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90 DEPORTES www. abc. es deportes MARTES 12- -2- -2008 ABC El dueño del balón y de la pizarra El protagonismo de Guti es cada día más patente. La mejor versión del Real Madrid siempre sale cuando el 14 saca lo mejor de su repertorio. Su calidad individual y su visión de juego se adaptan a cualquier sistema y concepto futbolístico POR ENRIQUE ORTEGO MADRID. Este Real Madrid que es capaz de ganar en el Camp Nou, Mestalla, San Mamés y Vicente Calderón, y perder en Almería, lidera con suficiencia la Liga. Gana cuando juega bien, mal y regular. Derriba rivales jugando al ataque y al contraataque. Este Madrid sabe adaptarse a las circunstancias como nadie. Es camaleónico. No tiene excesivo pudor. No le importa dejarse dominar por el Valladolid en su propio estadio con una estadística de posesión de balón favorable netamente al rival, si de esa forma encadena goles en cada llegada al área enemiga hasta sumar siete. Este Real Madrid no se parece en nada futbolísticamente al de Capello, por mucho que algunos le quieran encontrar parecido. Ha heredado la confianza y la ambición con las que el italiano alicató el vestuario, mantiene ese fondo de agresividad y de eficacia que le permite ganar partidos que no tiene en sus manos, pero las formas son completamente distintas. Aún dejándose dominar por los contrarios para engatusarles mejor, cuando sale a la contra el Madrid del presente llega con cuatro y cinco hombres arriba, elabora más el juego, no es tan directo. Sus delanteros sólo están pendientes de atacar, no de correr también detrás de los defensas, y en las acciones a balón parado en contra se descuelgan arriba dos o tres hombres. Los más puristas contemplan con desgana cómo el equipo de Schuster adapta cada vez mejor a su cuerpo el traje del contragolpe y deja colgado en el armario el que parece confeccionado a su medida, por tradición y capacidad. Bien es cierto que todos los equipos grandes de la historia han destacado por su fútbol combinativo, de ataque, los más privilegiados incluso con extremos, pero tampoco conviene olvidar que, en décadas pasadas, han existido conjuntos que hicieron del contragolpe una razón de ser. El Inter de Helenio Herrera de los sesenta fue campeón de Europa con Luisito Suárez de organizador- lanzador y con Jair, Mazzola y Peiró saliendo en velocidad. También el Milán de Rocco aprovechaba al máximo tener a Rivera, otro hombre capacitado para hacer del contraataque, allí llamado contrapiede un arte futbolístico. En España, los aficionados rojiblancos más veteranos nunca podrán olvidar el equipo de Marcel Domingo en el que años más tarde se inspiró Luis Aragonés para hacer del Atlético el rey de la contra en la Liga. Más recientemente el equipo que más lo utilizó fue el Valencia, primero con Ranieri y luego con Cúper. Guti celebra uno de sus dos goles del domingo pasado, ante el Valladolid El Madrid de Schuster es camaleónico, se adapta a las situaciones y a los rivales y es capaz de ponerse tanto el traje del contragolpe como el del ataque EFE Cuando Diarra se marchó a la Copa de África, ABC aventuró que el Madrid jugaría mejor con Gago y Guti juntos. Así ha sido. Ambos hablan el mismo idioma futbolístico. Quieren el balón para jugarlo. Una de las grandes virtudes que atesora este Madrid de Schuster es que tiene un hombre en sus filas que le permite jugar al ataque en el más amplio sentido de la palabra y también al contragolpe. En ambos casos Guti es el protagonista. El dueño del balón y de la pizarra. Cuando toca atacar una defensa cerrada, nadie como Guti para desatascar con esos pases precisos. Cuando toca jugar a la contra, como el domingo, nadie como Guti para encontrar los espacios en la espalda de la defensa. Pocos futbolistas tienen su panorámica para jugar contra un frontón o contra un campo de batalla abierto, dependiendo de las características del encuentro y del enemigo. Es cierto que Guti hace partidos malos, como en Almería sin ir más lejos, que volverá a ofuscarse cuando no le salgan las cosas, que, incluso, volverá a tener alguna reacción infantil que le cueste la expulsión, pero mientras todo eso llega, se ha convertido en el hombre que mejora a su equipo con todas sus prestaciones y en todas las situaciones, porque con él sus compañeros se sienten más seguros. porque nació para ver y pensar la jugada un segundo antes que los demás. Mejor con Gago y Guti