Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 13 s 2 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA NOSTALGIA DEL ZP OPOSITOR C Y ESO QUE NO ESTAMOS EN CAMPAÑA... AS navajas de Albacete bellas de sangre contraria, relucen como los peces... No es en mitad del barranco, ni hay cuerpo alguno de Juan Antonio el de Montilla que ruede muerto por la pendiente. Ni es la Reyerta del Romancero gitano de García Lorca. Es el telediario de las 3, y el informativo radial (que dicen en Puerto Rico) de las 8 de la mañana, o la revista de prensa de las 23,30 con la que Ángel Expósito nos ha hecho la jangá, dejándonos huérfanos a los que esta temporada lo oíamos en Onda Cero por la sencilla razón de que el año pasado lo seguíamos en Radio Nacional, antes que a Fermín Bocos le dieran Puerta, Camino y Mondeño. Relucen las navajas de Albacete bellas de sangre contraria porque ya han empezado esas puñaladas hispanísimas a las que les tienen puesto el mote de campaña electoral. El otro día me preguntaron: ¿Cuándo empieza la campaña electoral? Contesté: -Hace muchos años que empezó. En España estamos siempre en campaña electoral. Ríete tú del caucus de Oklahoma y de las pastillas de goma. O de las primarias de Obama y de la que se ANTONIO va con Clinton a la cama. Eso es una tonBURGOS tería comparado con nuestro perenne clima electoral. Allí tienen el Supermartes, un año antes de las elecciones. Aquí les ganamos. Aquí siempre es Supermartes, y Supermiércoles, y Superjueves con los Príncipes de Asturias en la portada, y así hasta el Superdomingo, que si hay atascos en las carreteras de regreso, la culpa es de Aznar, por lo de la guerra de Irak y el precio de la gasolina. Mejor que preguntar cuándo empieza la campaña electoral es preguntar cuándo termina. El viernes 7 de marzo. Que no es fecha de cierre de campaña ni nada. Este almanaque bisiesto es una estafa. El 7 de marzo es fecha de coger un Crucifijo y salir en Vía Crucis, cantando el Perdona a tu pueblo, Señor Que falta nos va a hacer. Con la letra cambiada: Perdona a tu pueblo, Señor, que es capaz de sacar a estos tíos otra vez, y por mayoría absoluta, des- EL RECUADRO L pués de todo lo que han hecho, de cómo han puesto la economía y de cómo han dejado a España Y el 8 de marzo de este año en que la Semana Santa cae tan baja, jornada de reflexión. Que como no hay guerra de Irak ni triquitraque en Atocha, y como lo de salir pidiendo que quemen la Conferencia Episcopal en adelantada Falla de Valencia estará ya un poco pasado de moda como para hacerse una mitra de cachondeo con dos cartulinas y una grapadora para manifestarse, verán ustedes cómo lo que se aprovecha para movilizar al voto de los antisistema del pendiente en la oreja será el Día de la Mujer. Que va directamente contra el pregonado igualitarismo. Cuando se celebre el Día del Hombre habrá paridad para festejar el Día de la Mujer. Pero verán ustedes cómo la tradición democrática de usar la Jornada de Reflexión a modo del papel higiénico que anuncia el perrito simpático se celebra este año a costa de los derechos de la mujer: un bote, dos botes, tres botes, obispo el que no bote. ¿Por dónde iba? Ah, sí, por las navajas de Albacete de las puñalás traperas de la campaña en todo fragor. Si ya estamos así, ¿qué van a dejar para cuando la campaña haya empezado de verdad? Si ya están tocando a rebato para la movilización de la Quinta del Biberón de los chavales que estrenan urnas y de la Quinta del Saco de los que fueron gratis total a bailar el pasodoble en Benidorm con el Inserso, ¿qué van a dejar para cuando abran oficialmente la campaña? El problema es que van a faltar navajas y sangre contraria para ponerlas bonitas de mentiras, embustes, demagogias y falsas promesas para no hablar de la economía, por seguir en el romance lorquiano. Larra decía que siempre es Carnaval. Si volviera, diría que siempre es campaña electoral: una forma de Carnaval como otra cualquiera. Si aún no estamos en campaña y miren cómo echan humo los telediarios y cómo asistimos al tradicional concierto de la Orquesta y Coros de los Estómagos Agradecidos, y las navajas de Albacete (y de Málaga, y de Madrid, y de todas las circunscripciones) chorrean sangre de puñalás traperas, ¿qué van a dejar para cuando ya puedan pedir el voto? ¿Qué Atocha nos espera esta vez? Porque ya saben que esto es como las vacaciones de Kodak: elecciones sin Atocha son elecciones perdidas. UANDO, en las cotidianas diatribas contra el PP que forman el eje de su campaña electoral, Zapatero se pone a sí mismo de ejemplo de cómo hacer oposición responsable, muchos ciudadanos sienten una infinita nostalgia de aquel tiempo en que el líder socialista ejercía con respetuoso talante el arte del consenso. No hay comparación posible: constructivo, dialogante y sensato, ZP era mucho mejor opositor que gobernante. Por tanto, quizá lo razonable sería que volviese cuanto antes a ejercer esa función para la que parece indiscutiblemente IGNACIO bien dotado de virtudes y CAMACHO claridad de juicio. El propio presidente parece sentir cierta nostalgia de su etapa anterior cuando se declara harto de la derecha. La derecha es, que se sepa, la única oposición actualmente existente en España, por lo que cabe inferir que el jefe del Gobierno, en su infinito buenismo altruista, estaría bien dispuesto a sustituirla para demostrarle cómo se hacen las cosas. Porque la otra interpretación de sus palabras, la literal, sería un gesto totalitario democráticamente inadmisible; en una democracia normalizada resulta impensable que el líder del poder ejecutivo pretenda expulsar a la oposición del espacio político... salvo que piense intercambiarse generosamente por ella. De hecho, toda la campaña del PSOE está orientada a criticar a su adversario. El PP formula propuestas de gobierno, iniciativas más o menos discutibles pero que constituyen un proyecto de poder, y los socialistas se dedican a demolerlas con eficaces artes de propaganda propias de una oposición sin agenda. Si aterrizase en la escena política española un observador ajeno, podría inferir una conclusión equivocada sobre el papel que en la realidad ocupa cada uno. En este paradójico intercambio de roles, la derecha asume con naturalidad una función propositiva que estructura un plan de gobernancia, mientras la izquierda llama a cerrar el paso al rival como motivación esencial para merecer el respaldo ciudadano, postergando de forma notable la defensa de su propio programa. Es tal la inversión de la iniciativa que el debate sobre lo ocurrido en los últimos cuatro años se ha desplazado hacia la labor del PP del que in, cluso se cuestiona aún su gestión en legislaturas pasadas. El discurso socialista continúa anclado en su período de oposición, en el que Zapatero parece sentirse mucho más cómodo. Psicológicamente, el presidente da la impresión de añorarse a sí mismo como ariete frente a una derecha dominante, y le transfiere a Rajoy los perfiles de un liderazgo asfixiante que le provoca cansancio, empacho y fastidio. Sólo de esa manera puede explicarse en lógica democrática que quien objetivamente tiene la responsabilidad de gobernar confiese su hartazgo ante quien sólo aspira a sustituirlo. Pero no debería existir problema alguno. Si Zapatero está harto de la oposición, sólo tiene que cambiarse por ella. Lo hacía muy bien, tanto que se le echa de menos en ese destino tan sacrificado.