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80 CULTURAyESPECTÁCULOS Festival internacional de cine de Berlín JUEVES 14 s 2 s 2008 ABC Moretti le pone cuerpo y alma a la Berlinale El actor italiano es el protagonista de Caos Calmo que ayer competía junto a Yamada y Guediguian E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL BERLÍN. A Nanni Moretti parece que siempre le acaba de picar una avispa en la nariz; es un director, o un actor, un personaje en cualquier caso, que sólo cae o muy bien o muy mal: es egocéntrico, charlatán, engreído, vanidoso... un gilí pero tiene un talento casi abrumador. Pues ayer, este tipo agudísimo y jactancioso protagonizó una película, de la que también es guionista y productor, titulada Caos Calmo dirigida por Antonello Grimaldi, y que succionaba al público como una ventosa. Caos Calmo es puro Moretti, un drama casi extremo que en su rostro y en su palabrería se convierte en algo nutritivo y hasta gracioso. Omnipresente en la pantalla, Moretti interpreta a un hombre que- -literalmente- -lleva a su hija al colegio y espera allí hasta que sale. Es la descripción de un universo que cabe en un parquecito y que ha sido originado por la mayor de las desgracias: su mujer ha muerto. Un escenario de tragedia griega con un cómico subido en él: las traiciones y fusiones laborales, la cuñada insoportable, el hermano veleidoso, la jovencita cañón con el perro, las comidas caseras del chiringuito, las madres de las otras niñas, las listas de compañías aéreas... Al marionetista Moretti no se le escapa ni un solo hilo... bueno, sí, uno: una escena de sexo encendido con Isabella Ferrari que no tiene ni pies ni cabeza, sólo cuerpo, y cuya presencia ahí es tan caprichosa e injustificada como la multa que me pusieron el otro día ¡No me lo salté! hasta podría pensarse que la escena es irreal, que la sueña o la imagina. La película está basada en una novela del florentino Sandro Veronesi, pero el grumo literario y el poso que deja es de Moretti, sus frases, sus giros, su concepción del mundo, de la empresa, de la familia, de la fidelidad... Caos Calmo tiene una fuerza especial de la que han carecido hasta ahora las demás películas, y por eso, al menos aquí, hay que considerarla como favorita. Las otras películas en competición eran de dos viejos conocidos en los festivales, el japonés Yoji Yamada y el francés Robert Guediguian. Ninguno llegó con el cine previsto: ni Yamada con una de samurais ni Guediguian con un ladrillo marsellés. La de Yamada se titula Kabei, nuestra madre y es un sentimentalísimo relato familiar durante los años que precedieron al bombazo de Hiroshima; narrado con todo el ardor de la memoria por la hija mejor y a la busca y captura constante de ese punto de vista interior y a medio metro del tatami que siempre huele a Ozu. Un padre encarcelado, la familia en ascuas, el ambiente ultranacionalista que amenazaba con devorarlo todo... un melodrama constante al que Yoji Yamada ni puede ni quiere parar. A los ciento treinta y tres minutos se cayó solo, por su propio peso. La de Robert Guediguian se titula Lady Jane y, aunque no es uno de sus ladrillos marselleses, sí transcurre allí, en sus ambientes habituales y con sus actores de toda la vida, aunque ahora a su santa Ariane Ascaride y a Jean- Pierre Darroussin y Gérard Meylan los convierte en protagonistas de un thriller en tipos duros que se ven envueltos en una espiral ¿hay otro modo más recto de decirlo? de violencia en la que subyace una vieja venganza... ¡Ah, la venganza! ese motor gripado que da al traste con tantos proyectos... Con lo que purifica el perdón y el buen rollito a unas mentes enfermas... Y estaba uno en estos soliloquios mientras que se decidía Guediguian a darle matarile a su película, cuando cayó que ayer era el día de Madonna en el Festival y el de Rajoy en Berlín. Total, que se le había ido a uno el día mirando lo circunstancial mientras que al lado, como siempre, ocurre lo sustancial. A la próxima, me vuelvo. Protestas contra la película de los obispos italianos VERÓNICA BECERRIL ROMA. Mucho caos y poca calma persiguieron en Italia a la nueva película de Antonello Grimaldi a causa de una turbulenta escena de sexo entre los dos protagonistas, el actor y director Nanni Moretti, y la ex sex- symbol Isabella Ferrari. El caos lo despertó primero la censura, que obligó a posponer el estreno en Milán de la película- -a la que no le dio el visto bueno- y después el Vaticano. Desde la Conferencia Episcopal italiana llegó esta semana el tirón de orejas esperado, de la mano del responsable de la pastoral juvenil, don Nicolò Anselmi, quien no dudó en escribir una carta dirigida a todos los jóvenes en la que proponía a los actores que hicieran objeción de conciencia en las escenas de sexo. El sacerdote califica la escena de erotismo duro y señala que por los intérpretes se esperaba una escena romántica Sin embargo, dice, los actores hacen el amor de pie, vestidos, sin mirarse a la cara; entiendo- -prosigue don Nicolò Anselmi- -que la escena hay que verla en el contexto de la película, pero confieso que yo también me he quedado sorprendido y confundido Madonna, rodeada de fans, ayer a su llegada a la presentación de su película en la Berlinale REUTERS Madonna, entre la mugre y la sabiduría TONI GARCÍA BERLÍN. Gritos, empujones, sonrisitas, abucheos, controles, censo de medios y hasta una hora de psicodélica cola para acceder a una rueda de prensa que generó con mucho las mayores expectativas del festival. Muy mal tiene que estar el certamen para que lo único que despierte al durmiente oso berlinés sean los destellos de la ambición rubia, pero es lo que hay. En un festival a punto de hibernar, las estrellas del rock siempre son bienvenidas. Y Madonna, esplendida y luciendo vestido negro gaseoso, llegó con media hora de retraso a un recinto que al final- -curiosamente- -estaba muy lejos del lleno total. Su primera película tras las cámaras, Filth and wisdom La mugre y la sabiduria provocó esta mañana el colapso de la única sala donde podía verse y generó las quejas habituales en estos casos. Esto empezó siendo un corto de 20 minutos, pero a medida que fui entrando en contacto con los personajes, a rodar con Eugene (Levin) y con Vicky (McClure) me enamoré de ellos, así que escribí más escenas y añadí más diálogos. Así que al final resultó que ya no era un corto Como siempre sucede en estos casos un coro de fans asentía con aplausos y o carcajadas a cada ocurrencia de la diva. A pesar de ello, la Ciccone sacó fuerzas de flaqueza para obsequiar al respetable con algo de contenido: Soy gran fan de Godard y sé que él decía que el título es el 50 por ciento de la película. He titulado así mi película porque creo que habla de dos grandes temas. La dualidad de la vida y la lucha contra esa dualidad. De cómo puedes encontrar sabiduría en la mugre, y al revés, de que puedes aprender en cualquier lugar, en cualquier momento