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ABC JUEVES 14 s 2 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA GALLETARRAS N EXTERIOR SARKOZY EN DIFICULTAD EGÚN el Instituto Ipsos, la valoración de Nicolas Sarkozy ha caído desde 63 puntos a 39 en los últimos tres meses. En este resultado se entrecruzan problemas muy distintos. ¿Es remontable la situación? Sin duda, sí. Quedan más de cuatro años para las nuevas elecciones presidenciales. La opinión pública francesa, fuerte y temible, evoluciona a velocidad vertiginosa. En tres frentes, creen los especialistas, el Elíseo habrá de responder, con urgencia además: el frente económico, el social y el de la política exterior. Sarkozy fue elegido, ante todo, para reformar las rigideces arrastradas por Francia hace más de cien años. Gerhard Schroeder decidió suicidarse políticamente para introducir dos cambios decisivos para Alemania: Seguridad Social y reforma del mercado de trabajo. Su voluntaria desaparición ha dado un primer año con superávit en las cuentas alemanas, y esto Merkel lo sabe. Hay que morir para vivir, perder elecciones para ganar la reforma. Sarkozy puede hacer algo así de aquí a 2012. O no. Veremos. Francia mantiene en parte su esDARÍO tructura napoleónica, heredada de VALCÁRCEL Luis XIV y Enrique IV El estado ha de proteger a los ciudadanos, sobre todo a los ciudadanos en dificultad. Ocho millones de franceses viven hoy bajo la línea de pobreza. Los 40 millones que votan son en su inmensa mayoría ajenos al brillo de París, al faro nocturno de la torre Eiffel, a la cúpula de los Inválidos. Un estado no se mide sólo por su PIB. Otros índices, desde el arma nuclear al número de directores de orquesta, el número de camas hospitalarias o de profesores de Derecho Mercantil, muestran la verdadera efigie de una sociedad. No entraremos en la vida privada del presidente: este periódico respeta las normas. Pero las encuestas estiman que una mayoría de votantes se han sentido sorprendidos, heridos, por la extraña historia. Sigamos este excesivo resumen: Sarkozy necesita S fórmulas nuevas para hacer frente a la fractura social, denunciada, y nunca encarada, por su antecesor. Los famosos barrios periféricos, en París, Lyon, Marsella o Estrasburgo, incuban una bomba de relojería. Los emigrantes, o franceses, que viven en ellos carecen de recursos para comprar una vivienda- -por falta de acceso al crédito- -y de la posibilidad de alquilarla, por falta de documentos. La situación, aplazada y vuelta a aplazar desde hace 40 años, ha acabado por hacerse insostenible. Este es sólo un problema, pero central, en la malaise, el malestar francés. Tercer frente, sólo relevante para los dos o tres millones que dirigen el país: el peso de Francia en el exterior. Precisamente porque Francia ha sido un modesto contrapeso de Estados Unidos, sobre todo en estos siete años, era necesario mantener su independencia y su margen de maniobra (no es lo mismo) Francia acaba de abrir una base militar en Abu Dhabi. Los árabes del Golfo necesitan la protección no sólo americana, también europea, frente a Irán. Reino Unido apoya a Omán, país poco poblado pero decisivo. La V Flota americana opera desde su base Bahréin. Las negociaciones entre los Emiratos y Francia comenzaron en tiempo de Giscard, en 1979: ahora rinden su fruto. Pero Francia debe mantener su peso de estado nuclear, ante la omnipresencia militar americana. Para sus aliados, europeos y trasatlánticos, es esencial que Francia sea fiel a este objetivo. Los problemas occidentales se entrecruzan dentro y fuera de la Alianza Atlántica. Poca relación guardan con la repentina boda o el terror atribuido al presidente francés ante su soledad nocturna. La influencia de la opinión pública crece entre tanto exponencialmente. Frente a las televisiones y magazines, es difícil que alguien como Sarkozy ceda a la opinión popular, tan alejada de esa esquina, Marigny y Fauburg Saint Honoré, donde, modesto, se levanta el palacio del Elíseo. Mitterrand o Chirac vivieron alejados de Fouquet s, el restaurante que desde 1901 presta su sello a la gran burguesía de París. Este sí es un campo minado para Sarkozy. O es una banalidad aislada, ni un incidente desafortunado, como pretende el buenismo oficialista para minimizar tensiones y relajar conciencias. Bajo la agresión a María San Gil en Santiago, bastante más grave en su versión verbal- ¡ojalá te maten, fascista! -que en la física, es perceptible un huevo descascarillado del que empiezan a asomar las serpientes gemelas del delirio excluyente y el fanatismo independentista. Y ante eso no valen las trivializaciones ni los reduccionismos; la Historia enseña que cuando suenan los cristales rotos del escaparate democrático se está empezando a resquebrajar la fachada de la convivencia. IGNACIO En ese repugnante epiCAMACHO sodio, cuyos ribetes siniestros se acentúan bajo el marco de una sede universitaria, se han cruzado dos peligrosos vectores de amenaza. De un lado, la reciente crecida en Galicia de grupos radicales cercanos al estilo, la ideología y el método de la kale borroka, surgidos, como los maulets catalanes, al calor del emergente credo ultranacionalista. Son los galletarras- -la paternidad del término corresponde a la querida Pilar Cernuda, gallega dolorida y avergonzada- los cachorros amamantados bajo la emergencia de un BNG que sin la sensata tutela de Beiras camina por senderos de presión política e institucional que los más exaltados convierten en violencia intimidatoria. Y de otra parte, el clima de exclusión que lleva años gestándose en un amplio sector de la izquierda española, empeñada en achicar el espacio de una derecha democrática a la que se empieza a identificar con la sombría etiqueta de enemigo del pueblo. Ese discurso resentido y visceral, el del cordón sanitario, el de la turba infame, el de la sedación paliativa de los votantes del PP, el del ingenioso buen rollito de artistas de medio pelo y escritorcitos de cámara, se procesa en laboratorios electorales que elaboran vídeos y doctrinas de consigna fácil, y llega hasta los labios de un presidente que invita a los ciudadanos a declararse hartos de la derecha, es decir, hartos de la otra casi media España. Palabras nada inocentes que va cargando el diablo en una escalada que se retroalimenta con el fanatismo de unos y otros, y que sube hasta donde convergen los peldaños del activismo nazi disfrazado de secesionista. Entonces surgen las balas pintadas sobre las frentes de Rajoy o de Albert Rivera, la satanización del adversario político, el odio sectario y el escuadrismo callejero. Y alguien le grita que te maten a María San Gil, como si no lo hubiesen ya intentado. Por eso lo que más duele y más alarma causa no es la escalofriante maldición de las crías gallegas de la serpiente etarra, sino la banalización exculpatoria con que la izquierda oficial insiste en desplazar hacia los agredidos, hacia las víctimas, la culpa de su propia agresión. Un argumentario viciado, recurrente e irresponsable que envenena la concordia nacional y crea una atmósfera irrespirable en vísperas de una confrontación democrática decisiva.