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96 GENTE JUEVES 14 s 2 s 2008 ABC Un modelo con cuerpo de seda con volantes y manga ancha recogida con cintas es la propuesta de Alma Aguilar para pasear por la ciudad (Vieme de la página anterior) llorquina ha diseñado para Suárez en ónix, ágatha y coral. Broches, anillos y pendientes de polilla, mariposa y mosca (sigo viendo a Elsa Schiaparelli por todos lados) En las propuestas de la diseñadora son estimulantes tanto el concepto como el desarrollo, aunque visualmente no resulte del todo nuevo. Y aunque la silueta escarabajo sea difícil de llevar con soltura si no eres escuálida modelo de medio cuerpo. Las mezclas de Lydia Delgado no son tan extremadas como las de Iris Apfel, a la que homenajea. Decoradora (y una autoridad en tejidos antiguos) que con ochenta y tantos sigue siendo referencia en el mundo de la moda. Por cómo se viste. Por sus pintas. Es capaz de mezclar colores, texturas, estilos y épocas con un criterio increíblemente razonable e inimitable (sus gafas redondas son todavía más grandes que las que llevaba Philip Johnson) Lo suyo es el póntelo todo que a ti te sienta bien. Como dijo Roberta Smith, crítica de arte de The New York Times antes de que el concepto del multiculturalismo existiera, Iris Apfel ya lo llevaba puesto. Tan poco convencional es una como la otra. La mayor parte de la colección de Lydia son vestidos joya. Los amarillos de satén y encaje o to- da la serie Shangai con bordados hechos a mano. Para ponerlos en una urna. Pero también llaman la atención las mini gabardinas con cuadros Príncipe de Gales o el abrigo corto con botones de laca que la propia diseñadora vestía cuando salió a recibir la merecidísima ovación. Y los pesados collares de bolas de pasta hechos por ella. O los exvotos. Lydia Delgado es una de las razones por las que Cibeles y la moda española merecen la pena. Amaya Arzuaga tenía un conejo gigante. En la boca de la pasarela. Era el de la chistera porque su colección se llama Abracadabra Más clases de geometría y papiroflexia. Un master de posgrado para estudiantes avanzados. Se intuía un patronaje complejísimo para componer en tela las figuras de papel. Además, protagonismo estelar de las hombreras. Ascendentes. Como adornos, aplicaciones reflectantes en las espaldas de los vestidos largos (o en los tacones) y colas de cocodrilo auténticas (tintadas en negro) Tan auténticas y tan reguladas que no se pueden exportar y sólo se pueden vender en España. Gloria Coelho, la diseñadora brasileña invitada que cerró el día, no tenía cocodrilos ni ningún otro animal. Inspirada en Diane Arbus, el mensaje de su vistosísima colección es Carmen March tiró de los insectos, tanto en sus siluetas caparazón como en las joyas diseñadas para Suárez ecologista. Así, minivestidos de terciopelo que parece astracán y chaquetones con ilustraciones de focas que tenían ojos de cristal Swarovski negro. Ningún animal ha sido dañado para hacer esta colección, aunque las modelos estuvieron a punto de chocar porque desfilaron muchas a la vez, cuando tú vas, yo vuelvo de allí y a la que me descuido, casi choco. Y hasta aquí quizá me había imaginado las referencias a Elsa Schiaparelli, pero con Gloria Coelho estaban más que claras. Con esos botines y esos chaquetones de pelo largo. Claro que son sinténticos (ningún animal ha sido dañado, etcétera) pero eran clavaditos a toda la colección de piel de mono de la Schiaparelli, que ya en su día (principios del siglo XX) causó escándalo. Porque eran de piel de mono auténtico, como los cocodrilos de granja de Amaya Arzuaga. Diseño de Larrainzar en gris que contrasta con el amarillo del forro Más información sobre la Pasarela: http: www. cibeles. ifema. es