campaña, en las que para buscarse líos no hacen falta los rivales. A EL BURLADERO EL MICRÓFONO MALDITO NA de las grandes mentiras de la radio- -hay muchas, evidentemente- -es la que hace referencia a los micrófonos desconectados. Cuando alguien te dice no te preocupes, el micro está apagado te está diciendo una mentira involuntaria: siempre hay alguien que escucha. Bien sea por previo bien por inducción bien por lo que sea: alguien en el control o en el pasillo se entera de lo verde que estás poniendo a cualquiera. Si ese alguien es discreto la cosa no pasa a mayores. Si es un cabrito, se entera medio país. Los técnicos de radio y televisión podrían escribir libros con los testimonios recogidos de locutores, actores, actrices, presentadores, artistas e invitados en general que, creyendo estar en confidencia con el interlocutor, han soltado por esa boca la sinceridad que han disimulado con la bombilla roja encendida. Afortunadamente, los de la clavija son prudentes, discretos, y dejan para la confidencialidad familiar lo que unos piensan de otros. He contado hasta la saciedad el día en que, siendo yo novato, un técnico tan novato como yo me hizo la señal de tijera- está cortado el micrófono -en plena transmisión de una feria local en la que CARLOS habíamos instalado una pequeña cabiHERRERA na de radio. Animado por el hecho de que nadie me estaba escuchando, este columnista que suscribe empezó a soltar por esa boca improperios de todo tipo sobre la insoportable y o discutible calidad de la convocatoria, ciscándose en todo bicho viviente y lamentando el tiempo perdido en tan abominable población. Como pueden sospechar, el micrófono no estaba del todo cerrado y tan sólo escucharon mi vómito unas tres cuartas partes de la ciudad, incluidas autoridades. Ya no se trataba de asesinar al técnico: la imprudencia había sido mía. Afortunadamente salí vivo de aquella. Costó, pero salí vivo. Iñaki Gabilondo, que tiene mucha más mili que yo, concluyó su entrevista en televisión al presidente del Gobierno y, una vez desconectado el operativo, coloquialmente le preguntó por sus impresiones personales. Éste, como ya es sabido, respondió con una frase también colo- U quial- nos conviene que haya tensión -que puede no tener trascendencia ninguna pero que también puede tenerla y mucha. Las frases Off the record no dejan de ser comentarios no asumibles por quienes creemos en la oficialidad de las declaraciones, pero, sin embargo, traslucen estados de ánimo que a los más comunes les clarifican ímpetus personales. Cuando Rodríguez Zapatero significaba la necesidad de crear tensión, los proclives a creer en su infinita bondad interpretaron que no estaba evidenciando otra cosa que la necesidad de darle emoción a la campaña, tono muscular a su electorado, movilización a sus seguidores. No deja de ser esa la gran preocupación del PSOE, como sabemos: si los mismos votantes que se movilizaron en 2004- -por extraordinarias razones de todos conocidas- -se quedan en casa, las posibilidades de volver a ser elegidos menguan notablemente, siendo el primer caso en democracia en que un presidente tiene problemas para renovar su mandato tras su primera legislatura. Por otra parte, quienes más desconfían del supuesto talante de ZP y ven en él a una fiera corrupia- -que no digo que no lo sea- interpretan esa llamada a la tensión como un grito en la selva reclamando crispación, leña, juego sucio, dobermans por doquier y demagogia sin freno. Todo puede ser, no digo que no. Conociendo las prácticas de los socialistas en las muchas campañas que llevamos vividas, sabemos a ciencia cierta que la crispación, aunque sea artificial, les beneficia. Por otra parte, de ser obligatorio el voto en España el PP lo tendría ciertamente mal para gobernar, de ahí que a los estrategas de Ferraz les convenga que no se quede nadie en casa el próximo día nueve. Esa estrategia conocida por todos se hace evidente, mira por dónde, merced a un micrófono maldito que se ha quedado prendido y a una conversación aparentemente sin importancia que mantienen entrevistado y entrevistador. Démosle la importancia justa. Evidentemente, es clarificadora, pero ¿cuántas confidencias dichas por políticos no serían escandalosas si un micrófono inoportuno hubiera estado conectado en nuestras inmediaciones? ¡Ay, la baja frecuencia, qué peligrosa es! www. carlosherrera. com