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6 OPINIÓN MIÉRCOLES 13 s 2 s 2008 ABC AD LIBITUM RAJOY NO VISTO Y NO VISTO ES EL PEOR LA ALEGRÍA ZAPATERA guez, y yo pienso gastarme mis cuatrocientos euros A alegría zapatera es esa mueca absurda como- -suponiendo que los que no votamos también los code zapato impar con que los frutos secos del régibremos- -en los cuatro victorinos de Sevilla y Madrid men menean el rabillo a la vista de los cuatrocon El Cid, el tío que, con una muleta rondeña, vadeó cientos euros de votar a Rodríguez. Que bien lo dijo en Bilbao un río de victorinos. Eso haré yo con mis otro Rodríguez, el De la Fuente, cuando dijo que, si los cuatrocientos euros. Lo que hagan los frutos secos del hombres tuvieran rabo, otro gallo les cantara. régimen será otra cosa. Ésa es gente de arte y por cuaSí, porque la alegría zapatera no es aquella alegría trocientos euros hacen lo que las cabras gitanas en lo que les entraba a los españoles cuando por la calle alto de un pinganito o los osos búlgaros sobre veían caminar a Rafael el Gallo. ¿Dónde está la el hierro caliente, es decir, contorsión y baile. gracia de Rodríguez? Su alegría quiere ser la- -Sin coño, no hay paraíso- -ha dicho en su de un Francisco de Asís, redescubridor de la blog Mercedes Milá, que no es precisamente naturaleza, que es decir el cambio climático, y otra que tal baila. (Había un libro de cocina de la alegría de vivir, que es decir el doctor que tenía impresionado a Cavia porque enseñaMontes. Defender la alegría de las anesteba: Le lapin demande à être mangé frais; la lièsias gorgoritea Serrat con esa alegría de Bevre préfere attendre. ¿Cómo que el conejo pinedetti, ay, Dios Santo, su Santo Tomás. de y la liebre prefiere decía Cavia, embarTenía Santo Tomás para sí cinco maneras IGNACIO RUIZ gado de perplejidad maña. de incurrir en gula con sus consiguientes efecQUINTANO Estética e ideológicamente, los frutos secos tos, el primero de los cuales era la alegría tondel régimen son la estampa del pelotón de fusilamienta, por delante de la chabacanería, la truhanería, la boto del Corazón de Jesús en Getafe, pero al pueblo, que bería y la impureza, que en el caso de los frutos secos los tiene por artistas, le gustan. Y, bien mirado, tampodel régimen, por edad, ya no cabe esperar. co salen caros. Por cuatrocientos euros te garantizan Como Beethoven coronó la Novena en Re Menor cuatro años de tabarrón. O de cultura, en la jerga del con una adaptación de la Oda de la Alegría de Schiller, bar. los frutos secos del régimen han coronado su No hay- ¡Ay de vosotros, los que os levantáis de mañana a presidente más bonito que Pepe Luis con una cuaderemborracharos! -clama Isaías en el desierto, que es na vía de Benedetti, que es uno de esos tipos que se padonde deben estar los hombres como Isaías, pues en el san la vida rabiando contra la democracia liberal. Esdesierto uno siempre está en el medio. tos frutos secos son los girones rojos de la Revolu- -Yes, we can! -contestan los Bardem, que vienen ción Pendiente, la claque antitaurina de El Quinto de América. Evangelista, que dice Dragó, aunque ya se sabe que Yes, we can! es el grito que en América ha invenDragó, cuando se pone a decir de toros, es para mantado el hijo de Bob Dylan para animar a Obama, y en darlo a hacer gárgaras (y habidis Total, que ahí tieEspaña los Bardem, que vienen de América, y el hijo nen ustedes ya dos cosas que no les gustan a los frutos de Máximo, que viene de Burgos y de exigir la disolusecos del régimen: una, la democracia, y la otra, los toción de la Conferencia Episcopal, lo han tomado presros. Y el caso es que sin democracia podemos pasar tado para animar a Rodríguez, quien, si gana, hablará (ayunos estamos de lo que es y ahítos de lo que lo parecon don Ignacio Buqueras y Bach para racionalizar ce) pero ¿a dónde iríamos sin toros? las Sans- Culottides, aquellos días intercalados del caDado que lo de Rodríguez y Rajoy sigue tan apretalendario republicano consagrados... a la alegría. do como lo de Obama y el señor Hilario, ganará Rodrí- ESDE sus días como secretario de Estado de Educación, junto a Javier Solana, Alfredo Pérez Rubalcaba, la mejor cabeza del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, ha ido creciendo en experiencia y maña para la fullería. Nadie como él domina el arte de amplificar los éxitos del Gobierno en el que se integra y disminuir los méritos de sus oponentes. Cuando parece que ya no le quedan conejos ni palomas en el fondo de la chistera siempre puede sacar de ella media docena de añagazas para cautivar incautos, celadas suficientes para entretener a un grupo parlamentario, artificios bastanM. MARTÍN tes para confundir a FERRAND quienes le interesen y dos docenas de petardos que, al estallar, descompongan la figura de sus adversarios. En tiempo electoral, como los ciervos en sus días de brama, crece su capacidad ofensiva y su inacabable repertorio de trampas y trucos suelen hacer daño en las filas del PP, novicios perpétuos en las artes de la comunicación y en las técnicas informativas. Ahora, como colofón de una legislatura en la que no se pueden contabilizar muchos logros gubernamentales en materia de seguridad y orden público, para desmerecer las proclamas y promesas de Mariano Rajoy sobre el particular, ha dicho Ru- balcaba que el líder del PP fue el peor ministro del Interior que ha tenido la democracia. Es un flash que deslumbra al personal; pero, en principio, no se ajusta a las reglas de medida y comparación que, en el orden del mérito político, suelen tenerse por establecidas. Rajoy no fue un gran ministro de Interior. Tampoco de Administraciones Públicas, Educación y Ciencia o Presidencia. Incluso como Portavoz, aunque más diestro que su predecesor y más eficaz que su sustituto, no resultó una lumbrera. El ahora aspirante a presidente del Gobierno ha hecho carrera de la prudencia y, entregado a ella, se eliminan los grandes errores y los éxitos clamorosos. El título que Rubalcaba le ha adjudicado a Rajoy, cosa inelegante estando el cántabro entre los aspirantes a tal reconocimiento, acredita mala memoria. Por no acudir a la República, en la que los socialistas ostentan méritos suficientes para tal distinción, el peor de los titulares de la cartera en las filas del PP fue, por el peso de los acontecimientos, Ángel Acebes. Le superaron, con mucho, los pésimos José Barrionuevo o José Luis Corcuera, que, colegas gubernamentales del propio Rubalcaba en los días felipistas, además de hacerlo mal sacaron los pies del plato y confundieron la frontera entre el bien y el mal. Para ser tan manipulador y maniobrero como es Rubalcaba hace falta tener mejor memoria y un pelín, no mucho, de sentido del ridículo. Aunque el tiempo electoral concede licencias especiales a quienes se disputan el poder, no se deben sobrepasar los límites de la desfachatez clásica. Entre la eficacia propagandística y el esperpento apenas hay distancia. D L -Como presidente de los algecireños, pena me da pensar cuánto chapapote quedará aún en las playas gallegas, por culpa del mal gobierno central de Aznar.