Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 14 s 2 s 2008 OPINIÓN 3 LA TERCERA MONARQUÍA, AZAÑA Y CATALUÑA El principio legitimador de la Monarquía no es el democrático, con el sufragio universal como acompañante, sino otro bien diferente: el de la legitimidad hereditaria. Guste o no, en eso se basa esta institución que, justamente por partir de ahí, conlleva la garantía de la continuidad. No hay que asustarse por lo dicho. La democracia se babeliza, de forma más o menos verdadera, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial y como consecuencia del peso de los vencedores... N anteriores reflexiones aquí aparecidas prometí no entrar en las que entonces eran las primeras manifestaciones antimonárquicas acaecidas en Cataluña. Pensaba que estábamos únicamente ante algo efímero y minoritario. Por ello llevé mis consideraciones a realizar algunas afirmaciones sobre la figura del Heredero de la Corona. Aunque no era tan inocente como para soslayar la afirmación de que, una vez abierto el melón era muy difícil precisar cuantas tajadas iban a cortarse. Y perdóneme el lector el símil popular, bastante veraniego, es cierto, pero, de igual forma, tan escasamente científico. Pues bien, se ha podido comprobar mi temor y la extensión que el tema ha tenido. Políticos, medios de comunicación, programas televisivos, empresarios y hasta obispos han dejado oír sus pareceres. Con plena legitimidad, por supuesto. Por ello entiendo que, en circunstancias tales, algo o mucho debemos añadir los estudiosos, aunque únicamente sea por el afán de clarificar algunos aspectos. Y a ello vamos. Desde tiempos pasados y en circunstancias menos fáciles, siempre hemos defendido que el estudioso de los asuntos de la polis no debía permanecer cómodamente aislado en campana de cristal, sino que su misión comportaba también alertar sobre todo aquello que podía dañar al bien común. Y cuando ahora estimo que así corresponde, lo hago omitiendo, por suficientemente conocida, la referencia a la labor de nuestro actual Rey en los procesos de traída de defensa de nuestro actual Estado de Derecho y de nuestras libertades. Peca de ingratitud quien de ello no quiera acordarse. n primer lugar, habrá que aclarar que el principio legitimador de la Monarquía no es el democrático, con el sufragio universal como acompañante, sino otro bien diferente: el de la legitimidad hereditaria. Guste o no, en eso se basa esta institución que, justamente por partir de ahí, conlleva la garantía de la continuidad. No hay que asustarse por lo dicho. La democracia se babeliza, de forma más o menos verdadera, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial y como consecuencia del peso de los vencedores. Con anterioridad, lo moderno era lo totalitario. Y, a la vez, el mundo conoce la gerontocracia (gobierno de los más viejos) como puede ocurrir en China. O la hegemonía del partido único como depositario de la ideología oficialmente establecida (por ejemplo, Cuba) O los imperios en los que el Papa tenía la última palabra. O la sumisión a los brujos- caciques en las zonas de tribus. Y así muchos ejemplos más. Por demás, reconocida la democracia como valor legitimador de nuestros días, no por ello deja de tener su ámbito Es decir, esferas en las que es valor único y, junto a ello, otras esferas en que priman otros medios de legitimación. Cualquiera puede E entenderlo. En las competiciones deportivas resulta triunfador quien mejor marca o mejor resultado obtiene y no el que el público asistente decide en votación. En el Ejército, los sargentos no eligen por votación a los generales, ni dan la orden de ataque. En la sanidad, opera el cirujano y no el camillero y en una Universidad seria el personal administrativo o de servicios no debería votar un plan de estudios o un nombramiento de honoris causa, aunque tras el desastre de Maravall todo sea posible. En todos los ejemplos citados, se ha de respetar la democracia establecida, pero el funcionamiento interno debe tener otros principios. n nuestra democracia con Monarquía parlamentaria, aprobada y refrendada por la Constitución, el Rey tiene unas funciones expresamente señaladas en los artículos 56, 62 y 63. Pregunto: ¿cuál de ellas ha dejado de cumplir? ¿En qué se ha extralimitado? ¿Cuándo ha caído en el borboneo que practicaran algunos de sus antecesores? Si así fuera, instrumentos establecidos hay para obligarle a dejar la Corona. Y si no ha sido (creo que al revés) no cabe la entrada de la elección. En nuestro azaroso pasado no hay más que un caso de monarquía electiva en la persona de Amadeo de Saboya. Y recuérdese el asunto. El pobre Amadeo, viéndose incapaz de gobierno por su atadura a los partidos que lo eligieron, nos manda a hacer gárgaras, retorna a su país y así se proclama la Primera República, de corte federal. ¡No consiguió ni aprobar un texto constitucional! El cantonalismo surgió por doquier, con Cartagena a la cabeza, y la entrada del caballo de Pavía en las Cortes puso fin a nuestra primera experiencia republicana. Claro que la segunda acabó peor... E E Si los actuales quemadores anti- monárquicos lo que quieren de verdad es la República, también tienen medio constitucional para intentar lograrlo. Nuestra actual Constitución lo permite a través de su reforma regulada en el art. 168 que arbitra la forma de revisar el Título II y establecer lo que se quiera. Es difícil, pero no imposible si la mayoría de los españoles lo quisiera. Se me ha escapado lo que querer de verdad Porque si, como muchos piensan, lo que se esconde es la autodeterminación y la separación de España con un nuevo Estado, entonces, actuales quemadores las cosas ya no serán tan fáciles. Pedir que nuestra Constitución establezca el derecho a que España se destroce en pedacitos, me parece que es mucho pedir. Y si se lograse la Tercera República, ¿se acabarían así los problemas con el País Vasco y Cataluña? ¿Cómo la defenderían en caso de riesgo? ¿Cómo lo hicieron con la Segunda? No me resisto a dos testimonios de la época. Cuando en 1932 se discute en las Cortes el Estatuto Catalán, la voz y el razonamiento de Ortega muestra su escepticismo: el problema únicamente se puede conllevar no resolver: frente al sentimiento de una Cataluña que no se siente española, hay otro de todos los demás españoles que sienten a Cataluña como un trozo esencial de España Pretender solventar este antagonismo de una vez, sería como llevarlo al extremo del paroxismo y hacerlo más insoluble que nunca (3 de mayo de 1932) Y precisamente eso, hacerlo de una vez es lo que, por el contrario, intenta y consigue Azaña, que, con no pocas resistencias, logra que se apruebe el Estatuto el 9 de septiembre. Cuando el 17 de ese mes visitaba Barcelona para recibir el agradecimiento, no duda en proclamar que se estaba ante un hecho de la historia universal ero llegaría el final de la República y ya en plena guerra civil, el entusiasmo azañista se ha tornado denuncia por la insolidaridad del Eje Barcelona- Bilbao con la República, junto a los graves abusos libertarios de los sindicalistas ¡De esto, estoy seguro, no hablará la Memoria Histórica Y concluye con la trágica afirmación de que la cuestión catalana subsistirá con cualquier clase de régimen (monarquía, república, unitario o autonomista) como la manifestación aguda, muy dolorosa, de una enfermedad crónica del cuerpo español Causas de la Guerra de España Y uno tiene que preguntarse como principio y final: ¿se arregla este gran tema mediante los humos de las fotos de quien siempre han querido respetar y potenciar la diversidad sin dañar la unidad de España? P MANUEL RAMÍREZ Catedrático de Derecho Político