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82 JUEVES DE ESCENA www. abc. es juevesdeescena JUEVES 14 s 2 s 2008 ABC El efecto Obama llega a Broadway Una de las obras más celebradas de Tennessee Williams, La gata sobre el tejado de zinc caliente sube estos días al escenario del teatro Broadhurst de Nueva York. Su principal particularidad es que todo el reparto está formado por negros ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Hay quien últimamente se empeña en verlo todo más negro que nunca en Estados Unidos. El efecto Obama se enseñorea de Hollywood y ya llega a Broadway. Allí está a punto de estrenarse una nueva versión del clásico de Tennessee Williams La gata sobre el tejado de zinc caliente cuya particularidad más destacada es que todo el elenco es negro, desde el protagonista hasta el apuntador. Dirige Debbie Allen, actriz, coreógrafa, directora, productora televisiva y ex- esposa de un jugador de la NBA, más conocida mundialmente por haber interpretado a Lydia Grant en la película Fama Su hermana Phylicia Rashad, la Claire Huxtable del show de Bill Cosby, interpreta a la matriarca del clan sureño de los Pollitt en que se centra la obra. El veterano James Earl Jones es el patriarca cerril y enfermo al que todo el mundo oculta que le queda sólo un año de vida. La actriz Anika Noni Rose- -una de las tres Dreamgirls -es la nuera salvaje que en el cine interpretó Liz Taylor. Su alcohólico y ambiguo marido Brick, el papel que bordara Paul Newman, le corresponde en este montaje a Terrence Howard, un novato en Broadway. La obra tenía que estrenarse en octubre pasado, pero se ha ido demorando hasta ahora, en gran medida porque no acababa de hallar una sala. Finalmente se estrenará oficialmente el 6 de marzo en el Broadhurst Theatre. Actualmente se encuentra en fase de previas y pre- estrenos. No es fácil, en ningún caso, afrontar una nueva reposición de una de las obras más aclamadas por los espectadores de Broadway. La gata sobre el tejado de zinc caliente fue un hito de las tablas en Nueva York mucho antes de serlo en el cine. Se estrenó el mismo año de su escritura, en 1955, a las órdenes escénicas de Elia Kazan, y con Barbara Bel Geddes ¿recuerdan a la matriarca de los Ewing? entonces lo bastante joven y apetecible como para encarnar a Maggie, la Gata Ben Gazzara le daba la réplica como Brick. En 1974 hubo dos reposiciones más, una de ellas con John Carradine liderando una gira por todo el país. En 1990 la actriz Kathleen Turner eligió esta obra para debutar en Broadway. Hubo nuevas versiones en el 2003 y en el 2004. El atractivo de La gata sobre el tejado de zinc caliente se mantiene perenne desde la década de los cincuenta. El verbo punzante de Tennessee Williams supo trenzar los barrotes inmortales de una jaula de opresión y mendacidad una de las palabras claves del texto y del mundo que representa: la decadente oligarquía norteamericana sureña, con una familia rica, pero cargada de mentiras y contradicciones. El casamiento del hijo más raro con una joven arribista que huye despavorida de la pobreza supone una paradójica inyección de sangre nueva. Mientras Brick se lamenta todo el rato por la muerte de su íntimo amigo Skipper- -la homosexualidad planea toda la obra sobre el personaje sin llegar a concretarse inequívocamente nunca- su mujer se lamenta de su falta de ganas para pelear una herencia que palidece ante sus narices. Todos mienten y todos se ahogan en sus mentiras. Aunque haya quedado oculto en la letra pequeña de la historia, Debbie Allen no es la primera que tiene la idea de representar esta obra con actores exclusivamente negros. Ya se hizo una vez en 1999, aun- Debbie Allen dirige esta nueva producción de una obra situada originalmente en el opresor sur de Estados Unidos en los años cincuenta Betrayed un homenaje a los iraquíes traicionados A. G. NUEVA YORK. Hace dos años, el periodista y novelista George Packer publicó un libro titulado La puerta de los asesinos: riesgos laborales Era un libro sobre los errores de Estados Unidos en Irak, pero no era un libro cualquiera. Su autor tampoco era un crítico de la guerra de Irak cualquiera. Es más: Packer apoyó al principio aquella guerra. Era uno de los intelectuales estadounidenses que, sin necesidad de ser un halcón ni un neocon, creyó que aquella guerra podía ser justa. Como la intervención americana en Bosnia o como el desembarco de Normandía. Cinco años y muchas decepciones después, aquel libro se ha convertido en una obra de teatro que se acaba de estrenar en The Cultural Project de Nueva York con un título inequívoco: Betrayed Traicionados. ¿Quiénes? Pues los iraquíes que también creyeron en que EE. UU. les liberaría. Que fueron seducidos y abandonados con promesas de libertad según el amargo título de la pieza que The New York Times dedica al espectáculo. Los personajes de la obra son estilizaciones muy sobrias, apenas retocadas, de casos reales de iraquíes prooccidentales, que hablaban un buen inglés y que colaboraron con las fuerzas aliadas como traductores. Eso les ha puesto a ellos y a sus familias en el punto de mira de la amenaza de muerte y el asesinato. Mientras, EE. UU. no les da ni siquiera visados para salir del país.