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ABC DOMINGO 10 s 2 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 91 TOROS Iván Vicente y Daniel Luque, por la puerta grande VALDEMORILLO Plaza de toros de Valdemorillo. Tercera corrida. Tres cuartos de entrada. Toros de Antonio San Román, desiguales de presentación y juego, aunque faltos de casta en conjunto; destacaron 3 y 4 que fue el mejor. Iván Vicente, de azul cielo y oro. Pinchazo y estocada corta (saludos) En el cuarto, estocada tendida (dos orejas) Salvador Vega, de turquesa y oro. Estocada atravesada (silencio) En el quinto, media y descabello (silencio) Daniel Luque, de turquesa y oro. Estocada trasera. Aviso (dos orejas) En el sexto, pinchazo, media desprendida y dos descabellos (palmas de despedida) Iván Vicente y Luque salieron a hombros. Javier Limón (a la derecha) junto al trompetista Carlitos Sarduy, durante la grabación del disco ABC Sólo desde el conocimiento de la raíz y el respeto se puede evolucionar El productor musical Javier Limón presenta mañana en Madrid su primer trabajo como intérprete, Son de Limón en el que funde flamenco y latin- jazz JULIO BRAVO MADRID. Se podría pensar que Casa Limón, un estudio por el que han pasado artistas como Paco de Lucía, Bebo Valdés, Chucho Valdés, Eliane Elías, Concha Buika, Ana Belén, Luz Casal o Enrique Morente (entre otros) es un local de tronío, espacioso y elegante. Pero no. Casa Limón es un local situado en los bajos de una galería del barrio madrileño de Aluche, que fue peletería y al que se accede tras cruzar una desvencijada puerta metálica. Pero es que a su dueño y anfitrión, Javier Limón, lo que le interesa no es aparentar, sino acoger. Y Casa Limón se ha convertido en los últimos años en un taller donde los músicos hacen música (algo que puede sonar a perogrullada, pero que no lo es tanto hoy en día) Y el último trabajo que ha salido de Casa Limón es, precisamente, el primero en el que Javier Limón se asoma al primer plano. Productor de éxito, el músico madrileño se exhibe como autor y como intérprete en Son Limón un disco que se presentará en sociedad mañana en el Colegio de Médicos de Madrid, después de su preestreno en el Midem de Cannes. Todos los pasos en mi carrera los he dado por necesidad- -dice Limón- y ahora estoy en un permanente estado de creación. Tengo el móvil lleno de melodías, la cartera llena de apuntes... Y todo eso que compongo lo meto en el ordenador, en lo que yo llamo la hucha Y un día, cuando creo que ha llegado el momento, rompo la hucha y me regalo un disco. Y así ha salido éste Son de Limón es un trabajo con el sello de su creador, que ha hecho del jazz y del flamenco territorios conjuntos. En este disco colaboran artistas como Concha Buika (uno de sus principales descubrimientos) Chucho Valdés, Horacio El negro Potito o Paquete. Y el propio Limón toca la guitarra flamenca. Pero el instrumento es la propia banda. No es un disco de colaboraciones, sino un disco de banda, en el que yo, como director musical, me permito tocar la guitarra, y en el que alguien tiene que dar la cara... Pero es un trabajo muy colectivo, aunque nunca creí que el resultado iba a ser tan demoledor. Estos músicos son como un jumbo 747 Para Javier Limón, tanto como la calidad artística de los músicos importa su calidad humana. El buen rollo que ha habido durante las sesiones de grabación se nota en el disco. Para hacer buena música hay que pasárselo muy bien, y nosotros lo hemos pasado muy, muy bien No significa renunciar a la seriedad. Cuando vi trabajar a Carlinhos Brown en Bahía me di cuenta de que la profesionalidad y la diversión no están reñidos. Allí se vive una vida desordenada, pero cuando la música aparece hay un régimen casi militar, y los buenos músicos salen hasta de las piedras A pesar del calor humano que exige su trabajo, también recurre Limón a las tecnologías. Lo importante siempre es el resultado final. Mi manera de currar, lo que me gusta, es grabar en vivo todos a la vez, pero si tengo la posibilidad de que Horacio El Negro el mejor batería de latin- jazz que hay hoy en día en el mundo, pueda grabar su parte en Nueva York y mandármela a través de la red, no voy a renunciar a ello. A la técnica hay que dominarla, y entonces es útil. En mi caso, la mezcla final siempre es analógica, aunque la grabación sea digital; lo perfecto es un equilibrio entre química y electrónica Aunque grandes flamencos como Paco de Lucía- -su gran maestro- -le avalan, aún hay ciertas reticencias entre los puristas Los entiendo, porque sólo desde el conocimiento de la raíz y el respeto se puede evolucionar, pero hoy en día es imposible renunciar a la evolución y hay que abrirse a la música que hay en el mundo Me gusta grabar con todos los músicos juntos, pero lo importante siempre es el resultado, y la técnica puede ayudar Más información sobre el artista: http: www. javierlimon. com ROSARIO PÉREZ VALDEMORILLO. La cúpula ocultaba el cielo sin nubes de Madrid. Pero la tarde adquirió un tono azulado cuando los tres matadores hicieron el paseíllo de turquesa y celeste. Cuentan que el color azul simboliza la profundidad, y ésta apareció cuando Daniel Luque tomó el capote. Espléndidos el saludo a la verónica y el quite por el mismo palo, con una media sentida y honda, al ritmo del buen son inicial del toro. La faena aunó temple, seguridad y valor. Torero principio por bajo, seguido de dos tandas diestras ligadas, rotando como un compás. Cuando agarró la izquierda, el animal se rajó; quizá los terrenos del 4 no fueron los más idóneos. Allí, en tablas, planteó un epílogo de tintes ojedistas que caló con fuerza en el público. La estocada dio paso a las dos orejas, aunque antes el subalterno Antonio Caba se llevó una tremenda voltereta. El sevillano paseó feliz las dos orejas, mientras en los tendidos se escuchaba un runrún: Curro Cruz ha intentado saltar de espontáneo y la guardia civil lo ha sacado de la plaza Valiente a rabiar anduvo Luque en el sexto, falto de casta como casi toda la corrida de San Román. La otra faena premiada con dos trofeos surgió de la muleta de Iván Vicente, torero de clásico concepto. Ocurrió en el cuarto, un bonito burraco con transmisión. El madrileño aprovechó las embestidas por ambos pitones en series templadas, límpidas y sin venderse a la galería. También apuntó su clase frente al descastado primero. Salvador Vega, desconfiado siempre, no tuvo lote.